
A cientos de metros bajo la Cordillera de los Andes y el Desierto de Atacama existe otro Chile: una red de túneles, rampas, piques y galerías construida para alcanzar cuerpos de cobre que ya no pueden explotarse desde la superficie. En algunos proyectos, la ingeniería minera chilena se prepara para trabajar a más de dos kilómetros bajo el terreno.
Bajar a una mina subterránea chilena puede significar internarse tanto bajo la roca que la superficie deja de ser una referencia práctica. En Chuquicamata, por ejemplo, el diseño de largo plazo contempla niveles ubicados a más de dos kilómetros desde la superficie, mientras que El Teniente ha desarrollado durante más de un siglo una gigantesca ciudad industrial bajo la cordillera.
Pero determinar cuál es exactamente "la mina más profunda de Chile" no es tan sencillo como ordenar una lista de números. Las operaciones utilizan diferentes referencias: algunas miden la profundidad desde la superficie, otras desde el fondo de un rajo existente y muchas trabajan mediante cotas, es decir, la altura de determinado nivel respecto del nivel del mar.
Lo que sí está claro es que Chile posee varias operaciones donde la minería ha tenido que avanzar cientos de metros hacia el interior de la Tierra para continuar siguiendo sus yacimientos de cobre.
Chuquicamata: del enorme rajo a más de dos kilómetros bajo la superficie
Durante más de un siglo, Chuquicamata fue conocida principalmente por su gigantesco rajo abierto cerca de Calama. La continuidad del yacimiento, sin embargo, estaba debajo de aquella excavación.
La respuesta fue Chuquicamata Subterránea, que comenzó su producción en 2019 y transformó completamente la forma de explotar uno de los depósitos de cobre más conocidos del planeta.
El diseño de la mina considera tres niveles de profundidad. Cuando alcance el tercero, las labores estarán aproximadamente 898 metros por debajo del fondo del antiguo rajo y a más de dos kilómetros desde la superficie.
La magnitud se entiende mejor observando algunas de las obras construidas para entrar y mantener operativa la mina. Uno de sus túneles principales de acceso tiene unos 7,5 kilómetros de longitud y desciende mediante una pendiente cercana al 9%. Durante su construcción, una de sus conexiones se realizó a unos 1.070 metros de profundidad.
También fue necesario perforar un enorme pique vertical destinado a la ventilación. La estructura alcanza 918 metros de profundidad y 11 metros de diámetro, una distancia vertical cercana a tres veces la altura de la Gran Torre Santiago.
Estas excavaciones no existen simplemente para llegar al mineral. Una mina profunda necesita mover personas, equipos, aire, agua, electricidad, comunicaciones y eventualmente millones de toneladas de roca a través de una infraestructura que funciona prácticamente como una instalación industrial enterrada.
En lugar de utilizar los enormes camiones que dominaban el rajo, Chuquicamata Subterránea fue diseñada alrededor de sistemas de chancado, correas transportadoras, equipos LHD y operaciones parcialmente automatizadas y telecomandadas.
El Teniente: una gigantesca red construida dentro de la cordillera
Si existe una operación que representa la minería subterránea chilena, es El Teniente, en la Región de O'Higgins.
El yacimiento comenzó a explotarse a comienzos del siglo XX y actualmente es reconocido como la mayor mina subterránea de cobre del mundo. Su infraestructura acumulada supera los 4.500 kilómetros de galerías, una distancia comparable a recorrer Chile continental de norte a sur y continuar avanzando.
La profundidad, sin embargo, cuenta solamente una parte de la historia.
El depósito mineralizado posee una extensión vertical enorme y la explotación ha ido descendiendo progresivamente para acceder a nuevos sectores. Durante décadas se han desarrollado distintos niveles productivos dentro de la montaña, mientras los proyectos estructurales de la división buscan continuar la operación hacia zonas todavía más profundas.
Entre ellos aparecen sectores como Andes Norte, Andesita y Diamante, desarrollados dentro de la estrategia de continuidad de la mina. Los planes de profundización de El Teniente han considerado niveles en torno a la cota 1.880 metros sobre el nivel del mar, por debajo de áreas históricamente explotadas.
La diferencia entre cota y profundidad es importante. El Teniente se encuentra dentro de una cordillera cuya superficie cambia constantemente de elevación, por lo que estar a 1.880 metros sobre el nivel del mar no significa estar a 1.880 metros bajo tierra.
En determinadas áreas, sin embargo, existen enormes espesores de roca sobre las labores mineras. Antecedentes técnicos históricos del yacimiento describen un cuerpo mineralizado que se extiende verticalmente por alrededor de 1.500 metros.
Esa profundidad genera uno de los mayores desafíos de la minería moderna: la presión ejercida por millones de toneladas de roca.
Qué ocurre cuando una mina comienza a bajar
Excavar más profundo no significa simplemente construir un túnel más largo.
A medida que aumenta la cobertura de roca, también aumentan los esfuerzos que actúan sobre el macizo rocoso. Las excavaciones modifican el equilibrio natural que existió durante millones de años y la roca puede deformarse, fracturarse o liberar energía.
Por eso la geomecánica se vuelve fundamental. Esta disciplina estudia cómo responde la roca frente a las excavaciones y permite diseñar fortificaciones, secuencias de extracción y sistemas de monitoreo.
