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Lo que realmente existe bajo Chuquicamata después de más de un siglo de minería

Bajo el icónico rajo de Chuquicamata se esconden vastas reservas de cobre y una operación subterránea que promete extender su vida útil por cuatro décadas, desafiando la creencia de una mina agotada.

Lo que realmente existe bajo Chuquicamata después de más de un siglo de minería
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Bajo el gigantesco rajo de casi un kilómetro de profundidad no hay una mina agotada. Existen reservas de cobre, túneles, chancadores, correas y una operación subterránea que busca extender la vida de Chuquicamata por al menos cuatro décadas.

Durante más de un siglo, Chuquicamata fue excavada desde arriba. El resultado es una cavidad de aproximadamente 5 kilómetros de largo, 3 kilómetros de ancho y cerca de un kilómetro de profundidad. Sería razonable pensar que, después de remover semejante volumen de roca, la mayor parte del cobre accesible ya debería haber desaparecido.

Ocurrió algo muy distinto. La mineralización continuaba hacia profundidad y llegó un momento en que seguir ampliando el rajo comenzó a perder sentido económico y geotécnico. La solución fue extraordinaria: en vez de seguir excavando el agujero desde la superficie, Chile comenzó a construir una segunda mina debajo de Chuquicamata.

Hoy, cientos de metros bajo el fondo del histórico rajo, existen niveles productivos, galerías, puntos de extracción, cavernas de chancado, sistemas de ventilación y correas transportadoras. Chuquicamata no terminó cuando el cielo abierto llegó a sus límites: cambió completamente de dirección.

El cobre continúa debajo del enorme rajo

Chuquicamata pertenece a la familia de los grandes pórfidos cupríferos, y esa característica es fundamental para entender lo que ocurre bajo tierra. Estos yacimientos no son una veta estrecha que simplemente se termina después de algunos metros; pueden corresponder a volúmenes gigantescos de roca mineralizada que se prolongan lateralmente y en profundidad.

Las perforaciones realizadas durante el desarrollo del proyecto demostraron que debajo del rajo permanecía una cantidad enorme de mineralización. Durante las etapas iniciales de evaluación, Codelco identificó recursos del orden de 4.123 millones de toneladas de roca con una ley promedio cercana a 0,71% de cobre, además de molibdeno.

Eso no significa que esas 4.123 millones de toneladas sean automáticamente extraíbles. Un recurso mineral representa material cuya presencia, cantidad y características han sido estimadas geológicamente; una reserva, en cambio, corresponde a la porción que puede demostrarse económicamente explotable bajo determinadas condiciones técnicas y económicas.

Cuando Chuquicamata Subterránea fue inaugurada en 2019, la base de reservas informada para el proyecto alcanzaba aproximadamente 1.028 millones de toneladas de mineral con una ley de 0,82% de cobre. Desde entonces la explotación y planificación han continuado evolucionando, por lo que esas cifras históricas no deben interpretarse como el inventario actual.

Lo importante es la escala: después de más de cien años de explotación, todavía existía bajo el rajo suficiente mineral económicamente aprovechable para justificar otra mina de varias décadas de duración.

¿Por qué no seguir profundizando Chuquicamata desde arriba?

Un rajo abierto funciona retirando sucesivamente material para acceder a mineral situado a mayor profundidad. Pero cada metro adicional tiene un costo.

Para llegar a sectores profundos no basta con excavar únicamente el mineral. También es necesario remover roca estéril alrededor del yacimiento para mantener paredes con ángulos geotécnicamente seguros y permitir la construcción de caminos.

El resultado puede ser paradójico: llega un punto en que obtener una tonelada adicional de mineral obliga a mover cantidades cada vez mayores de roca que no contiene suficiente cobre para ser procesada.

También aumentan las distancias de transporte. Un camión ubicado cerca del fondo de un rajo de un kilómetro de profundidad debe subir durante kilómetros por rampas antes de alcanzar instalaciones de superficie. Cada viaje consume combustible, neumáticos, horas de equipo y capacidad operacional.

