
El almacenamiento energético de larga duración abre una nueva oportunidad para reutilizar infraestructura minera y formaciones geológicas. Sistemas de aire comprimido y soluciones gravitacionales buscan entregar respaldo por varias horas o incluso días, en un escenario marcado por la expansión de las energías renovables.
Las minas fuera de operación, excavaciones profundas y cavernas subterráneas comienzan a adquirir un nuevo valor dentro de la transición energética. Infraestructura concebida originalmente para extraer minerales está siendo evaluada como soporte para sistemas de almacenamiento de energía de larga duración, una tecnología que apunta a resolver uno de los principales desafíos de las redes eléctricas con alta penetración solar y eólica: disponer de energía cuando la generación renovable disminuye.
El concepto, conocido internacionalmente como Long Duration Energy Storage (LDES), agrupa tecnologías capaces de almacenar electricidad durante periodos significativamente mayores que los sistemas convencionales de baterías. Entre las alternativas que avanzan aparecen el almacenamiento mediante aire comprimido en cavernas, el aprovechamiento gravitacional de antiguos piques mineros y otros sistemas mecánicos capaces de utilizar grandes espacios subterráneos.
Para la industria minera, la tendencia introduce una nueva dimensión sobre el uso de activos después del cierre de una operación. Una mina agotada podría dejar de ser únicamente un pasivo que requiere rehabilitación y transformarse, bajo determinadas condiciones geológicas, técnicas y económicas, en infraestructura energética.
El subsuelo entra al mercado del almacenamiento
El crecimiento de la generación renovable está aumentando la necesidad de sistemas capaces de desplazar grandes volúmenes de electricidad entre distintos momentos del día y, eventualmente, entre varios días.
Las baterías de ion-litio mantienen una posición dominante en el almacenamiento eléctrico de corta duración, pero gran parte de los sistemas actualmente desplegados opera durante ventanas de aproximadamente dos a cuatro horas. El almacenamiento de larga duración apunta a cubrir periodos superiores, especialmente cuando existen caídas prolongadas en la producción solar o eólica.
En ese escenario, el subsuelo ofrece una ventaja física difícil de replicar mediante instalaciones construidas completamente desde cero.
Las cavernas salinas, túneles, pozos y espacios excavados pueden proporcionar grandes volúmenes donde almacenar aire presurizado, movilizar masas mediante sistemas gravitacionales o implementar otras tecnologías mecánicas.
Uno de los modelos que concentra desarrollo tecnológico es el almacenamiento de energía mediante aire comprimido, conocido como CAES. El sistema utiliza electricidad disponible en momentos de alta generación para comprimir aire, que posteriormente puede mantenerse bajo presión en estructuras subterráneas. Cuando el sistema eléctrico necesita energía, ese aire se libera y se utiliza para impulsar equipos de generación.
Las configuraciones avanzadas también buscan recuperar y reutilizar el calor producido durante la compresión, elevando la eficiencia respecto de los diseños tradicionales.
Minas abandonadas como infraestructura energética
La minería aparece especialmente expuesta a esta nueva tendencia debido a la magnitud de sus excavaciones.
Una operación subterránea puede desarrollar durante décadas kilómetros de galerías, piques verticales y cámaras de explotación. Una vez finalizada la extracción, parte de esa infraestructura podría presentar características útiles para determinados proyectos energéticos, siempre que exista estabilidad geomecánica y sea posible desarrollar las obras necesarias para su reconversión.
Una de las tecnologías que explora esta posibilidad es el almacenamiento gravitacional.
El principio consiste en aprovechar energía eléctrica para elevar grandes masas dentro de un pique o estructura vertical. Cuando la red requiere electricidad, esas masas descienden de manera controlada y el movimiento se transforma nuevamente en energía mediante sistemas de generación.
El concepto comparte fundamentos con las centrales hidroeléctricas de bombeo, donde el agua se desplaza entre dos reservorios ubicados a diferentes alturas. En el caso de una mina, la diferencia de elevación ya existe gracias a la infraestructura subterránea desarrollada durante la etapa productiva.
Eso puede reducir parte de las obras civiles necesarias para implementar sistemas de almacenamiento gravitacional.
Cientos de megavatios bajo tierra
El atractivo industrial de estas tecnologías está ligado a su potencial escala.
Los sistemas de almacenamiento subterráneo pueden diseñarse para manejar cientos de megavatios y, dependiendo de las características del proyecto, alcanzar capacidades incluso superiores.
