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Oro monetario supera los US$1.200 millones: Banco Central refuerza reservas en medio de incertidumbre global

Oro monetario se ha convertido en uno de los ejes más relevantes de la estrategia del Banco Central de Chile en 2026, luego de que la entidad elevara sus…

Oro monetario supera los US$1.200 millones: Banco Central refuerza reservas en medio de incertidumbre global
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Oro monetario se ha convertido en uno de los ejes más relevantes de la estrategia del Banco Central de Chile en 2026, luego de que la entidad elevara sus reservas por sobre los US$1.200 millones, marcando un giro significativo en la gestión de activos internacionales. La cifra, que alcanzó US$1.268 millones en marzo, refleja una aceleración inédita en la compra del metal, en un contexto internacional tensionado por riesgos geopolíticos, presiones inflacionarias y volatilidad energética. El movimiento no solo responde al alza del precio del oro, sino también a una redefinición estructural en la composición de reservas, alineada con tendencias globales donde los bancos centrales han incrementado su exposición a activos considerados refugio. La decisión, adoptada por el Consejo del instituto emisor en febrero, apunta a fortalecer la resiliencia financiera del país ante escenarios externos cada vez más complejos, en los que factores como el conflicto en Medio Oriente y la estabilidad del dólar adquieren un rol determinante.

Cambio estructural en la estrategia de reservas

El incremento observado en el primer trimestre del año evidencia un cambio profundo respecto de décadas anteriores. Entre 1982 y 1999, el Banco Central mantenía en promedio US$583 millones en reservas de oro, cifra que posteriormente disminuyó de forma sostenida durante los años 2000. Sin embargo, la tendencia comenzó a revertirse gradualmente hasta llegar a un punto de inflexión en 2026.

Solo en febrero, las reservas superaron los US$1.000 millones, mientras que en marzo se sumaron compras por US$160 millones adicionales. Este salto responde a una evaluación técnica del portafolio de activos internacionales, donde se identificaron cambios en las correlaciones entre instrumentos financieros tradicionales. En ese escenario, la incorporación de oro permite mejorar la diversificación y reducir la exposición a riesgos sistémicos.

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El propio Banco Central ha subrayado que el oro cumple un rol estratégico como activo de refugio, especialmente en períodos de estrés financiero. Esta característica lo posiciona como un componente clave en la protección del valor de las reservas frente a shocks externos, una lógica que también se observa en otras economías avanzadas y emergentes.

Precio del oro y presión internacional

El fortalecimiento de la posición en oro coincide con un ciclo alcista del metal. Durante el primer trimestre de 2026, el precio promedió US$4.863 por onza, lo que implica un aumento de 75% respecto del mismo período del año anterior. Este repunte ha sido impulsado por una combinación de factores, entre ellos la incertidumbre geopolítica y la búsqueda global de activos seguros.

En paralelo, los bancos centrales han intensificado su participación en el mercado del oro. Según datos del Consejo Mundial del Oro, estas instituciones representaron cerca del 25% de la demanda total en 2024, duplicando el nivel registrado entre 2015 y 2019. En febrero de este año, las compras netas alcanzaron 27 toneladas, consolidando una tendencia sostenida.

Este fenómeno responde, en parte, a la necesidad de diversificar reservas más allá del dólar estadounidense. Si bien la moneda norteamericana mantiene su rol predominante, analistas advierten una gradual erosión de su condición como refugio exclusivo, en medio de presiones fiscales y cambios en la política económica de Estados Unidos.

Factores geopolíticos y proyecciones

El contexto internacional ha sido determinante en la decisión del Banco Central. La tensión en Medio Oriente, particularmente los riesgos asociados al estrecho de Ormuz, ha incrementado la volatilidad en los mercados energéticos y financieros. Aunque no constituye la causa principal, este factor refuerza la conveniencia de aumentar la exposición al oro.

Expertos coinciden en que la estrategia chilena se alinea con una tendencia global. La demanda por activos defensivos ha crecido en respuesta a un entorno marcado por conflictos, inflación persistente y mayor incertidumbre macroeconómica.

Hacia adelante, se proyecta que el Banco Central mantendrá una política prudente de acumulación de oro, sin necesariamente establecer un ritmo constante de compras mensuales. La continuidad de esta estrategia dependerá de la evolución del escenario internacional y de la necesidad de seguir fortaleciendo la diversificación del portafolio.

En este contexto, el oro se consolida como una herramienta clave en la gestión de reservas, no solo por su valor intrínseco, sino también por su capacidad de actuar como cobertura frente a riesgos sistémicos, reafirmando su rol histórico en momentos de incertidumbre global.

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