
La amenaza sobre las exportaciones de energía del Golfo dejó de ser un riesgo teórico. Este viernes 6 de marzo, en un reporte de Reuters, el ministro de Energía de Qatar, Saad al-Kaabi, advirtió que si la guerra con Irán continúa “por unas pocas semanas”, todos los exportadores energéticos de la región deberán declarar fuerza mayor. El funcionario añadió que el petróleo podría llegar a US$150 por barril en dos a tres semanas y que el gas escalaría a US$40 por millón de BTU, con impacto directo sobre el crecimiento mundial, escasez de productos y presión sobre las cadenas industriales.
Qatar ya paralizó desde el lunes su producción de gas natural licuado, equivalente a cerca de 20% de la oferta global, luego de los ataques iraníes contra países del Golfo. Ese freno abrió un nuevo frente sobre el mercado físico del gas y se suma a las claves del golpe sobre Ras Laffan y el GNL, donde el mayor complejo exportador catarí quedó en el centro del conflicto.
Qué dijo Qatar y por qué la advertencia endurece el escenario
La señal de Doha cambia el tono del mercado porque ya no se trata solo de volatilidad financiera. Al-Kaabi sostuvo que “todos los exportadores en la región del Golfo tendrán que declarar fuerza mayor” si el conflicto sigue avanzando. También advirtió que, incluso si la guerra terminara de inmediato, Qatar tardaría “de semanas a meses” en volver a un ciclo normal de entregas.
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Eso instala un riesgo doble: menos oferta disponible y una recuperación mucho más lenta que la reacción inicial de los precios. En paralelo, el ministro reconoció que la expansión de North Field, el proyecto con el que QatarEnergy buscaba elevar capacidad de GNL desde mediados de 2026, sufriría retrasos si la crisis se extiende.
Ormuz vuelve a ser el cuello de botella que define el mercado
El problema no está solo en la producción, sino en la salida marítima. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, el Estrecho de Ormuz movió en 2024 más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo, cerca de una quinta parte del consumo global de petróleo y derivados y alrededor de una quinta parte del comercio global de GNL.
La dependencia asiática es todavía más marcada. El mismo organismo estima que 84% del crudo y condensado y 83% del GNL que cruzaron Ormuz en 2024 tuvieron como destino Asia. Por eso, el shock no se limita al Golfo: alcanza a grandes importadores como China, India, Japón y Corea del Sur, y ya había quedado reflejado en el mapa de países más expuestos al cierre de Ormuz.
El impacto ya se traslada a petróleo, gas y transporte
Antes de esta advertencia, el mercado ya venía reajustando el riesgo geopolítico. En el seguimiento de la crisis sobre los mercados energéticos globales se observa cómo el conflicto empujó al alza el petróleo, el gas y los costos logísticos, mientras la presión potencial sobre bencinas y fletes en Chile ya empezó a tomar forma a medida que el tránsito por el estrecho quedó restringido.
Si la interrupción se prolonga, el canal de transmisión es directo:
menor oferta exportable desde el Golfo
más costo de seguros y transporte marítimo
presión alcista sobre petróleo, gas y refinados
riesgo de escasez para importadores de Asia y Europa
retrasos en proyectos de expansión de GNL y en entregas físicas
Chile queda expuesto por precio internacional y costos logísticos
Para Chile, el riesgo no pasa por una dependencia directa de Qatar, sino por el precio internacional del barril y su efecto sobre importaciones, combustibles y tipo de cambio. En el detalle sobre el alza del petróleo y las compras chilenas de crudo en 2024 se muestra que el país importó 8,9 millones de toneladas el año pasado, de modo que un shock prolongado en Ormuz tiende a filtrarse rápido al costo de la energía y del transporte.
La advertencia de Qatar, por eso, no apunta solo al barril. Apunta al sistema completo: producción, tránsito marítimo, contratos de suministro, precios del gas y capacidad de respuesta de las economías que dependen de energía importada.