
Chile es líder regional en energía solar, con más de 10.000 MW instalados. Pero ese éxito tiene fecha de vencimiento: hacia 2040 el país acumulará cerca de 284.000 toneladas de paneles al final de su vida útil, un volumen que hoy se clasifica como residuo peligroso y cuyo traslado a lo largo del territorio resulta costoso. A eso se suma la presión regulatoria de la Ley REP (Responsabilidad Extendida del Productor), que exigirá reciclar el 50% de estos materiales al décimo año de su vigencia.
Ante ese escenario, Esteban Arellano López, ingeniero y estudiante del Doctorado en Ciencias Aplicadas de la Universidad Autónoma de Chile, propone una salida inédita: extraer el silicio de los paneles desechados y convertirlo en fertilizante. La idea le valió adjudicarse el fondo Valorización de la Investigación en la Universidad (VIU) 2026 de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID).
“Los paneles al final de su vida útil no son basura, son un recurso y una oportunidad estratégica. El módulo fotovoltaico tiene muchas partes revalorizables, pero el silicio cristalino, que representa más de 175.000 toneladas del volumen proyectado, podría tener un rol fundamental como insumo para la agricultura, uno de los sectores productivos más fuertes del país”, explica Arellano.
Con un financiamiento de $36 millones, el instrumento VIU fija una hoja de ruta de un año: validar el prototipo en un entorno agrícola real y estructurar un modelo de negocios. Para el ingeniero de 40 años, dar ese salto desde el laboratorio hacia la industria es el paso clave para concretar alianzas, licenciar la tecnología o crear una spin-off de base científico-tecnológica.
De chatarra fotovoltaica a nutriente
El proyecto extrae y purifica el silicio de los paneles para combinarlo con magnesio, calcio y potasio. El resultado son minerales que fortalecen la estructura de las plantas y mejoran su absorción de nutrientes: un insumo de economía circular pensado para el campo chileno.
El proceso se desarrolla en cuatro fases. Primero, los paneles se desmantelan física y térmicamente a 500 °C para separar los marcos de aluminio y los circuitos. Luego, las celdas pasan por un lavado químico, mediante lixiviación y precipitación, que permite extraer y purificar el silicio. En la tercera etapa, ese silicio se transforma en silicatos minerales en forma de polvo fino o granulado. Por último, el nuevo nutriente se aplicará en cultivos reales para comprobar si fortalece las plantas, aumenta su resistencia al estrés ambiental y mejora las cosechas.
“La revalorización de paneles fotovoltaicos se convertirá en un aporte muy importante para la industria del país, porque permite recuperar materiales valiosos y disminuir fuertemente los impactos ambientales”, sostiene el investigador.






