Revisa el tiempo en las faenas mineras de Chile
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Cuánta electricidad necesita una gran mina de cobre para funcionar las 24 horas y a qué equivale en términos prácticos

Las grandes minas de cobre en Chile requieren cientos de megawatts de electricidad para operar continuamente, equivalente al consumo anual de más de 800.000 hogares.

Cuánta electricidad necesita una gran mina de cobre para funcionar las 24 horas y a qué equivale en términos prácticos
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Una gran faena de cobre puede demandar cientos de megawatts de manera prácticamente continua. Una operación que consumiera 200 MW durante todo el año utilizaría tanta electricidad como alrededor de 800.000 hogares chilenos promedio.

Cuando un camión de extracción comienza a moverse dentro de una mina, resulta fácil imaginar el combustible necesario para desplazar una máquina de cientos de toneladas. Mucho menos visible es la electricidad que simultáneamente mantiene funcionando molinos, chancadores, bombas, correas, ventiladores, plantas de flotación, talleres, campamentos y sistemas de control.

En una gran mina de cobre moderna, esa demanda puede alcanzar cientos de megawatts. No se trata de un consumo ocasional durante algunas horas: muchos de los procesos fundamentales funcionan día y noche, durante prácticamente todo el año.

Para ponerlo en perspectiva, una faena que mantuviera una demanda promedio de 200 MW consumiría aproximadamente 4,8 GWh de electricidad cada día. En un año serían alrededor de 1,75 TWh, una cantidad comparable al consumo anual de más de 800.000 hogares chilenos, tomando como referencia un consumo residencial cercano a 180 kWh mensuales.

Y algunas grandes operaciones pueden alcanzar demandas incluso superiores.

Una mina puede consumir electricidad como una enorme ciudad

La diferencia entre MW y MWh resulta fundamental para entender estas cifras.

Los megawatts representan potencia: indican cuánta electricidad está demandando una instalación en un determinado momento. Los megawatt-hora representan energía: muestran cuánto se consumió durante un período.

Si una mina demanda continuamente 200 MW durante una hora, habrá utilizado 200 MWh.

Si mantiene ese consumo durante 24 horas, habrá utilizado:

200 MW × 24 horas = 4.800 MWh.

Eso equivale a 4,8 GWh diarios.

Manteniendo esa demanda durante todo un año, el consumo llegaría aproximadamente a 1.752 GWh.

La comparación residencial permite comprender la escala. Un hogar que utiliza 180 kWh mensuales consume aproximadamente 2.160 kWh al año. Dividiendo ambos valores, una demanda minera constante de 200 MW equivaldría energéticamente al consumo anual de unos 811.000 hogares.

No significa que todas las minas consuman exactamente esa cantidad. Algunas requieren mucho menos y otras pueden superar ampliamente ese nivel dependiendo de su tamaño, proceso, profundidad, disponibilidad de agua y capacidad de tratamiento.

Pero permite visualizar el orden de magnitud.

Hay proyectos donde la demanda supera los 300 MW

Las grandes concentradoras muestran hasta dónde puede llegar esta escala.

Durante el diseño de Quebrada Blanca Fase 2, en la Región de Tarapacá, se estimó una demanda total cercana a 322 MW considerando la concentradora, sistemas de impulsión de agua, instalaciones portuarias, manejo de relaves y otras áreas del proyecto.

El consumo anual proyectado bordeaba los 2.000 GWh.

Utilizando nuevamente como referencia un hogar chileno de 180 kWh mensuales, esa cantidad de energía sería equivalente al consumo anual de aproximadamente 920.000 viviendas.

Lo importante no es afirmar que cada faena utiliza exactamente esa cifra, porque el consumo real cambia durante la operación. La comparación permite entender que una gran mina no se comporta eléctricamente como una fábrica convencional.

Puede aproximarse más al consumo de una gran concentración urbana.

El verdadero gigante eléctrico está dentro de la concentradora

¿Dónde se utiliza toda esa electricidad?

Principalmente en reducir el tamaño de la roca.

Durante 2024, aproximadamente 56% de toda la electricidad utilizada por la minería chilena del cobre estuvo asociada a las plantas concentradoras.

