
Una mina remota necesita electricidad durante las 24 horas para mover molinos, bombas, chancadores y sistemas de ventilación. Los pequeños reactores modulares prometen entregar esa energía durante años utilizando cantidades mínimas de combustible, pero llevar un reactor nuclear hasta una faena implica mucho más que reemplazar generadores diésel.
Imagine una mina ubicada a cientos de kilómetros de una gran red eléctrica. Necesita energía permanentemente para triturar roca, bombear agua, ventilar labores subterráneas y mantener funcionando su planta de procesamiento. Hoy una operación de ese tipo podría depender de una línea eléctrica de gran extensión o de millones de litros de combustible transportados durante años.
Existe una tercera posibilidad que hasta hace poco parecía propia de instalaciones militares o lugares extremadamente aislados: instalar un reactor nuclear pequeño cerca de la mina.
No se trata de construir una central nuclear convencional de más de 1.000 MW junto al yacimiento. La industria está desarrollando reactores mucho menores conocidos como SMR, Small Modular Reactors, y versiones todavía más compactas denominadas microreactores.
Algunos diseños concebidos para aplicaciones remotas se mueven precisamente dentro del rango energético que podría resultar interesante para determinadas operaciones mineras. Canadá, uno de los países que más ha estudiado esta posibilidad, identifica reactores de pocos megawatts hasta aproximadamente 20 MW como una alternativa potencial para minas aisladas que actualmente dependen del diésel.
Un reactor mucho más pequeño que una central nuclear tradicional
Una central nuclear convencional puede superar fácilmente los 1.000 MW de potencia eléctrica.
Un SMR, en cambio, suele definirse como un reactor de hasta aproximadamente 300 MW eléctricos por módulo, mientras que los diseños más pequeños, frecuentemente denominados microreactores, pueden encontrarse por debajo de 20 MW.
La diferencia no es solamente de tamaño.
La idea detrás de muchos SMR es fabricar una mayor proporción de sus componentes en instalaciones industriales especializadas y transportarlos posteriormente hasta el lugar donde serán instalados.
En vez de construir prácticamente toda una central como una obra única, el objetivo es avanzar hacia un modelo más parecido a fabricar equipos industriales estandarizados.
Esto podría resultar especialmente atractivo para minería.
Una operación no necesita necesariamente una central diseñada para abastecer millones de viviendas. Necesita una instalación cuya potencia se ajuste razonablemente al consumo de la faena.
Incluso podría utilizar varios módulos.
Si la operación aumenta su producción, podría agregarse capacidad. Si la demanda es menor, podría utilizarse un sistema más pequeño.
Una mina necesita energía prácticamente sin interrupciones
La combinación entre minería y energía nuclear tiene una característica especialmente interesante: ambas industrias trabajan continuamente.
Los grandes procesos mineros no funcionan solamente cuando existe Sol o cuando sopla viento.
Molinos, chancadores, bombas, sistemas de ventilación, correas transportadoras y plantas de procesamiento pueden trabajar durante las 24 horas.
Un reactor nuclear también está diseñado precisamente para entregar energía de manera continua durante períodos prolongados.
Eso diferencia a un pequeño reactor de una planta solar instalada de manera aislada.
La energía solar puede ser extraordinariamente económica durante el día, pero si una mina quiere operar durante la noche necesita almacenamiento, respaldo desde la red u otra fuente de generación.
Un reactor podría convertirse en esa generación permanente.
Esto no significa necesariamente reemplazar las energías renovables. Una posibilidad es construir sistemas híbridos donde energía solar, eólica, baterías y nuclear trabajen conjuntamente.
El reactor entrega una base relativamente constante y otras tecnologías ajustan la producción o almacenan energía dependiendo de las condiciones.
El combustible podría durar años
Aquí aparece una de las ventajas más sorprendentes.
Una mina que utiliza generación diésel necesita recibir combustible continuamente.
En operaciones realmente remotas, eso puede significar cientos o miles de viajes de camiones durante la vida de la mina. En regiones árticas incluso existen instalaciones donde el combustible solamente puede ingresar durante determinadas estaciones.
Algunos diseños de pequeños reactores están pensados para funcionar durante muchos años antes de requerir recarga de combustible.
Canadá ha estudiado diseños para aplicaciones mineras con ciclos que podrían llegar al orden de una década o incluso más.
