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Las mayores operaciones de BHP en Chile

BHP refuerza su liderazgo en la minería chilena con Escondida y Spence, dos operaciones clave en Antofagasta que combinan innovación y sostenibilidad en la producción de cobre.

Las mayores operaciones de BHP en Chile
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Escondida y Spence concentran la producción de cobre de BHP en el país. Dos faenas ubicadas en la Región de Antofagasta que combinan minería a gran escala, agua desalada, automatización y nuevas inversiones para extender su futuro productivo.

Una sola mina chilena produjo durante el último ejercicio de BHP más de 1,26 millones de toneladas de cobre. Se trata de Escondida, una operación tan grande que por sí sola representó cerca de dos tercios de todo el cobre reportado por el grupo durante el año financiero terminado en junio de 2026. A poco más de 150 kilómetros de distancia se encuentra Spence, considerablemente menor en producción, pero convertida en uno de los laboratorios tecnológicos más interesantes de la minería chilena.

Ambas operaciones están en la Región de Antofagasta y forman el núcleo del negocio de cobre de BHP en Chile. Sin embargo, son minas muy distintas: Escondida es un gigantesco distrito cuprífero con tres concentradoras y dos rajos abiertos, mientras Spence combina producción de concentrados y cátodos y ha avanzado hacia una mina con transporte completamente autónomo.

Existe además un tercer nombre dentro del portafolio chileno de BHP: Cerro Colorado, en Tarapacá. La operación permanece detenida desde 2023, aunque durante 2026 avanzó una iniciativa que busca evaluar su eventual reapertura.

Escondida: el gigante que domina el portafolio chileno

Ubicada aproximadamente 170 kilómetros al sureste de Antofagasta y a unos 3.100 metros sobre el nivel del mar, Escondida es un yacimiento de tipo pórfido cuprífero, la clase de depósito geológico responsable de buena parte de los grandes recursos de cobre de la Cordillera de los Andes.

Su nombre describe bastante bien cómo fue encontrada. La mineralización principal no afloraba directamente en superficie, sino que permanecía cubierta por cientos de metros de material. El descubrimiento ocurrió en 1981 y la producción comenzó a comienzos de la década siguiente.

Actualmente BHP opera la mina y posee 57,5% de Minera Escondida. Rio Tinto controla un 30% y el restante 12,5% pertenece a intereses japoneses agrupados en JECO.

La escala industrial es difícil de comparar con una mina convencional. Escondida posee dos grandes rajos abiertos, Escondida y Escondida Norte, tres plantas concentradoras y dos operaciones de lixiviación. El mineral sulfurado de mayor interés puede pasar por chancado, molienda y flotación para producir concentrado, mientras otras fracciones del mineral son procesadas mediante circuitos de lixiviación destinados a recuperar cobre en forma de cátodos.

Durante el ejercicio financiero 2026, cerrado el 30 de junio, Escondida produjo 1,261 millones de toneladas de cobre sobre una base del 100% de la operación. La cifra disminuyó alrededor de 3% respecto del período anterior debido principalmente a una menor ley del mineral alimentado a las concentradoras, que promedió aproximadamente 0,90%.

Eso significa, de manera simplificada, que cada tonelada de mineral procesado contenía en promedio cerca de nueve kilos de cobre antes de considerar las pérdidas inevitables del proceso metalúrgico.

Aun con esa disminución de ley, la faena alcanzó récords de movimiento de material y procesamiento en sus concentradoras, además de mejorar recuperaciones. Es justamente uno de los grandes desafíos de la minería moderna: mantener enormes volúmenes de producción mientras las leyes de los minerales cambian y aumenta la cantidad de roca que debe moverse y procesarse.

Una mina donde los camiones ya pueden trabajar sin conductor

La escala física de Escondida también la ha convertido en terreno para automatización minera. Escondida Norte opera con 33 camiones autónomos y 11 perforadoras autónomas, capaces de ejecutar parte de las tareas de extracción sin que un operador permanezca conduciendo cada equipo dentro del rajo.

