
El precio del níquel vuelve al centro de las proyecciones globales en medio de un escenario marcado por tensiones geopolíticas y ajustes en la oferta. Un reciente informe de la firma BMI elevó su estimación para 2026 hasta los US$16.600 por tonelada, en un contexto donde la guerra en Irán y las restricciones productivas en Indonesia están comenzando a influir en el mercado. Aunque el nuevo cálculo supera los US$15.800 proyectados anteriormente, la consultora advierte que el persistente superávit global seguirá limitando alzas sostenidas. Este escenario refleja una dualidad: factores externos que presionan al alza, pero fundamentos estructurales que contienen el rally. En paralelo, los futuros a tres meses en la Bolsa de Metales de Londres mostraron una leve recuperación, alcanzando los US$18.250 por tonelada, tras un incremento acumulado cercano al 3% en las últimas sesiones. Sin embargo, el comportamiento de mediano plazo seguirá condicionado por la evolución de la oferta asiática y el impacto indirecto de conflictos energéticos en los costos de producción.
Indonesia redefine el equilibrio global del níquel
El rol de Indonesia sigue siendo determinante para el mercado. El país, principal productor mundial, continúa expandiendo su capacidad, con una proyección de crecimiento del 9,8% en la producción de níquel refinado para 2026, tras un aumento del 9% en 2025. Este dinamismo ha sido clave en la generación de un superávit global que, según BMI, alcanzaría unas 324.000 toneladas el próximo año.
No obstante, las recientes decisiones del gobierno indonesio apuntan a moderar esa sobreoferta. La fijación de cuotas de extracción entre 260 y 270 millones de toneladas métricas húmedas para 2026 —por debajo de las 379 millones del año anterior— ha mejorado las expectativas del mercado. A esto se suma un factor crítico: la dependencia del azufre importado desde Medio Oriente, insumo clave en procesos como la lixiviación ácida a alta presión.
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Las interrupciones logísticas derivadas del conflicto en Irán ya han comenzado a impactar. Reportes del mercado indican que algunas plantas en Indonesia han reducido su producción en al menos un 10% debido a la escasez de este insumo, generando presión adicional sobre la oferta global.
Costos energéticos y presión fuera de Asia
El conflicto en Medio Oriente no solo afecta insumos industriales, sino también los costos energéticos globales. Este factor resulta especialmente relevante para productores de níquel fuera de Indonesia, donde las operaciones suelen ser más intensivas en costos. El encarecimiento de la energía añade presión sobre márgenes ya ajustados, reforzando el soporte de precios en el corto plazo.
En este contexto, el mercado enfrenta una estructura compleja: mientras Indonesia continúa expandiendo su producción, otras jurisdicciones enfrentan mayores dificultades para sostener competitividad, lo que podría limitar nuevas inversiones fuera del sudeste asiático.
Demanda más débil y cambios tecnológicos
Por el lado de la demanda, las perspectivas son más moderadas. BMI proyecta un crecimiento global cercano al 3% en 2026, por debajo del 5,8% estimado para 2025. Este menor dinamismo responde a una expansión más lenta en sectores clave como el acero inoxidable y la electromovilidad.
Un factor estructural relevante es el avance de tecnologías alternativas en baterías. La creciente adopción de baterías de fosfato de hierro y litio (LFP), que no requieren níquel, está reduciendo la intensidad de consumo del metal en la industria de vehículos eléctricos. Este cambio tecnológico introduce una presión de mediano plazo sobre la demanda, moderando las expectativas alcistas.
Perspectiva de largo plazo: déficit y precios al alza
Pese a las tensiones actuales, el escenario de largo plazo sigue siendo favorable para el níquel. BMI proyecta un aumento gradual del precio hasta US$19.000 por tonelada en 2030 y hasta US$22.000 hacia 2032, impulsado por un eventual déficit de mercado.
Este cambio estructural estaría respaldado por el crecimiento sostenido del acero inoxidable y la transición energética global. Sin embargo, el factor decisivo seguirá siendo Indonesia. La velocidad con que el país continúe expandiendo su capacidad de refinación determinará si el mercado logra equilibrarse o mantiene un exceso de oferta en la próxima década.