La diferencia logística sería enorme.
En lugar de transportar constantemente combustible hacia la faena, una cantidad relativamente pequeña de combustible nuclear podría mantener generación energética durante años.
Esta extraordinaria densidad energética es precisamente una de las características fundamentales del uranio.
Pero esa ventaja también introduce una exigencia completamente diferente: combustible nuclear, seguridad radiológica y residuos requieren una cadena regulatoria y operacional mucho más estricta que almacenar diésel.
El reactor no tendría que ser operado necesariamente por la minera
Aquí aparece una pregunta evidente.
¿Una compañía minera tendría que transformarse también en empresa nuclear?
No necesariamente.
Uno de los modelos estudiados consiste en que un operador especializado sea propietario y responsable del reactor, mientras la minera simplemente compra electricidad y eventualmente calor mediante un contrato de suministro.
Sería conceptualmente parecido a una faena que actualmente compra electricidad a una generadora externa.
La diferencia es que la central estaría instalada cerca del propio yacimiento.
Otro modelo permitiría que la empresa minera fuera propietaria del reactor, aunque eso implicaría asumir obligaciones mucho mayores en materia de licencias, personal especializado, seguridad, mantenimiento, combustible, residuos y posterior desmantelamiento.
Para una primera generación de proyectos, separar al operador nuclear del operador minero podría resultar mucho más lógico.
También podría entregar calor industrial
Un reactor produce calor antes de producir electricidad.
Normalmente ese calor se utiliza para generar vapor y mover una turbina, pero no necesariamente toda la energía térmica tiene que convertirse en electricidad.
Esto abre otras posibilidades para minería.
Algunos procesos industriales requieren calor directamente. Un reactor podría potencialmente proporcionar simultáneamente electricidad y energía térmica para determinadas instalaciones.
También podría alimentar producción de hidrógeno o sistemas de desalinización, aplicaciones que ya forman parte del análisis internacional de los SMR.
Para Chile esto resulta especialmente interesante.
Muchas operaciones mineras del norte utilizan o proyectan utilizar agua desalinizada. Una instalación energética capaz de producir electricidad continuamente podría alimentar tanto una planta desaladora como los sistemas de bombeo necesarios para llevar agua hacia la Cordillera.
Eso no significa que sea necesariamente la alternativa más económica, pero muestra que el análisis no debería limitarse solamente al consumo eléctrico de la mina.
Una faena podría independizarse parcialmente de una línea de transmisión
Construir una mina lejos del Sistema Eléctrico Nacional puede requerir una infraestructura eléctrica enorme.
Una línea de transmisión puede recorrer cientos de kilómetros antes de llegar al proyecto.
Hay que construir torres, caminos de acceso, subestaciones y sistemas de mantenimiento.
Un reactor ubicado cerca de la operación podría reducir esa dependencia en determinados proyectos extremadamente remotos.
Esta es precisamente una de las razones por las que Canadá ha estudiado especialmente los SMR para minas fuera de la red.
Sus evaluaciones han identificado decenas de operaciones actuales o potenciales donde pequeños reactores podrían tener características compatibles con la demanda minera.
Pero eso no significa que todas las minas debieran instalar uno.
Cuando existe una red eléctrica robusta relativamente cerca, conectarse al sistema puede seguir siendo mucho más simple y económico.
La tecnología nuclear tendría mayor sentido precisamente donde la distancia, el consumo permanente y el costo de construir o mantener otras fuentes vuelven atractivo estudiar alternativas.
El gran obstáculo todavía es económico
Los pequeños reactores prometen reducir algunos de los problemas históricos de la energía nuclear, pero todavía existe una pregunta fundamental: cuánto costarán realmente cuando comiencen a producirse comercialmente en serie.
Una central nuclear convencional es una obra gigantesca y extremadamente intensiva en capital.
La promesa de los SMR consiste en reemplazar parte de esa construcción personalizada por fabricación modular y repetitiva.
Si una empresa produce decenas o cientos de módulos prácticamente iguales, podría aparecer una curva de aprendizaje industrial similar a la observada en otras tecnologías.
Pero esa economía de serie necesita primero existir.
Los primeros reactores probablemente serán más caros que las unidades construidas posteriormente.
