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El metal fue identificado en la estructura microscópica de la pirita, a más de 700 metros de profundidad y unos 360 kilómetros al sur de Tokio. El hallazgo abre nuevas opciones para explorar recursos submarinos, aunque su eventual extracción enfrenta altos costos y riesgos ambientales.
Investigadores japoneses identificaron concentraciones excepcionalmente altas de oro dentro de depósitos de pirita ubicados en una caldera volcánica submarina del océano Pacífico. Las muestras fueron obtenidas en el campo hidrotermal de Higashi-Aogashima, aproximadamente 360 kilómetros al sur de Tokio, dentro de la zona económica exclusiva de Japón.
El resultado no significa que exista una mina comercial lista para operar ni que se haya calculado una reserva total de oro. El récord corresponde a la concentración del metal encontrada en puntos microscópicos de la pirita, mineral conocido popularmente como “oro de los tontos” por su color y brillo metálico.
En algunas zonas analizadas, la presencia de oro alcanzó hasta un 1,9% en peso, equivalente a cerca de 19.200 partes por millón. Se trata de una cifra extraordinaria a escala microscópica, muy superior a las concentraciones habituales detectadas en depósitos hidrotermales submarinos.
Oro oculto dentro de la pirita
A diferencia del oro visible presente en vetas, pepitas o pequeños granos, parte del metal encontrado en Higashi-Aogashima se encuentra integrado directamente en la estructura cristalina de la pirita.
Este tipo de material es conocido como “oro invisible”, porque no puede distinguirse a simple vista ni mediante un microscopio convencional. Puede aparecer como nanopartículas diminutas o como átomos individuales incorporados dentro del mineral.
Para detectar estas concentraciones, el equipo utilizó espectrometría de masas de iones secundarios, una técnica capaz de examinar cantidades extremadamente pequeñas de elementos químicos. El procedimiento permite perforar áreas microscópicas de las muestras y determinar qué elementos están presentes dentro de cada mineral.
Los resultados mostraron que la concentración del oro cambia según el tipo de pirita, el sector de la caldera y las condiciones en que se formó el depósito.
La pirita de estructura coloforme, generada cuando fluidos hidrotermales muy calientes entran rápidamente en contacto con el agua fría del océano, presentó los mayores niveles. También se encontraron concentraciones relevantes en estructuras framboidales y en cristales formados de manera parcial o completa.
Una caldera activa al sur de Tokio
El campo hidrotermal se encuentra dentro de la caldera de Higashi-Aogashima, una depresión volcánica submarina ubicada al este de la isla japonesa de Aogashima, en el arco de islas Izu-Ogasawara.
Las muestras fueron recolectadas mediante vehículos submarinos robotizados que descendieron a más de 700 metros bajo el nivel del mar. En el fondo existen chimeneas hidrotermales y montículos de sulfuros formados por la salida continua de fluidos calientes cargados de minerales.
Cuando estos fluidos emergen desde el subsuelo y se mezclan con el agua marina, los metales se enfrían y precipitan. Con el paso del tiempo, este proceso crea estructuras ricas en pirita, calcopirita, esfalerita, galena y otros minerales que pueden contener oro, plata, cobre, zinc y plomo.
La zona ya era considerada de alto interés geológico. Investigaciones iniciadas en 2015 habían encontrado concentraciones de oro de hasta 275 partes por millón en muestras generales de roca, con un promedio cercano a 102 partes por millón.
La nueva investigación profundizó ese análisis y encontró que ciertos sectores microscópicos dentro de la pirita podían concentrar cantidades mucho mayores.
Por qué el hallazgo no equivale todavía a una mina
La concentración máxima de 1,9% no puede extrapolarse automáticamente a toda la caldera. Corresponde a mediciones realizadas en puntos específicos de determinados granos de pirita.
Para declarar una reserva económicamente explotable sería necesario conocer, entre otros antecedentes, el volumen total del depósito, su continuidad, la concentración promedio del mineral, los costos de extracción, el rendimiento del procesamiento y las pérdidas metalúrgicas.
También sería necesario evaluar si existe una tecnología capaz de separar el oro invisible de manera eficiente y rentable. Al estar incorporado dentro de la estructura de la pirita, su recuperación puede requerir procesos más complejos que los utilizados para tratar oro visible.
Hasta ahora no existe una mina comercial de oro operando de manera permanente en el fondo oceánico. Los proyectos de minería submarina han enfrentado dificultades técnicas, problemas de financiamiento, oposición ciudadana y cuestionamientos sobre los daños que podrían provocar en los ecosistemas marinos.
El interés estratégico para Japón
Japón depende ampliamente de la importación de materias primas minerales para abastecer a su industria. Por esta razón, el país lleva años investigando depósitos submarinos dentro de su extensa zona económica exclusiva.
Sus aguas contienen distintos tipos de recursos, entre ellos sulfuros hidrotermales, costras ricas en cobalto, nódulos de manganeso y sedimentos con tierras raras. Estos materiales son relevantes para sectores como la electrónica, la electromovilidad, las energías renovables, la defensa y la fabricación de equipos industriales.
El oro, además de su uso en joyería y como activo financiero, es empleado en componentes electrónicos, conexiones eléctricas, equipos médicos y sistemas de alta precisión debido a su conductividad y resistencia a la corrosión.
El nuevo estudio entrega indicadores que podrían ayudar a localizar depósitos con mayores concentraciones. La textura de la pirita y su relación con elementos como arsénico, cobre y plomo podrían funcionar como señales para futuras campañas de exploración.
Los investigadores observaron que la presencia de estos elementos altera la estructura cristalina de la pirita y genera espacios donde los átomos de oro pueden quedar atrapados.
El debate ambiental sobre la minería submarina
El potencial económico del hallazgo está acompañado por una discusión ambiental todavía no resuelta.
Las fuentes hidrotermales activas pueden albergar comunidades biológicas altamente especializadas, adaptadas a condiciones de oscuridad, alta presión, elevadas temperaturas y sustancias químicas que resultarían tóxicas para otras formas de vida.
La remoción de chimeneas y sedimentos podría destruir hábitats, generar nubes de partículas, liberar metales acumulados y afectar organismos cuya distribución y capacidad de recuperación aún no se conocen completamente.
En Higashi-Aogashima tampoco existe todavía un inventario definitivo de toda la biodiversidad asociada a sus campos hidrotermales. Esta falta de información limita la posibilidad de medir con precisión el impacto de una eventual intervención industrial.
La exploración científica puede continuar sin que necesariamente avance una explotación comercial. Cualquier proyecto minero requeriría estudios ambientales, pruebas tecnológicas, evaluación económica y autorizaciones regulatorias.
Una señal relevante para países mineros como Chile
El descubrimiento también tiene interés para Chile, aunque no implique un efecto inmediato sobre la producción o el precio internacional del oro.
Chile posee una extensa costa, experiencia minera, capacidades oceanográficas y una economía fuertemente vinculada a los recursos minerales. El avance de tecnologías para detectar metales en estructuras microscópicas podría mejorar la exploración de depósitos tanto submarinos como terrestres.
El estudio demuestra que algunos recursos pueden pasar inadvertidos cuando los análisis se concentran únicamente en partículas visibles o en mediciones promedio de grandes muestras.
Sin embargo, también refuerza una advertencia: encontrar una alta concentración de metal no es lo mismo que descubrir una reserva económicamente explotable. La profundidad, la tecnología disponible, los costos, la regulación y los impactos ambientales determinarán si el oro de Higashi-Aogashima permanece como un hallazgo científico o se transforma, en el futuro, en un proyecto minero.






