
La Reserva Nacional de Tambopata perdió cerca de 500 hectáreas de bosque entre 2025 y comienzos de 2026. Los altos precios del oro, la falta de recursos estatales y el regreso constante de los mineros dificultan recuperar el control de esta zona protegida.
La minería ilegal de oro continúa avanzando dentro de la Reserva Nacional de Tambopata, en la Amazonía peruana, pese a los operativos desplegados por las Fuerzas Armadas y la Policía para destruir campamentos, balsas, motores y depósitos de combustible.
La zona más afectada se encuentra en la región de Madre de Dios, cerca de las fronteras con Bolivia y Brasil. Allí, los mineros han ocupado sectores protegidos a lo largo del río Malinowski, abriendo grandes pozas y removiendo el suelo para extraer pequeñas partículas de oro.
Un análisis satelital del Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina identificó aproximadamente 500 hectáreas deforestadas por esta actividad entre el segundo semestre de 2025 y febrero de 2026. La superficie equivale a cerca de 700 canchas de fútbol.
El mismo estudio detectó 183 instalaciones mineras y 67 campamentos distribuidos en cinco sectores de la reserva. A partir de la maquinaria y la infraestructura observada, la organización estimó que unas 1.000 personas podrían estar involucradas en las faenas ilegales.
Los mineros regresan después de cada operativo
Las autoridades peruanas han intensificado las intervenciones en Tambopata. Durante las incursiones, los equipos militares destruyen motores, bombas, balsas, tolvas, campamentos y reservas de combustible para reducir la capacidad de operación de las redes dedicadas a la extracción ilegal.
Sin embargo, los resultados suelen ser temporales. Ronal Ramón Flores, fiscal que participa en estos procedimientos, explicó que los mineros pueden volver en cuestión de horas o días con nuevos equipos.
“Está ganando la minería”, reconoció el fiscal en un reportaje de Bloomberg. Según explicó, las operaciones estatales son esporádicas, mientras que los grupos ilegales trabajan de manera permanente durante todo el año.
En una de las intervenciones realizadas en agosto, cerca de 70 militares destruyeron maquinaria e infraestructura valoradas en casi US$1,7 millones. Pese a ello, durante los cuatro días que se extendió el operativo no hubo detenidos.
El Gobierno peruano también informó que una operación ejecutada los días 2 y 3 de agosto permitió inutilizar equipos e instalaciones avaluados en más de S/31 millones en Madre de Dios.
Estas cifras muestran la capacidad de las fuerzas de seguridad para afectar la logística de los grupos ilegales, pero también revelan la magnitud de una actividad que puede reemplazar rápidamente los equipos destruidos.
El alto precio del oro fortalece el negocio ilegal
El avance de la minería ilegal está estrechamente relacionado con el elevado valor internacional del oro. La demanda del metal como activo de refugio ha aumentado el atractivo económico de operar en zonas remotas, incluso dentro de áreas naturales protegidas.
De acuerdo con el Instituto Peruano de Economía (IPE), las exportaciones peruanas de oro de origen ilegal superaron las 100 toneladas durante 2025 y movilizaron más de US$11.500 millones. El volumen fue similar al del oro formal exportado por el país y el valor aumentó 55% respecto del año anterior.
Los ingresos también explican por qué resulta difícil frenar el reclutamiento. Algunos trabajadores de los campamentos pueden recibir hasta US$5.000 mensuales, mientras que otras labores, como cocinar para los mineros, ofrecen remuneraciones superiores a las disponibles en varias ciudades cercanas.
Parte del mineral extraído en Tambopata sería trasladado por rutas de contrabando hacia Bolivia y Brasil. Otra parte puede ingresar al comercio formal mediante plantas procesadoras y empresas comercializadoras.
El Registro Integral de Formalización Minera, conocido como Reinfo, fue creado para incorporar a pequeños mineros a la legalidad. Sin embargo, especialistas y organismos peruanos advierten que sus documentos también pueden ser utilizados para ocultar el origen ilícito del oro y facilitar su ingreso al mercado formal.
Deforestación y contaminación con mercurio
El daño no se limita a la pérdida de bosque. La minería aluvial remueve grandes cantidades de suelo, modifica los cursos de agua y deja pozas contaminadas con combustibles y otros residuos.
El mercurio utilizado para separar el oro del sedimento puede llegar a ríos, peces y comunidades que dependen de estos recursos para alimentarse. Los pueblos indígenas y las localidades ribereñas se encuentran entre los grupos más expuestos.
La situación había mostrado una desaceleración después de la Operación Mercurio, desplegada por Perú en 2019, y del Plan de Restauración iniciado en 2021. No obstante, el monitoreo satelital confirmó una nueva expansión desde el segundo semestre de 2025, incluso cerca de puestos de vigilancia instalados dentro de Tambopata.
Las organizaciones que trabajan en Madre de Dios sostienen que las acciones militares deben mantenerse en el tiempo y acompañarse con mayor fiscalización, trazabilidad del oro y alternativas laborales para la población local. Sin esas medidas, la destrucción de campamentos seguirá ofreciendo solo un freno temporal frente a una economía ilegal que opera todos los días.












