
El presidente de la Asociación Minera de Canadá, Pierre Gratton, llamó a transformar el nuevo respaldo político, los incentivos tributarios y la simplificación de permisos en proyectos concretos. La producción de cobre ha retrocedido 23% y la de níquel 44% durante la última década.
La industria minera de Canadá enfrenta el desafío de recuperar su capacidad productiva después de una década de retrocesos en minerales estratégicos. Así lo advirtió Pierre Gratton, presidente y director ejecutivo de la Asociación Minera de Canadá (MAC), durante una intervención realizada el martes 6 de octubre en Vancouver, donde sostuvo que las empresas deben aprovechar el actual respaldo gubernamental para impulsar inversiones y desarrollar nuevas operaciones.
El dirigente planteó que el escenario político ofrece condiciones favorables para reactivar la minería, particularmente por las medidas destinadas a reducir los tiempos de evaluación ambiental y mejorar el tratamiento tributario de las inversiones.
Sin embargo, advirtió que el apoyo de las autoridades no garantiza por sí mismo la construcción de nuevas minas. Las compañías deberán demostrar su capacidad para ejecutar proyectos y mantener relaciones adecuadas con las comunidades indígenas.
Producción de cobre y níquel acumula fuertes retrocesos
Uno de los principales antecedentes expuestos por Gratton fue la pérdida de capacidad productiva de Canadá en minerales considerados fundamentales para la electrificación, la industria tecnológica y las cadenas de suministro internacionales.
Según las cifras presentadas por el dirigente, la producción canadiense de cobre disminuyó 23% durante la última década, mientras que la extracción de níquel cayó 44% en el mismo periodo.
Ambos minerales tienen aplicaciones estratégicas. El cobre es esencial para redes eléctricas, infraestructura energética y sistemas de transporte, mientras que el níquel se utiliza en acero inoxidable y determinadas tecnologías de baterías.
La evolución contrasta con el comportamiento del oro, cuya producción aumentó 31% durante los últimos diez años, de acuerdo con Gratton.
Esta diferencia refleja las distintas condiciones de inversión entre segmentos de la industria. Mientras los altos precios del oro han favorecido el desarrollo de proyectos auríferos, otras operaciones enfrentan mayores dificultades para atraer capital y avanzar hacia su construcción.
El panorama adquiere relevancia ante los esfuerzos de Canadá y sus aliados por diversificar el abastecimiento de minerales críticos y reducir su dependencia de cadenas de suministro dominadas por China.
La recuperación de la producción nacional se ha convertido, por tanto, en una prioridad que combina objetivos industriales, comerciales y de seguridad económica.
Nuevos incentivos tributarios buscan acelerar inversiones mineras
Entre las medidas destacadas por Gratton figura la denominada Productivity Mega Deduction, anunciada por el gobierno del primer ministro Mark Carney el 15 de septiembre.
La propuesta busca ampliar los activos que pueden beneficiarse de deducciones tributarias inmediatas, incorporando inversiones relacionadas con propiedades mineras, infraestructura, transporte, tecnología y otros bienes productivos.
El mecanismo permitiría deducir el costo completo de determinadas inversiones elegibles cuando los activos entren en servicio, en lugar de distribuir esa deducción durante varios ejercicios tributarios.
Para las compañías mineras, esta modificación podría mejorar el flujo de caja de futuros proyectos y aumentar el atractivo financiero de inversiones con elevados desembolsos iniciales.
No obstante, su impacto dependerá de las condiciones de cada empresa. Las compañías que todavía no generan utilidades tributables podrían obtener beneficios inmediatos más limitados.
Por esta razón, la Asociación Minera de Canadá también impulsa la ampliación de créditos tributarios hacia gastos correspondientes a las etapas de desarrollo de las minas.
La diferencia es relevante: facilitar una deducción tributaria no equivale a entregar financiamiento directo para construir una operación.
Canadá busca reducir la duplicación de permisos ambientales
Otro aspecto central del diagnóstico es la necesidad de disminuir los procedimientos regulatorios superpuestos entre el gobierno federal y las provincias.
La administración canadiense impulsa el principio de “un proyecto, una evaluación”, orientado a coordinar las revisiones ambientales y evitar que distintas autoridades repitan procedimientos sobre una misma iniciativa.