La zona autónoma mueve más de 350.000 toneladas de material diariamente y aporta alrededor de 30% de la producción de Escondida. No significa que la mina funcione sin trabajadores: detrás del sistema existen centros de operación, planificación, mantenimiento, telecomunicaciones, especialistas en software y personal responsable de controlar las interacciones entre máquinas y personas.

La automatización busca, entre otras cosas, reducir la exposición humana a zonas de riesgo y conseguir ciclos de transporte más predecibles. En una mina donde una fracción de tiempo perdida puede multiplicarse por decenas de camiones y millones de toneladas al año, pequeñas mejoras operacionales pueden terminar teniendo consecuencias importantes.

Otro desafío fundamental es el agua. Escondida funciona en pleno Desierto de Atacama, uno de los ambientes más áridos del planeta, pero sus concentradoras necesitan grandes volúmenes para separar los minerales valiosos de la roca.

La respuesta ha sido desarrollar infraestructura de desalinización y bombeo desde la costa. La operación utiliza agua desalada para sus procesos, transportándola desde el nivel del mar hasta instalaciones mineras ubicadas a más de tres kilómetros de altitud. Es una infraestructura que muestra una realidad poco visible de la gran minería: extraer cobre no depende solamente del rajo, sino también de plantas, tuberías, estaciones de bombeo, sistemas eléctricos, caminos y puertos.

El próximo gran capítulo de Escondida ya se está preparando

El tamaño actual de Escondida no significa que su infraestructura pueda permanecer sin cambios durante décadas. Parte de sus plantas envejece y, al mismo tiempo, la geometría del yacimiento obliga a modificar continuamente la manera en que se accede al mineral.

Uno de los proyectos centrales es una nueva concentradora, actualmente en proceso de desarrollo y evaluación. La iniciativa considera una inversión estimada entre US$4.400 millones y US$5.900 millones y busca reemplazar la capacidad de la histórica planta Los Colorados.

La instalación podría aportar capacidad equivalente a producir entre 220.000 y 260.000 toneladas anuales de cobre y permitiría mantener una capacidad total de procesamiento en Escondida del orden de 460.000 toneladas de mineral por día. La posible primera producción se sitúa entre 2031 y 2032, siempre condicionada a las aprobaciones, estudios y decisiones de inversión correspondientes.

En agosto de 2026, BHP aprobó además US$500 millones en financiamiento previo para avanzar trabajos vinculados a esta nueva concentradora antes de una futura decisión final de inversión.

La importancia estratégica es evidente. Escondida posee una enorme base de recursos minerales y la discusión ya no gira solamente en torno a cuánto cobre existe bajo tierra, sino a qué infraestructura será necesaria para seguir procesándolo competitivamente durante las próximas décadas.

Spence: una operación más pequeña convertida en mina tecnológica

A unos 162 kilómetros al noreste de Antofagasta, cerca de Sierra Gorda, se encuentra la segunda gran operación activa de BHP en Chile. Spence comenzó a producir cobre a fines de 2006 y pertenece en un 100% a BHP.

Su historia operacional ha cambiado profundamente. Originalmente estuvo enfocada principalmente en producir cátodos mediante lixiviación, extracción por solventes y electroobtención. Posteriormente, el proyecto Spence Growth Option agregó una gran concentradora para explotar recursos sulfurados más profundos.

La nueva planta, diseñada originalmente para procesar alrededor de 95.000 toneladas de mineral por día, permitió transformar la perspectiva de largo plazo de la faena y extender significativamente su horizonte operacional.

Durante FY2026, Spence produjo aproximadamente 212.600 toneladas de cobre, una caída de 21% frente al ejercicio anterior. El problema ilustra perfectamente lo que ocurre cuando una mina envejece geológicamente: a medida que avanza hacia sectores más profundos aparecen minerales hipógenos —mineralización primaria formada a profundidad— con características diferentes a las zonas superiores.

Procesar esa roca puede exigir cambios en molienda, flotación, lixiviación, recuperación y mezcla de minerales. No basta con extraer más toneladas; cada mineral responde de manera distinta dentro de una planta.

