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Oro intenta sostenerse sobre US$4.300 tras alcanzar máximos de diez semanas

El oro busca consolidar su reciente recuperación tras alcanzar máximos en diez semanas, aunque enfrenta resistencia tras una toma de utilidades que lo ha llevado a niveles de US$4.380 por onza.

Oro intenta sostenerse sobre US$4.300 tras alcanzar máximos de diez semanas
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El metal precioso cerró una segunda semana consecutiva al alza, aunque la toma de utilidades frenó el impulso que lo llevó sobre US$4.400 por onza. El mercado vuelve a mirar a la Reserva Federal, el dólar y las compras de bancos centrales.

El oro intenta consolidar su recuperación después de alcanzar sus niveles más altos en cerca de diez semanas, en un mercado marcado por expectativas de una política monetaria estadounidense menos restrictiva, un dólar más débil y una renovada búsqueda de activos defensivos.

El metal terminó la última sesión de la semana alrededor de US$4.380 por onza en el mercado de futuros, mientras el oro al contado se movió cerca de US$4.380. El avance permitió completar una segunda semana consecutiva de ganancias y mantener buena parte del terreno recuperado durante agosto.

La recuperación, sin embargo, perdió fuerza después de que el bullion alcanzara niveles superiores a US$4.400 por onza y aparecieran ventas para realizar ganancias. Durante la semana, el precio llegó a tocar US$4.449,39 por onza, antes de retroceder con fuerza en la sesión siguiente.

El movimiento confirma que el oro atraviesa una nueva fase de volatilidad después de varios meses de corrección desde los máximos registrados a comienzos de 2026. Para las compañías productoras, la permanencia del metal sobre los actuales niveles continúa configurando un escenario de precios históricamente altos, con efectos directos sobre márgenes, generación de caja y valorización de proyectos.

Tasas de interés vuelven al centro del mercado

El principal catalizador del último repunte ha sido el cambio en las expectativas respecto de la política monetaria estadounidense.

La Reserva Federal mantuvo en julio su tasa de referencia en un rango de 3,50% a 3,75%, mientras datos económicos posteriores moderaron las apuestas por nuevas alzas en el corto plazo. Las últimas cifras de inflación y actividad redujeron la presión para un endurecimiento monetario inmediato.

Ese escenario es especialmente relevante para el oro.

A diferencia de bonos o depósitos, el metal no entrega intereses. Por ello, cuando las tasas y los rendimientos reales aumentan, mantener oro tiene un mayor costo de oportunidad. En sentido contrario, una expectativa de tasas estables o menores suele mejorar su atractivo relativo dentro de las carteras de inversión.

El mercado también ha recibido apoyo desde el dólar. Un debilitamiento de la moneda estadounidense abarata el oro para compradores que operan en otras divisas y normalmente fortalece la demanda financiera por el metal.

Durante agosto, esa combinación permitió que el oro avanzara cerca de 10% desde niveles próximos a US$4.000 por onza, recuperando rápidamente parte de las pérdidas acumuladas desde comienzos de año.

Compras de bancos centrales mantienen un piso estructural

Más allá de la volatilidad de corto plazo, uno de los factores que continúa modificando el mercado global del oro es la política de reservas de los bancos centrales.

Una encuesta realizada durante 2026 mostró que 45% de los bancos centrales consultados espera aumentar sus propias reservas de oro durante los próximos doce meses, la proporción más alta registrada en este indicador. Además, 89% considera que las reservas oficiales mundiales de oro aumentarán en ese período.

Esta tendencia responde a una estrategia de diversificación de reservas internacionales que se ha profundizado durante los últimos años.

Los bancos centrales han acumulado en promedio cerca de 1.000 toneladas anuales durante los últimos cuatro años, aproximadamente el doble del promedio observado durante la década anterior.

El comportamiento no ha sido completamente lineal durante 2026 y las estimaciones sobre compras oficiales han experimentado ajustes, pero el oro continúa ocupando un lugar relevante en la estrategia de diversificación de varias autoridades monetarias.

La demanda global total, incluyendo operaciones extrabursátiles, llegó a 1.269 toneladas durante el segundo trimestre de 2026, mientras que en el primer semestre alcanzó 2.522 toneladas, un aumento de 2% frente al mismo período del año anterior.

Qué significa un oro sobre US$4.000 para las mineras

Para la industria extractiva, la variable central no es únicamente si el metal puede volver a máximos históricos, sino cuánto tiempo puede mantenerse en niveles elevados.

Un precio sobre US$4.000 por onza cambia significativamente la economía de numerosos activos auríferos. Operaciones con mayores costos pueden generar márgenes que anteriormente eran difíciles de alcanzar, mientras proyectos en etapas de exploración, prefactibilidad o factibilidad pueden mejorar sus indicadores económicos.

También aumenta la capacidad de las compañías productoras para financiar exploración, reducir deuda, ampliar operaciones o distribuir capital a sus accionistas.

El efecto se extiende hacia los proveedores mineros.

Un ciclo prolongado de precios altos normalmente incentiva campañas adicionales de perforación, expansión de plantas, renovación de equipos, desarrollo de infraestructura y contratación de servicios especializados, particularmente en jurisdicciones con proyectos auríferos relevantes.

Para América Latina, donde países como Argentina, Perú, México, Brasil y Chile mantienen operaciones y proyectos de oro, la evolución de la cotización puede modificar decisiones de inversión durante los próximos trimestres.

El desafío ahora es consolidar la recuperación

El mercado todavía enfrenta una zona técnica relevante alrededor de US$4.400-US$4.500 por onza. La reciente toma de utilidades después de aproximarse a esos niveles muestra que existe resistencia antes de que el oro pueda extender nuevamente su trayectoria alcista.

La magnitud de la recuperación también obliga a considerar posibles correcciones. El oro acumuló aproximadamente 8% de avance en las últimas dos semanas, después de haber permanecido durante varias jornadas cerca de US$4.000.

Los próximos movimientos estarán condicionados principalmente por las señales de la Reserva Federal, la evolución de los rendimientos de los bonos estadounidenses, el dólar y la percepción de riesgo geopolítico.

La publicación de las minutas de la reunión de julio de la Fed será uno de los próximos puntos de atención, especialmente después de que tres integrantes del organismo respaldaran una subida de tasas en esa reunión. Los mercados continúan ajustando sus posiciones entre la posibilidad de mantener el costo del dinero sin cambios y el riesgo de una política más restrictiva si reaparecen presiones inflacionarias.

Para la minería aurífera, la señal relevante es que, incluso después de la corrección desde los máximos alcanzados a comienzos de 2026, el oro permanece en niveles que sostienen una economía favorable para gran parte de la industria.

La discusión inmediata ya no está solamente en cuánto subió el metal durante agosto, sino en si el mercado puede transformar este rebote de diez semanas en una base de precios más estable. De lograrlo, el escenario podría mantener elevada la generación de caja de los productores y reactivar decisiones de inversión en proyectos que requieren precios altos para avanzar hacia construcción.