En aire comprimido, las cavernas geológicas permiten almacenar grandes volúmenes de energía sin recurrir necesariamente a cantidades equivalentes de materiales electroquímicos.
Un proyecto avanzado de almacenamiento mediante aire comprimido de 500 MW con ocho horas de operación, por ejemplo, puede alcanzar una capacidad energética de 4.000 MWh.
El interés por este tipo de infraestructura también responde a otra característica: las cavernas y excavaciones no presentan los mismos mecanismos de degradación asociados a las baterías electroquímicas.
Sin embargo, eso no significa que cualquier faena minera pueda transformarse automáticamente en una instalación energética.
La impermeabilidad de las formaciones, la estabilidad de las estructuras, las condiciones geológicas, la profundidad, los costos de adaptación y la cercanía a líneas de transmisión son factores decisivos para determinar la viabilidad.
Una segunda vida para activos mineros
La posibilidad de utilizar antiguas operaciones mineras abre interrogantes sobre cómo podrían evolucionar los planes de cierre durante las próximas décadas.
Tradicionalmente, el cierre de una mina considera estabilización física, recuperación ambiental, manejo de aguas y control de riesgos asociados a instalaciones que dejan de operar.
La aparición de tecnologías energéticas podría incorporar un elemento adicional: evaluar si ciertos activos pueden continuar prestando servicios económicos después del término de la extracción.
En determinados proyectos, esa alternativa podría modificar incluso la forma en que se diseña la infraestructura durante la etapa de operación.
Piques, accesos y cámaras podrían eventualmente ser analizados no solo en función del desarrollo minero, sino también considerando potenciales usos posteriores.
Para los distritos mineros, una reconversión energética podría además permitir mantener actividad industrial, requerimientos de mantenimiento y empleo especializado después del cierre de una faena, aunque cada proyecto dependerá de condiciones técnicas específicas.
El desafío de almacenar renovables durante más horas
La expansión del almacenamiento de larga duración responde a cambios estructurales del sistema eléctrico mundial.
El crecimiento solar y eólico está generando periodos donde existe abundante electricidad y otros donde la producción cae rápidamente. Cuando esa variabilidad aumenta, los sistemas eléctricos requieren capacidad adicional para equilibrar generación y consumo.
Durante 2025, Estados Unidos incorporó 57,6 GWh de nueva capacidad de almacenamiento mediante baterías, un aumento de 30% frente al año anterior. Sin embargo, la mayor parte de esa infraestructura continúa concentrada en duraciones de pocas horas.
Las tecnologías LDES buscan cubrir precisamente el siguiente tramo: almacenar energía durante más de ocho horas y, en algunos diseños, durante varios días.
El mercado todavía enfrenta desafíos de costos, regulación y mecanismos de remuneración. Muchos mercados eléctricos fueron diseñados para transacciones de corto plazo y todavía no entregan señales económicas suficientes para valorizar completamente la capacidad de almacenamiento durante periodos prolongados.
Una oportunidad que conecta minería y transición energética
La discusión sobre almacenamiento subterráneo puede adquirir especial relevancia para países con grandes distritos mineros y fuerte expansión de energías renovables.
Chile reúne ambas características.
El norte del país concentra operaciones mineras de gran escala, infraestructura eléctrica y algunos de los niveles de radiación solar más altos del mundo. Al mismo tiempo, el sistema eléctrico enfrenta crecientes necesidades de flexibilidad y almacenamiento para aprovechar una mayor proporción de generación renovable.
No todas las minas chilenas presentan condiciones para este tipo de reconversión y cada alternativa requeriría estudios geológicos, ambientales, regulatorios y económicos específicos. Sin embargo, el avance tecnológico abre una línea de desarrollo que hasta hace pocos años tenía una presencia limitada en la planificación minera.
La posibilidad de transformar excavaciones, piques o cavernas en infraestructura de almacenamiento plantea además una discusión más amplia sobre economía circular aplicada a activos industriales.
En lugar de terminar su vida económica junto con la extracción del mineral, parte de la infraestructura minera podría encontrar una segunda función dentro del sistema energético.
Para una industria que consume grandes volúmenes de electricidad y que avanza hacia contratos renovables, electrificación de equipos y reducción de emisiones, esa convergencia entre minería y almacenamiento puede convertirse en una nueva área de inversión tecnológica durante la próxima década.

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