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Minería Internacional

Nueva Zelanda acelera proyectos auríferos para más que duplicar su producción de oro hacia 2035

Nueva Zelanda busca duplicar su producción de oro hacia 2035, impulsada por precios altos y una nueva política minera que favorece la inversión y el empleo, a pesar de la oposición ambiental.

Nueva Zelanda acelera proyectos auríferos para más que duplicar su producción de oro hacia 2035
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El país busca aprovechar precios históricamente altos del oro y una nueva política minera para reactivar inversión, empleo regional y exportaciones. La cartera combina proyectos aprobados, desarrollos en construcción y permisos bajo evaluación.

Nueva Zelanda está acelerando su apuesta por el oro con una meta ambiciosa: más que duplicar su producción aurífera hacia mediados de la próxima década, impulsada por nuevos proyectos mineros, cambios regulatorios y precios del metal que siguen en niveles elevados pese a la volatilidad reciente.

El giro ocurre en un país más conocido por turismo, agricultura y paisajes protegidos que por minería a gran escala. Sin embargo, el Gobierno neozelandés incorporó el oro dentro de su estrategia de minerales y lo considera una pieza relevante para elevar el valor de las exportaciones mineras. La Minerals Strategy for New Zealand to 2040 apunta a duplicar las exportaciones minerales hasta NZ$3.000 millones anuales en 2035, frente a NZ$1.460 millones registrados en el año terminado en junio de 2023.

Oro, permisos y presión por crecimiento

El repunte se apoya en tres elementos: precios altos, nuevos proyectos y una política pública más favorable al desarrollo minero. Según Reuters, la producción de oro del país está encaminada a duplicarse hacia mediados de la década de 2030, apoyada por dos proyectos ya aprobados y un tercero que espera una decisión clave este año.

El incentivo de mercado es evidente. El World Gold Council reportó que el precio LBMA PM del oro marcó en el primer trimestre de 2026 un promedio trimestral récord de US$4.873 por onza, con un máximo histórico de US$5.405 por onza en enero, antes de una corrección. (World Gold Council) Esa ventana de precios aumenta el atractivo de proyectos que antes podían parecer marginales o demasiado expuestos a permisos complejos.

El Gobierno, encabezado en el área de recursos por Shane Jones, también ha buscado acelerar la tramitación de proyectos mediante la Fast-track Approvals Act 2024. El objetivo declarado es reducir plazos de aprobación para desarrollos seleccionados de infraestructura, energía y minería, aunque el mecanismo ha generado críticas por limitar instancias de participación pública y revisión ambiental.

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Los proyectos que sostienen la meta

El mapa aurífero que aparece detrás de esta estrategia tiene tres nombres principales: Waihi North, Snowy River y Bendigo-Ophir.

El primero corresponde a OceanaGold, el mayor productor de oro del país. La compañía espera invertir cerca de NZ$1.000 millones en el proyecto Waihi North, con inicio de producción previsto para 2032, de acuerdo con antecedentes citados por Reuters. La iniciativa es clave porque busca extender y profundizar la actividad en una zona con historial minero y capacidad instalada.

El segundo es Snowy River, en la costa oeste de la Isla Sur. Endura Mining describe el activo como un proyecto totalmente autorizado, actualmente en desarrollo, con primera producción esperada en diciembre de 2026. La compañía informa un recurso mineral de 795.000 onzas de oro a 23,1 g/t Au, una producción proyectada de alrededor de 60.000 onzas anuales y una vida útil superior a 10 años.

El tercer proyecto, y el más sensible desde el punto de vista político y ambiental, es Bendigo-Ophir, en Central Otago. La plataforma oficial Fast-track señala que la iniciativa busca establecer, operar y remediar una mina de oro a rajo abierto y subterránea en las estaciones Bendigo y Ardgour, a unos 20 kilómetros al norte de Cromwell. La solicitud sustantiva de Matakanui Gold Limited fue declarada completa el 21 de noviembre de 2025 y quedó bajo revisión del panel correspondiente.