En estudios desarrollados para minas canadienses aisladas, determinados escenarios para un SMR de aproximadamente 20 MW han mostrado costos nivelados potencialmente inferiores al diésel, pero esas estimaciones dependen fuertemente del costo de capital, diseño, ubicación y madurez tecnológica.
Por eso no puede afirmarse que un pequeño reactor será automáticamente más barato que cualquier alternativa.
Dependerá completamente de la mina.
También existe una diferencia importante entre SMR y microreactor
Para una gran mina de cobre, 5 MW probablemente serían insuficientes para abastecer toda la operación.
Una planta concentradora puede necesitar cantidades muy superiores de electricidad.
Aquí es donde resulta importante diferenciar escalas.
Un microreactor podría alimentar una operación relativamente pequeña, una instalación aislada o solamente parte de la demanda.
Una faena mucho mayor podría requerir varios módulos o un SMR de mayor potencia.
Incluso un reactor cercano a 300 MW comienza a entrar en una escala energética considerable para aplicaciones industriales.
La pregunta correcta, entonces, no es simplemente si una mina puede funcionar con “un reactor pequeño”.
La verdadera pregunta es qué combinación de potencia, almacenamiento, renovables y conexión eléctrica resulta óptima para cada yacimiento.
Hoy todavía no es una solución habitual en minería
A pesar del enorme interés, los microreactores diseñados específicamente para minas remotas todavía no constituyen una tecnología comercial desplegada masivamente.
Canadá continúa considerando estas aplicaciones como una de las posibilidades de su estrategia nuclear, mientras desarrolla proyectos demostrativos y avanza paralelamente con SMR destinados a generación eléctrica convencional. En 2026, el país sigue financiando y evaluando microreactores para instalaciones remotas, industriales y del norte.
Esto significa que existe una diferencia importante entre tecnología técnicamente posible y solución industrial madura.
La física nuclear necesaria para construir pequeños reactores no es nueva.
El desafío está en demostrar que estos nuevos diseños pueden fabricarse, licenciarse, transportarse, instalarse y operar económicamente dentro de los requerimientos de una faena moderna.
¿Y podría ocurrir algo así en Chile?
Chile actualmente no posee centrales nucleares destinadas a generación comercial de electricidad.
El país sí cuenta con experiencia nuclear mediante sus instalaciones de investigación, entre ellas el reactor RECH-1 de la Comisión Chilena de Energía Nuclear, que opera con una potencia de 5 MW para actividades como producción de radioisótopos e investigación. No es un reactor diseñado para generar electricidad comercial.
Por lo tanto, instalar un SMR en una mina chilena sería un salto tecnológico, institucional y regulatorio considerable.
Habría que abordar licenciamiento, seguridad nuclear, combustible, residuos, protección física, personal especializado, emergencias y eventual desmantelamiento, además de todas las exigencias ambientales y territoriales propias de un proyecto energético.
Pero la minería chilena posee algunas características que hacen interesante observar esta tecnología.
Existen operaciones remotas, grandes consumos permanentes de electricidad, procesos de desalación, bombeo hacia grandes alturas y una tendencia creciente hacia la electrificación de equipos.
Si los SMR logran demostrar costos competitivos y operación comercial segura durante las próximas décadas, no sería extraño que comiencen a aparecer dentro de los estudios energéticos de nuevos proyectos mineros.
Una mina podría terminar teniendo su propia central nuclear
Durante décadas, la imagen de la energía nuclear estuvo asociada a enormes centrales conectadas a redes nacionales.
Los pequeños reactores intentan cambiar completamente ese concepto.
La futura central nuclear podría ser una instalación modular diseñada específicamente para abastecer una industria, un centro de datos, una comunidad remota o una mina.
Para la minería eso tendría una consecuencia enorme.
Yacimientos que hoy resultan difíciles de desarrollar por encontrarse demasiado lejos de una red eléctrica podrían disponer algún día de una fuente energética capaz de operar continuamente durante años utilizando cantidades relativamente pequeñas de combustible.
Todavía quedan importantes desafíos económicos, regulatorios y tecnológicos antes de que esa imagen sea habitual.
Pero la pregunta ya dejó de ser solamente ciencia ficción.
Una mina sí podría funcionar utilizando energía producida por un pequeño reactor nuclear. La incógnita ahora es cuándo esa posibilidad será suficientemente competitiva, demostrada y aceptada como para convertirse en una alternativa minera real.