El proceso comienza después de la extracción.

Los camiones llevan enormes cantidades de roca hasta los sistemas de chancado, donde el material comienza a reducirse de tamaño. Posteriormente entra en circuitos de molienda donde gigantescos molinos continúan fragmentándolo hasta obtener partículas suficientemente pequeñas para liberar los minerales que contienen cobre.

Hacer eso requiere cantidades enormes de energía.

Un molino industrial debe mantener permanentemente en movimiento grandes masas de mineral, agua y medios de molienda. Algunos de los motores utilizados en estas instalaciones tienen potencias que individualmente pueden alcanzar decenas de megawatts.

Y una concentradora puede tener varios equipos trabajando simultáneamente.

Moler roca consume mucho más de lo que parece

Existe una razón física.

Romper una roca grande es relativamente sencillo. Continuar reduciendo cada fragmento hasta obtener partículas muy pequeñas requiere progresivamente más energía.

Además, a medida que algunos yacimientos envejecen, puede disminuir la ley de cobre del mineral.

Una ley menor significa que para producir la misma tonelada de cobre fino puede ser necesario extraer, mover y procesar más roca.

Supongamos de manera simplificada que anteriormente era necesario procesar cierta cantidad de mineral para obtener una tonelada de cobre. Si la concentración del metal disminuye, la planta puede necesitar tratar un volumen mayor para producir esa misma tonelada.

Más roca significa más chancado.

Más molienda.

Más bombeo.

Y, finalmente, más electricidad.

Por eso el consumo energético puede aumentar incluso sin que la producción de cobre crezca en la misma proporción.

El agua de mar se está convirtiendo en otro gran consumidor

En Chile existe además una particularidad que está aumentando la demanda eléctrica de la minería: el agua de mar.

Las grandes operaciones del norte están reduciendo progresivamente su dependencia de fuentes continentales y utilizando agua desalinizada o directamente agua de mar en determinados procesos.

Pero existe un problema evidente.

El océano se encuentra a nivel del mar.

Las minas pueden encontrarse a 2.000, 3.000 o incluso más de 4.000 metros de altura.

Llevar esa agua hasta la Cordillera requiere enormes estaciones de bombeo.

En 2024, la desalación y especialmente la impulsión de agua de mar representaron aproximadamente 11% del consumo eléctrico de la minería chilena del cobre.

Esto significa que una fracción significativa de la electricidad utilizada por el sector ya no está destinada directamente a romper o procesar roca.

Está siendo utilizada para mover agua cuesta arriba.

Bombear agua hasta una mina equivale a levantarla kilómetros

Imagine un metro cúbico de agua.

Pesa aproximadamente una tonelada.

Ahora imagine levantar continuamente miles de metros cúbicos desde la costa hasta una mina ubicada tres kilómetros verticalmente más arriba.

La cantidad de energía involucrada comienza a ser gigantesca.

Además, el agua debe recorrer tuberías que pueden extenderse decenas o cientos de kilómetros. Durante ese viaje existen pérdidas por fricción que también deben ser compensadas mediante bombeo.

Por esta razón, los sistemas de impulsión pueden incorporar varias estaciones distribuidas a lo largo del recorrido.

Cada una utiliza grandes motores eléctricos.

En algunas operaciones futuras, producir el cobre podría requerir proporcionalmente menos energía para determinadas etapas mineras mientras aumenta el consumo asociado simplemente a garantizar el suministro de agua.

Toda la minería chilena consume una cantidad extraordinaria de electricidad

La escala se vuelve todavía más evidente cuando se observa el sector completo.

Durante 2024, la minería chilena del cobre utilizó aproximadamente 102.000 terajoules de electricidad, equivalentes a cerca de 28,4 TWh.

Es una cantidad cercana a un tercio del consumo eléctrico nacional.

Eso significa que aproximadamente uno de cada tres megawatt-hora consumidos en Chile puede relacionarse, en términos de orden de magnitud, con la industria del cobre.

La cifra incluye grandes y medianas operaciones, además de fundiciones y refinerías consideradas dentro de las estadísticas sectoriales, por lo que no representa únicamente las minas.