33 camiones autónomos moviendo mineral en Sierra Gorda

Spence también destaca por otra característica. Desde 2024, su operación mina alcanzó 100% de autonomía en su flota de transporte, formada por 33 camiones de extracción, acompañados por cinco perforadoras autónomas.

Los equipos reciben rutas y tareas mediante sistemas digitales que coordinan movimientos dentro de la mina. Sensores, comunicaciones, posicionamiento y sistemas de gestión permiten definir dónde debe cargar un camión, qué ruta debe seguir y en qué punto descargar.

La automatización no elimina la necesidad de personas, pero cambia radicalmente algunos trabajos. Parte de la operación pasa desde la cabina de un enorme equipo hacia salas de control y funciones relacionadas con datos, mantenimiento, planificación y supervisión tecnológica.

Spence también utiliza agua de mar desalada para sus procesos y su concentradora es abastecida mediante infraestructura proveniente desde la costa de Mejillones. Su suministro eléctrico se apoya en contratos asociados a fuentes renovables, otra transformación que ha acompañado a las grandes operaciones del norte chileno.

Nuevas tecnologías para recuperar cobre de minerales más complejos

El desafío de Spence ahora está en sacar mayor rendimiento de una mineralogía cada vez más compleja. Durante junio de 2026 se aprobaron dos iniciativas destinadas precisamente a enfrentar esa transición.

Una contempla modificaciones al circuito de flotación de la concentradora para aumentar el tiempo disponible para que las partículas minerales sean recuperadas. La otra incorpora SaL2, una tecnología de lixiviación de sulfuros desarrollada por BHP, con el objetivo de tratar minerales hipógenos y utilizar capacidad disponible en las instalaciones de producción de cátodos.

Estas inversiones muestran cómo puede cambiar una mina durante su vida. Una planta diseñada para cierto mineral puede requerir modificaciones años después porque la explotación alcanzó otra zona del yacimiento. La geología termina determinando qué equipos, reactivos y tecnologías necesita la operación.

¿Y qué pasó con Cerro Colorado?

Durante décadas, el mapa de BHP en Chile también incluyó Cerro Colorado, ubicado en la Región de Tarapacá. La faena detuvo completamente sus operaciones durante diciembre de 2023 y pasó a una condición de cuidado y mantenimiento temporal.

Por eso actualmente no corresponde situarla al mismo nivel productivo que Escondida y Spence.

Sin embargo, su historia podría no haber terminado. Durante junio de 2026 se presentó una evaluación ambiental para un posible reinicio de las operaciones, mediante un proyecto que plantea extender la vida de la mina por otros 20 años, actualizar infraestructura y utilizar tecnología de lixiviación con cloruros para producir cátodos.

La eventual reapertura todavía depende del proceso ambiental y de futuras decisiones de desarrollo, por lo que no puede considerarse producción asegurada.

Chile en el centro de la estrategia mundial de cobre de BHP

Escondida y Spence explican por qué Chile ocupa un lugar difícil de reemplazar dentro del portafolio internacional de BHP. En un solo territorio se combinan enormes sistemas de pórfidos cupríferos, décadas de infraestructura minera, conocimiento técnico, puertos, plantas desalinizadoras y una industria de proveedores desarrollada alrededor del cobre.

Pero mantener esa posición exige inversiones crecientes. Las minas deben mover mayores cantidades de material, adaptarse a variaciones de ley y mineralogía, reducir exposición de trabajadores, asegurar agua en uno de los desiertos más secos del planeta y modernizar instalaciones construidas décadas atrás.

Escondida representa la escala extraordinaria del cobre chileno. Spence muestra cómo automatización y nuevas tecnologías metalúrgicas pueden modificar una operación existente. Y Cerro Colorado recuerda que incluso una mina detenida puede volver a entrar en la discusión cuando geología, tecnología y economía permiten evaluar una segunda etapa.

Para BHP, el futuro del cobre no es una discusión distante. Una parte fundamental de ese futuro ya se está diseñando en el norte de Chile.