La plata volvió a tensionar a la cadena solar en medio de un mercado extremadamente volátil: el metal llegó a caer con fuerza y se ubicó en torno a US$77 por onza en la sesión del 5 de febrero de 2026, tras tocar un mínimo intradía cercano a US$72, de acuerdo con un reporte de Reuters. Para una industria que compite por centavos por watt, este tipo de movimientos reabre el mismo problema: la plata no solo encarece, también introduce incertidumbre en costos y contratos. En el seguimiento local del precio de la plata (XAG/USD), la volatilidad ya se traduce en un factor de riesgo para múltiples industrias, incluida la fotovoltaica.
Por qué la plata pesa en cada watt solar
El uso de plata en la fotovoltaica no es marginal: es parte de la metalización que permite “conectar” eléctricamente la celda y extraer corriente con bajas pérdidas. En la hoja de ruta técnica del sector, el International Technology Roadmap for Photovoltaics (ITRPV) advierte que el metal seguirá siendo “crítico” por su impacto en costos y por la dependencia del mercado global, y entrega métricas concretas de consumo por tecnología. En su edición 2024, disponible a través de VDMA y el ITRPV, el reporte sitúa el consumo mediano a nivel de celda en torno a 9,6 mg/W para PERC (2023), mientras que TOPCon se ubica alrededor de 15 mg/W y heterounión (SHJ) cerca de 19 mg/W. El mismo documento dimensiona el volumen agregado: 500 GW de celdas PERC en 2023 implicaron cerca de 5.750 toneladas de plata, equivalente a aproximadamente 18% del suministro mundial de plata de ese año, según el propio ITRPV.
Menos plata por diseño: la carrera del “thrifting” industrial
La respuesta técnica dominante no parte reemplazando de inmediato el metal, sino usando menos. La reducción de pasta conductora y el afinamiento de líneas de metalización forman parte del paquete de mejoras que buscan bajar miligramos por watt sin sacrificar eficiencia.
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El ITRPV proyecta que esta reducción continúe durante la próxima década y subraya que el precio de la plata impacta directamente el costo de pastas y celdas. En términos prácticos, eso empuja a fabricantes y proveedores a optimizar procesos, pantallas, formulaciones y patrones de impresión para contener el consumo específico por tecnología.
Cobre como sustituto: lo que se puede hacer y lo que aún no está resuelto
Cuando el recorte de consumo deja de ser suficiente, aparece el reemplazo. El candidato más mencionado es el cobre, por costo y disponibilidad, aunque con desafíos de proceso y confiabilidad.
En su edición 2024, el ITRPV señala explícitamente la sustitución parcial o total de plata por cobre mediante tecnologías de “plating” (deposición), e incluso alternativas como cobre recubierto, pero advierte un punto clave: no está introducido con una participación relevante en producción masiva. Es decir, el reemplazo existe a nivel de desarrollo y escalamiento selectivo, pero aún no domina la manufactura global.
Desde el ángulo chileno, el trasfondo es directo: el cobre ya es un insumo transversal de la electrificación. En usos energéticos —incluida la infraestructura asociada a renovables—, el metal mantiene un rol estructural, como se detalla en los principales usos del cobre y en su condición de material clave para economía y sostenibilidad, donde se repasa por qué es el conductor más importante después de la plata en aplicaciones eléctricas según esta guía sobre el cobre.
Reciclaje: la otra vía para aliviar la presión sobre la plata
La presión por costos y suministro también está acelerando el foco en recuperación de metales desde paneles al final de su vida útil. En el plano técnico, la evidencia académica ya muestra rutas con tasas de recuperación muy altas: un estudio publicado en Waste Management reporta que, bajo condiciones optimizadas, la lixiviación y precipitación de plata desde paneles fotovoltaicos puede alcanzar cerca de 99% de recuperación, utilizando un sistema de solventes eutécticos profundos, según ScienceDirect.
Este tipo de resultados no equivale automáticamente a despliegue industrial a gran escala, pero sí pone el foco en un punto inevitable para la cadena solar: el volumen de módulos instalados que llegará a fin de vida en los próximos años convierte el reciclaje en un componente cada vez más estratégico para recuperar plata, aluminio, vidrio y otros materiales.
Qué está moviendo el mercado en 2026 y por qué importa a la fotovoltaica
El episodio de precios del 5 de febrero dejó una señal adicional: el mercado de metales preciosos puede moverse por dinámicas financieras además de oferta y demanda industrial. Reuters atribuyó la caída de la plata a liquidaciones asociadas a un entorno “risk-off”, dólar más fuerte y presión en equities, además de destacar que la volatilidad se mantiene elevada y que bancos como JP Morgan ven a la plata expuesta a correcciones más profundas en jornadas de aversión al riesgo.
Para la industria solar, el efecto práctico es menos narrativo y más contable: cuando la plata oscila con fuerza, la gestión de compras, coberturas y costos unitarios se vuelve más compleja, reforzando el incentivo a reducir consumo específico y, donde sea viable, avanzar hacia alternativas de metalización.
Puntos clave que hoy marcan el diseño y los costos de los paneles
La plata sigue siendo un componente “cost critical” en la fabricación de celdas por su rol en metalización y por su dependencia del mercado global, según el ITRPV.
La reducción de plata por watt (más eficiencia en el uso del metal) es la primera línea de respuesta técnica.
El cobre aparece como sustituto relevante en desarrollo, pero el propio ITRPV indica que el “plating” aún no domina la producción masiva.
El reciclaje de módulos en fin de vida avanza con procesos que ya reportan recuperaciones cercanas al 99% en literatura científica, abriendo una vía adicional para recuperar plata desde la “minería urbana”.