Las celdas solares de perovskita dieron un salto concreto con un resultado que ya compite en la primera línea: 25,2% de eficiencia certificada en laboratorio. El hito fue comunicado el 16 de septiembre de 2025 por el equipo liderado desde IMDEA Nanociencia en Madrid, con un enfoque que no se limita al récord, sino a un problema que viene frenando a esta tecnología: la estabilidad en el tiempo.
Qué logró IMDEA y por qué el 25,2% mueve el tablero
La investigación reporta una eficiencia certificada del 25,2% (muy cerca del récord mundial citado en el mismo reporte) y, además, un módulo de 25 cm² que alcanza 22,1%. En un campo donde el rendimiento suele caer al escalar el tamaño, ese dato es parte central del avance. Los resultados y el diseño del material quedaron resumidos en la nota oficial de IMDEA Nanociencia.
La pieza clave: spiro-fenotiazinas para transportar carga
El salto no se atribuye a “más perovskita”, sino a un componente interno de la celda: los materiales de transporte de huecos. El equipo desarrolló una familia de compuestos (spiro-fenotiazinas) y destacó una variante (PTZ-Fl) por su desempeño. Según IMDEA, estas celdas alcanzan 25,8% en mediciones del grupo y 25,2% en certificación, con mejoras simultáneas en estabilidad.
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Durabilidad: los números que buscan destrabar la comercialización
La promesa de la perovskita lleva años instalada, pero su talón de Aquiles ha sido la degradación. En este caso, los datos reportados incluyen:
80% del rendimiento conservado tras más de 1.000 horas de operación continua en condiciones estándar de prueba.
95% de la eficiencia mantenida tras 3.600 horas bajo condiciones exigentes (protocolo ISOS-D-1).
Resistencia de más de 1.100 horas de funcionamiento bajo iluminación sin degradación, según el mismo reporte.
El propio Nazario Martín, citado por IMDEA, remarca el contraste con el mercado actual: “las células solares comerciales de silicio” rondan “apenas un 18% de eficiencia”.
El “muro” chino: sobrecapacidad, precios y exportaciones récord
La discusión tecnológica ocurre dentro de una industria con un líder difícil de desplazar. Reuters describe que China concentra cerca del 80% de la capacidad mundial de producción de módulos y que la sobreoferta presionó los precios con fuerza: los paneles en China cayeron 42% en 2023, en un escenario donde la capacidad anual de producción de módulos habría llegado a 861 GW, frente a 390 GW de instalaciones globales en 2023. Ese cuadro de exceso de oferta y precios a la baja está detallado en el reporte de Reuters sobre la crisis de sobrecapacidad solar en China.
En exportaciones, el volumen también es masivo: China envió 235,93 GW de módulos en 2024, 13% más que en 2023 (207,99 GW), de acuerdo con datos aduaneros consolidados por InfoLink. La cifra está publicada en el informe de InfoLink sobre exportaciones chinas de módulos en 2024.
Por qué este avance importa para Chile y el negocio solar
El punto no es que la perovskita “reemplazó” al silicio mañana, sino que empieza a mostrar condiciones que la industria exige para escalar: eficiencia alta, módulo con buen desempeño y métricas de estabilidad más defendibles.
En Chile, donde el parque fotovoltaico y la discusión de costos ya están instalados en empresas y hogares, el interés por tecnologías que mejoren rendimiento o abran nuevos formatos (ligeros, semitransparentes o integrables) convive con la presión de precios de los equipos importados. Para dimensionar el escenario local y el ángulo de costos, se puede cruzar con claves de ahorro y adopción de paneles solares en empresas y con el contexto de despliegue regional en capacidad solar fotovoltaica acumulada en Chile.
Qué falta para pasar del récord a un panel competitivo
Los propios antecedentes del sector muestran que el salto entre laboratorio y mercado no es automático. En la práctica, el desafío se concentra en:
Escalar fabricación sin perder eficiencia (pasar de celda a módulos más grandes).
Sostener estabilidad por periodos más largos bajo condiciones reales.
Asegurar consistencia industrial (rendimientos, defectos y repetibilidad).
Competir en costos en un mercado donde el precio está marcado por sobrecapacidad y exportaciones masivas.
Resolver cuellos de materiales y metalización, en una cadena donde los insumos también están bajo presión, como muestra el debate por metales críticos en fotovoltaica y su impacto en costos, abordado en la tensión por el uso de plata y el giro hacia cobre en paneles solares.








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