También cambia la ventilación. Equipos diésel, tronaduras, polvo y calor generan condiciones que obligan a renovar enormes volúmenes de aire constantemente. Para lograrlo se construyen chimeneas, túneles y piques capaces de conectar sectores profundos con sistemas de ventilación.
A eso se suma una dificultad menos visible: la distancia.
Un trabajador, una pieza de repuesto o un equipo de emergencia pueden encontrarse a kilómetros del portal más cercano. El diseño de accesos, refugios, comunicaciones, rutas de evacuación y sistemas de transporte pasa entonces a ser tan importante como la extracción de mineral.
Atacama Kozan: hasta 600 metros bajo el desierto
La gran minería estatal no concentra todos los ejemplos de profundidad existentes en Chile.
En Tierra Amarilla, cerca de Copiapó, Atacama Kozan explota un depósito subterráneo de cobre mediante el método conocido como sublevel stoping. Su explotación se desarrolla aproximadamente entre 380 y 600 metros de profundidad.
El método consiste, simplificadamente, en dividir el cuerpo mineralizado en sectores verticales o inclinados y perforarlos desde distintos niveles. Después de las tronaduras, el mineral fragmentado cae hacia puntos inferiores donde puede ser cargado y transportado.
Una característica interesante de esta operación es que parte del procesamiento comienza bajo tierra. El chancado primario se encuentra dentro de la mina y posteriormente el mineral triturado es transportado hacia superficie mediante correas.
Aunque sus profundidades son menores que las dimensiones proyectadas para los gigantes de Codelco, 600 metros siguen representando una extraordinaria obra de ingeniería: equivalen aproximadamente a colocar dos Gran Torre Santiago una sobre otra y continuar descendiendo.
Candelaria y las minas que crecen bajo Atacama
La Región de Atacama contiene otro importante sistema de explotaciones subterráneas.
El Complejo Minero Candelaria combina minería a cielo abierto con explotación subterránea. Actualmente mantiene operaciones bajo tierra en Candelaria y en la mina Santos, perteneciente a Ojos del Salado.
En estos depósitos se utiliza principalmente explotación por subniveles, una tecnología diferente al hundimiento masivo utilizado en gigantes como El Teniente o Chuquicamata.
La geología explica buena parte de esa diferencia. No todos los yacimientos poseen la misma forma, orientación, competencia de roca o distribución de mineral, por lo que construir una mina subterránea requiere adaptar completamente el método de explotación a las características del depósito.
Chile posee así desde enormes sistemas de hundimiento capaces de movilizar grandes volúmenes de roca hasta operaciones donde se extraen cuerpos mineralizados mediante caserones mucho más definidos.
Un túnel profundo no necesariamente significa que exista una mina
Uno de los mejores ejemplos para entender esta diferencia se encuentra bajo la cordillera de la Región Metropolitana.
Entre 2008 y 2011 se construyó cerca de Los Bronces un túnel de exploración de 7,9 kilómetros de longitud. En determinados sectores se encuentra a más de 1.000 metros bajo la superficie.
Eso no lo convierte automáticamente en una mina productiva.
La infraestructura fue construida para estudiar el potencial geológico existente en profundidad. Esta distinción es fundamental: encontrar mineralización mediante sondajes o túneles de exploración no significa que exista una reserva económicamente explotable ni que una mina esté operando.
El caso demuestra, sin embargo, hasta dónde puede llegar actualmente la exploración minera chilena para investigar los grandes sistemas de cobre escondidos bajo los Andes.
El futuro del cobre chileno también está hacia abajo
Durante buena parte del siglo XX, algunas de las mayores operaciones chilenas pudieron crecer ampliando sus rajos. Pero existe un límite físico y económico.
Mientras más profundo se vuelve un rajo, mayor cantidad de roca estéril debe removerse para alcanzar cada nueva tonelada de mineral. Sus paredes también necesitan extenderse hacia afuera para conservar pendientes geotécnicamente seguras, multiplicando las dimensiones de la excavación.
Llega un momento en que seguir bajando desde superficie puede dejar de ser la alternativa más conveniente.
Chuquicamata representa probablemente el ejemplo chileno más espectacular de esa transición: una mina conocida mundialmente por su enorme rajo comenzó a transformarse en una operación subterránea destinada a perseguir el mismo yacimiento hacia profundidad.
El Teniente muestra el otro extremo de esa historia. Allí, generaciones completas de ingenieros y trabajadores han construido nuevos niveles bajo sectores anteriores durante más de un siglo.
Y ese desafío probablemente será cada vez más relevante. Muchos de los grandes depósitos de cobre chilenos no terminan donde acaba una mina actual: su mineralización puede continuar en profundidad, aunque convertir ese potencial geológico en reservas explotables depende de leyes minerales, costos, tecnología, seguridad y condiciones económicas.
La minería chilena del futuro, por lo tanto, no necesariamente será visible desde un mirador.
Una parte creciente de su ingeniería podría desarrollarse cientos o incluso miles de metros bajo los Andes y el desierto, allí donde continuar produciendo cobre ya no dependerá de excavar una mina más ancha, sino de aprender a construirla cada vez más profundo.






