
Demanda de cobre vuelve a instalar a China como el principal motor del mercado mundial de metales. El consumo de cobre refinado en el gigante asiático no muestra señales de alcanzar su punto máximo y podría crecer a una tasa promedio anual de 3,7% durante la próxima década, según estimaciones de China Minmetals Corp. La proyección, presentada en el marco de la Conferencia Mundial del Cobre realizada en Santiago, anticipa que el país pasará de consumir cerca de 16 millones de toneladas en 2025 a 22,95 millones en 2035, lo que implica un incremento de 43%. Este escenario se configura en un contexto donde la transición energética, la electrificación y la infraestructura digital continúan impulsando la demanda estructural del metal rojo, aun cuando factores coyunturales como los altos precios y ajustes en sectores intensivos —como la energía solar— moderan el crecimiento en el corto plazo.
Crecimiento moderado en 2026, pero con base estructural sólida
Para el corto plazo, el panorama es más acotado. De acuerdo con Zuo Haoen, director de investigación de mercado de Minmetals No Ferrosos, la demanda de cobre en China crecería apenas un 1% este año. Esta desaceleración responde principalmente a dos factores: el alto nivel de precios del cobre y una menor velocidad en el despliegue de tecnologías intensivas en este metal, especialmente en el sector solar.
Sin embargo, este menor dinamismo no altera la tendencia de fondo. El consumo estructural sigue respaldado por sectores como la electromovilidad, las redes eléctricas y la digitalización, los cuales requieren grandes volúmenes de cobre para su desarrollo. Este comportamiento se alinea con lo observado en la recuperación reciente del precio del cobre en mercados internacionales, donde las expectativas de demanda futura continúan sosteniendo las cotizaciones.
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Brecha de consumo per cápita impulsa el alza
Uno de los elementos clave detrás de la proyección de Minmetals es la brecha existente entre el consumo per cápita de cobre en China y el de economías desarrolladas. A pesar de ser el mayor consumidor mundial en términos absolutos, el país aún presenta margen para aumentar su intensidad de uso de cobre a medida que continúa su proceso de urbanización y modernización industrial.
Bajo un escenario donde esta intensidad se mantenga o incluso aumente, el crecimiento del consumo podría superar el 50% en la próxima década. Este factor es determinante, ya que implica que la demanda no solo estará impulsada por el tamaño de la economía, sino también por cambios estructurales en su matriz productiva.
Implicancias para la oferta global y la inversión minera
El crecimiento proyectado por China plantea desafíos relevantes para la industria minera global, particularmente en términos de oferta. La necesidad de nuevos proyectos y expansiones se vuelve crítica para evitar déficits estructurales en el mediano plazo, un fenómeno que ya se discute en la industria, como se refleja en el análisis sobre el aumento de la inversión exploratoria en cobre.
Además, la presión sobre el suministro se ve acentuada por factores geopolíticos y restricciones operativas en distintos mercados, lo que añade incertidumbre sobre la capacidad de respuesta de la oferta. En este contexto, el cobre consolida su rol como un mineral estratégico, clave tanto para la transición energética como para la seguridad económica de las principales potencias.
Proyección demográfica y demanda sostenida
La estimación de Minmetals considera una población china de aproximadamente 1.350 millones de habitantes hacia 2035. Incluso bajo un escenario de leve descenso demográfico, la demanda incremental de cobre seguiría siendo significativa, impulsada por la transformación económica del país y la creciente sofisticación de sus industrias.
Este escenario reafirma la importancia de China en la dinámica del mercado global del cobre y refuerza las expectativas de largo plazo para el metal. A su vez, se conecta con tendencias más amplias en el sector minero, como la creciente competencia por recursos estratégicos, un fenómeno también visible en la expansión de inversiones en minerales críticos a nivel global.
La evolución de esta demanda será determinante para definir el equilibrio del mercado en los próximos años, en un entorno donde la oferta enfrenta crecientes restricciones y los proyectos de gran escala requieren plazos cada vez más extensos para su desarrollo.