El 5 de octubre, la Agencia de Evaluación de Impacto de Canadá abrió una consulta pública sobre un proyecto de acuerdo de cooperación con Saskatchewan, una provincia con importante actividad minera.
El documento establece mecanismos para coordinar las evaluaciones federales y provinciales, manteniendo las respectivas competencias y obligaciones ambientales.
El periodo para recibir observaciones permanecerá abierto hasta el 26 de octubre de 2026.
Gratton valoró estos avances, aunque sostuvo que todavía existen oportunidades para simplificar los procedimientos.
Entre las propuestas del gremio figura excluir determinadas ampliaciones de faenas existentes y proyectos mineros subterráneos completamente electrificados de los supuestos que pueden activar evaluaciones federales.
Estas modificaciones forman parte de las demandas de la industria y no deben confundirse con autorizaciones generales ya concedidas.
McIlvenna Bay muestra avances en nueva producción de minerales críticos
La operación McIlvenna Bay, ubicada en Saskatchewan, constituye uno de los ejemplos utilizados por Gratton para demostrar que Canadá puede recuperar capacidad productiva.
El proyecto de cobre y zinc pertenece a Eldorado Gold, compañía que completó la adquisición de Foran Mining en abril de 2026.
La mina produjo su primer concentrado de cobre en junio y posteriormente obtuvo concentrados de zinc y pirita durante julio.
El gobierno canadiense informó en septiembre que la operación avanzaba hacia su producción comercial, con expectativas de alcanzar esa etapa durante el tercer trimestre de 2026.
Según su estudio de factibilidad, McIlvenna Bay contempla una vida útil inicial de al menos 18 años y una producción promedio anual de aproximadamente 41 millones de libras de cobre y 54 millones de libras de zinc.
La compañía también evalúa aumentar su capacidad de procesamiento desde 4.900 hasta aproximadamente 7.000 toneladas diarias, aunque esa expansión permanece en estudio.
El desarrollo forma parte de los proyectos respaldados por la estrategia canadiense para fortalecer el abastecimiento de minerales críticos.
Relación con comunidades indígenas será determinante
Pese al nuevo respaldo político, Gratton advirtió que las empresas no deben interpretar la disposición favorable del gobierno como una garantía para superar conflictos territoriales o comunitarios.
El dirigente sostuvo que las relaciones con los pueblos indígenas seguirán siendo decisivas para desarrollar proyectos mineros y mantener el apoyo institucional.
La reducción de plazos regulatorios no elimina las obligaciones ambientales ni los derechos de participación y consulta establecidos por la legislación canadiense.
A esta exigencia se suma la necesidad de invertir en infraestructura habilitante, particularmente caminos, redes eléctricas, puertos y sistemas de transporte para regiones con potencial minero.
Entre los territorios que requieren estas inversiones figuran Ring of Fire, en Ontario, y áreas del norte canadiense donde el acceso a nuevos depósitos depende de infraestructura que todavía debe desarrollarse.
El desafío tiene una dimensión económica considerable. En 2025, el sector de minerales aportó aproximadamente 157.000 millones de dólares canadienses al producto interno bruto nacional, equivalentes al 5% de la economía, considerando las actividades comprendidas en las estadísticas oficiales del sector. También sostuvo alrededor de 721.000 empleos directos e indirectos.
El desafío será convertir el respaldo político en nuevas minas
Las declaraciones de Gratton se producen antes de su salida de la Asociación Minera de Canadá, organización que ha encabezado durante más de 15 años.
El gremio anunció que Ben Chalmers, actualmente vicepresidente senior, asumirá la presidencia y dirección ejecutiva el 1 de enero de 2027.
La nueva conducción recibirá una agenda centrada en concretar proyectos, mejorar la competitividad tributaria, agilizar las evaluaciones y ampliar la infraestructura necesaria para abastecer la demanda internacional de minerales.
El escenario también estará condicionado por la capacidad de las compañías para conseguir financiamiento, desarrollar sus proyectos de manera responsable y mantener su viabilidad económica.
Para la minería canadiense, el desafío inmediato ya no consiste únicamente en obtener respaldo político, sino en transformar las reformas anunciadas en inversiones ejecutadas y nueva producción de cobre, níquel y otros minerales estratégicos.