Datos clave

  • País: Nueva Zelanda.

  • Mineral principal: oro.

  • Meta sectorial: duplicar exportaciones minerales a NZ$3.000 millones en 2035.

  • Exportaciones minerales base: NZ$1.460 millones al año terminado en junio de 2023.

  • Proyectos relevantes: Waihi North, Snowy River y Bendigo-Ophir.

  • Snowy River: primera producción prevista para diciembre de 2026.

  • Snowy River: recurso informado de 795.000 oz a 23,1 g/t Au.

  • Bendigo-Ophir: proyecto a rajo abierto y subterráneo en Central Otago, bajo proceso fast-track.

  • Waihi North: inversión esperada cercana a NZ$1.000 millones e inicio productivo proyectado para 2032.

Bendigo-Ophir concentra el debate ambiental

El caso Bendigo-Ophir resume la tensión que enfrenta Nueva Zelanda: cómo ampliar minería metálica sin afectar una marca país asociada a naturaleza, turismo y producción agrícola de alto valor.

Santana Minerals afirma que Bendigo-Ophir corresponde al hallazgo aurífero más significativo del país en más de cuatro décadas. La empresa informa, en su material corporativo, una producción anual potencial de 120.000 onzas de oro, hasta 300 empleos y más de NZ$6.000 millones en ingresos, incluyendo más de NZ$1.000 millones en impuestos y regalías para Nueva Zelanda.

Pero el proyecto también enfrenta oposición local. Organizaciones ambientales, viñateros y actores vinculados al turismo han advertido riesgos sobre paisaje, agua, biodiversidad y reputación territorial. Reuters reportó que la decisión final sobre Bendigo-Ophir está prevista para el 29 de octubre de 2026, un hito que será observado por inversionistas y comunidades.

La discusión no es menor para la industria minera. Si el proyecto avanza, Nueva Zelanda consolidaría una señal de apertura hacia nuevos desarrollos auríferos. Si es rechazado o condicionado severamente, el país mantendría capacidad de crecimiento por Waihi North y Snowy River, pero con una trayectoria más moderada.

Por qué importa para la minería internacional

Aunque Nueva Zelanda no compite en escala con Australia, Canadá, Perú o Sudáfrica, el interés por sus proyectos responde a una combinación atractiva para capital minero: jurisdicción estable, geología subexplorada, institucionalidad robusta y cercanía cultural con operadores australianos.

El desafío está en convertir esa ventaja institucional en permisos ejecutables. En minería aurífera, la ventana de precios puede cambiar rápido. Un retraso de varios años puede modificar la economía de un proyecto, especialmente si suben costos de construcción, energía, mano de obra o financiamiento.

El caso también muestra una tendencia más amplia: países con baja exposición minera relativa están revisando sus políticas ante la demanda por minerales, la presión fiscal y la necesidad de empleo regional. En Nueva Zelanda, el oro fue incluido junto al carbón metalúrgico en la lista de minerales críticos por su peso económico: ambos representan cerca del 80% de las exportaciones minerales del país, con ingresos de alrededor de NZ$1.200 millones en el año a junio de 2023, según el Gobierno.

Qué observará la industria

La producción de oro en Nueva Zelanda dependerá menos de nuevos descubrimientos inmediatos que de la ejecución de proyectos ya identificados. Snowy River será el primer termómetro, con su puesta en marcha prevista para fines de 2026. Luego vendrán la evolución de Waihi North hacia 2032 y la definición regulatoria de Bendigo-Ophir.

El punto de fondo es si Nueva Zelanda logra equilibrar mayor producción minera con estándares ambientales y licencia social. Para los inversionistas, la señal será la consistencia regulatoria. Para las comunidades, el foco estará en agua, paisaje, relaves, empleo local y restauración. Para el mercado aurífero, el país seguirá siendo un productor pequeño, pero con capacidad de aportar nueva oferta en un ciclo donde los precios altos vuelven a mover proyectos que permanecieron años en pausa.