Aun así, demuestra algo fundamental: la minería del cobre no es solamente una industria extractiva.

También es una de las mayores industrias eléctricas del país desde el punto de vista del consumo.

Una faena de 200 MW necesita una central completa detrás

Otra forma de visualizarlo consiste en imaginar la generación necesaria.

Si una mina demanda 200 MW continuamente, necesita que en algún lugar del sistema eléctrico exista capacidad generando esos 200 MW en cada instante.

Una planta solar de 200 MW nominales no podría abastecerla permanentemente por sí sola, porque durante la noche dejaría de producir y durante distintas horas del día entregaría potencias variables.

Para proporcionar electricidad las 24 horas habría que combinar generación, transmisión, almacenamiento y otras fuentes capaces de responder cuando desaparece el Sol.

Aquí aparecen los sistemas BESS.

Una batería de 200 MW y 800 MWh, por ejemplo, podría entregar teóricamente 200 MW durante aproximadamente cuatro horas antes de agotar la energía considerada para ese ciclo.

Pero una mina necesita operar las 24 horas.

Eso demuestra por qué asegurar energía continua requiere mucho más que instalar una cantidad equivalente de paneles solares o baterías.

La energía debe estar disponible exactamente cuando la operación la necesita.

Por eso una falla eléctrica puede detener una mina completa

Una gran mina puede tener miles de millones de dólares en equipos instalados, pero buena parte de esa infraestructura depende de una condición básica: que exista electricidad.

Si desaparece el suministro, los grandes motores dejan de funcionar.

Se detienen correas.

Se detiene la molienda.

Bombas y sistemas auxiliares pueden pasar a configuraciones de emergencia.

Las instalaciones poseen protecciones, generadores de respaldo, sistemas UPS y esquemas diseñados para conservar servicios críticos, pero normalmente no resulta práctico mantener toda una gran concentradora funcionando mediante generadores de emergencia.

Recuperar completamente la producción tampoco consiste simplemente en volver a presionar un interruptor.

Algunos procesos deben reiniciarse siguiendo secuencias determinadas, verificando equipos y estabilizando nuevamente el circuito.

Por eso la seguridad del suministro eléctrico tiene consecuencias económicas directas.

Las futuras minas probablemente necesitarán todavía más electricidad

Existe además una paradoja.

La industria está intentando abandonar progresivamente los combustibles fósiles, pero hacerlo significa electrificar más procesos.

Los camiones diésel pueden transformarse en vehículos eléctricos o utilizar sistemas de asistencia mediante trolley.

Equipos subterráneos pueden incorporar baterías.

Calderas pueden electrificarse.

Sistemas de bombeo continúan creciendo.

Desaladoras requieren electricidad.

Nuevas plantas concentradoras necesitan más potencia.

Todo esto puede reducir el consumo de combustibles mientras aumenta la dependencia del sistema eléctrico.

En 2024, alrededor de 78% de la electricidad utilizada por la minería chilena del cobre estuvo asociada a suministro proveniente de fuentes renovables, mostrando hasta qué punto la transformación ya está ocurriendo.

Detrás de cada tonelada de cobre existe una enorme infraestructura energética

Cuando observamos un cátodo de cobre terminado, resulta difícil imaginar toda la electricidad utilizada para producirlo.

  • Antes hubo que mover roca.
  • Chancarla.
  • Molerla.
  • Bombear agua.
  • Mover pulpas minerales.
  • Operar sistemas de flotación.
  • Impulsar agua desde la costa.

Mantener talleres, campamentos, comunicaciones y cientos de sistemas auxiliares trabajando continuamente.

Por eso una gran mina moderna puede requerir cientos de megawatts durante las 24 horas.

Una operación con una demanda constante de 200 MW consumiría en un año aproximadamente la misma electricidad que más de 800.000 hogares chilenos promedio.

Y esa comparación revela una dimensión poco visible de la minería: además de mover millones de toneladas de roca, una gran mina de cobre funciona eléctricamente como una ciudad industrial gigantesca que nunca duerme.