A eso se agrega la estabilidad de las paredes. Cuanto más profundo se vuelve un rajo, mayores son las exigencias geotécnicas.

Chuquicamata llegó así a una frontera que no era geológica: el cobre continuaba, pero seguir persiguiéndolo desde la superficie dejaba de ser la alternativa más conveniente.

Una mina construida hasta 900 metros debajo de otra mina

El diseño subterráneo llevó la explotación todavía más abajo. La nueva operación considera distintos niveles situados bajo el antiguo rajo, con una diferencia vertical que en su diseño alcanza alrededor de 900 metros desde el fondo de la excavación y más de dos kilómetros respecto de algunos sectores superiores de la superficie.

Llegar hasta allí requirió abrir accesos completamente nuevos.

Uno de los túneles principales de acceso se interna aproximadamente siete kilómetros desde su entrada. A diferencia de una carretera descendiendo por el rajo, estas vías atraviesan directamente la roca y permiten trasladar trabajadores, materiales y equipos hacia el interior.

Pero esos túneles son solamente la entrada.

Una mina subterránea de esta escala necesita galerías de producción, desarrollos de transporte, chimeneas y sistemas de ventilación, infraestructura eléctrica, refugios, comunicaciones, talleres y enormes excavaciones destinadas al chancado del mineral.

El diseño de largo plazo de Chuquicamata Subterránea llegó a contemplar más de 1.000 kilómetros de desarrollos horizontales y verticales entre túneles, chimeneas y piques a lo largo de su evolución. No significa que todos estén construidos actualmente: es una forma de dimensionar la red que requiere una explotación de varias décadas.

En otras palabras, bajo una de las excavaciones más grandes de Chile se está desarrollando otra infraestructura cuya escala se mide también en cientos de kilómetros.

No se extrae el mineral como en una mina tradicional

Existe otro problema. Un cuerpo mineral de semejante volumen no puede explotarse eficientemente excavando pequeñas galerías y retirando selectivamente cada fragmento de mineral.

Chuquicamata Subterránea utiliza block caving, o hundimiento por bloques, uno de los métodos de minería subterránea masiva más importantes del mundo.

La idea es aprovechar la gravedad.

En términos simplificados, los mineros desarrollan infraestructura bajo un enorme volumen de roca mineralizada y socavan su base. Al perder soporte, el macizo comienza a fracturarse y hundirse progresivamente por su propio peso.

El mineral fragmentado desciende hacia puntos de extracción donde equipos LHD —máquinas de carga y transporte diseñadas para operación subterránea— pueden recogerlo y llevarlo hacia sistemas de reducción de tamaño.

Esto permite explotar volúmenes gigantescos sin perforar y tronar individualmente cada tonelada desde diferentes galerías.

Pero el proceso exige un conocimiento extremadamente preciso de la geomecánica. El hundimiento debe propagarse como fue previsto, mientras la operación controla tensiones en la roca, estabilidad de excavaciones, fragmentación y flujo del mineral.

Bajo Chuquicamata existen cavernas capaces de triturar miles de toneladas

Una vez extraído desde los puntos de producción, el mineral todavía debe salir de la montaña.

Transportar diariamente decenas de miles de toneladas hasta la superficie mediante camiones sería poco eficiente. Por eso una parte fundamental del procesamiento comienza dentro de la propia mina.

El mineral es llevado a instalaciones de chancado subterráneas, construidas dentro de grandes cavernas excavadas en la roca. Allí se reduce su tamaño antes de ingresar a sistemas de transporte continuo mediante correas.

Estas instalaciones son una de las diferencias más sorprendentes entre imaginar una mina subterránea y observar cómo funciona realmente. No se trata solamente de túneles estrechos con trabajadores perforando roca. Existen espacios suficientemente grandes para alojar chancadores industriales, estructuras metálicas, equipos de mantenimiento y sistemas completos de transferencia de mineral.

Durante 2025, incluso se completó una nueva sala de chancado asociada a la continuidad del Nivel 1.

Una vez chancado, el mineral puede incorporarse al sistema de correas para recorrer grandes distancias hacia las instalaciones donde continuará su procesamiento.

En 2025 ya enviaba 57.000 toneladas de mineral por día

Chuquicamata Subterránea comenzó a producir en 2019, pero una mina de esta magnitud no alcanza su capacidad definitiva inmediatamente.

Debe realizar un proceso gradual de crecimiento conocido como ramp-up. Es necesario habilitar nuevos puntos de extracción, desarrollar infraestructura, ampliar ventilación y aumentar progresivamente el número de sectores productivos disponibles.

Durante 2025 la mina subterránea alcanzó un envío promedio de aproximadamente 57.000 toneladas de mineral por día.

La planificación vigente apunta a llevarla hacia 140.000 toneladas diarias durante el próximo decenio, a medida que se incorpore la continuidad del Nivel 1 y posteriormente nuevos sectores.

Para dimensionarlo, 140.000 toneladas de mineral por día equivaldrían a más de 50 millones de toneladas en un año si ese ritmo se mantuviera continuamente durante 365 días. El procesamiento real depende, naturalmente, de disponibilidad operacional y planificación minera.

El proyecto de continuidad de la Fase 1 alcanzó 90% de avance físico al cierre de 2025, mientras continuaban los estudios de ingeniería para explotar reservas remanentes de los niveles 1 y 2.

Eso revela algo importante: la mina bajo Chuquicamata todavía está creciendo.

La montaña necesita respirar

Una explotación situada a cientos de metros de profundidad enfrenta un desafío que prácticamente no existe en un rajo abierto: debe fabricar artificialmente su propia atmósfera operacional.

Motores, personas, polvo y procesos industriales generan calor y contaminantes. Sin circulación permanente de aire, trabajar a esas profundidades sería imposible.

Por eso detrás de las galerías visibles existe una segunda infraestructura menos evidente: el sistema de ventilación.

Grandes conductos, chimeneas y ventiladores introducen aire fresco y extraen aire contaminado. A medida que la mina se profundiza y aumenta su producción, la capacidad del sistema también debe crecer.

El control del polvo es igualmente crítico. Durante 2025, mejoras realizadas en la infraestructura subterránea permitieron reducir significativamente las concentraciones de material particulado en sectores de chancado y transferencia de correas.

Ventilar una mina de este tamaño es, en sí mismo, un problema de ingeniería comparable al funcionamiento de una enorme instalación industrial bajo tierra.

El futuro de Chuquicamata probablemente será cada vez menos visible

Durante generaciones, la imagen de Chuquicamata fue inseparable de su rajo. Bancos gigantescos, caminos serpenteando por sus paredes y enormes camiones descendiendo hacia el fondo construyeron uno de los paisajes industriales más reconocibles de Chile.

El futuro tiene una apariencia completamente diferente.

Gran parte de la actividad irá ocurriendo dentro de la roca. La producción dependerá de centros de control, equipos subterráneos, sensores, sistemas de ventilación, chancadores, correas y desarrollos que desde la superficie prácticamente no pueden observarse.

La División Chuquicamata todavía produjo cerca de 266 mil toneladas de cobre fino durante 2025, combinando su complejo sistema minero e industrial mientras la explotación subterránea continúa aumentando su participación.

La transformación permite entender una diferencia fundamental entre el agotamiento de una mina y el agotamiento de una forma de explotarla.

Después de más de un siglo, Chuquicamata no llegó simplemente al final del cobre. Llegó al límite práctico de perseguir parte de ese cobre excavando desde arriba.

Debajo del enorme rajo continúa el mismo sistema mineral que convirtió este lugar del Desierto de Atacama en uno de los nombres más conocidos de la minería mundial.

Solo que ahora, para alcanzarlo, Chile tuvo que construir una mina bajo otra mina.