
El cierre del estrecho de Ormuz ya golpea al mercado energético y deja a Asia como la región más comprometida por su dependencia de las importaciones de petróleo y gas que cruzan este corredor. La interrupción, confirmada por un comandante de la Guardia Revolucionaria iraní, presiona a los principales importadores y empuja los precios: el Brent quedó casi un 10% por encima de su nivel previo al conflicto, cerca de USD 80 por barril, con proyecciones sobre USD 100 si la situación se prolonga, según un reporte publicado este 3 de marzo.
Qatar, uno de los mayores productores mundiales de gas natural licuado (GNL), paralizó operaciones tras ataques con drones a instalaciones en Ras Laffan y Mesaieed, elevando el riesgo de suministro: se estima que 20% de las exportaciones globales de GNL, principalmente desde Qatar y transportadas por el estrecho, quedan en riesgo tras la ofensiva iraní reportada por medios de ese país. En paralelo, se estima que por Ormuz circularon en 2025 13 millones de barriles diarios de crudo, equivalente al 31% del comercio marítimo mundial de petróleo, según cálculos de Kpler.
Los países más afectados: foco en Asia y dependencia del Golfo Pérsico
La exposición se concentra en economías que importan energía desde el Golfo y tienen poco margen de sustitución inmediata:
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Tailandia, India, Corea y Filipinas aparecen entre los más vulnerables ante un alza del petróleo, por su alta dependencia importadora.
Pakistán y Bangladesh quedan en la primera línea del riesgo por su dependencia del GNL de Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
China, Japón y Corea del Sur enfrentan presión por su elevada dependencia del crudo del Golfo y por el efecto macro de un encarecimiento sostenido.
Taiwán figura entre las economías más expuestas a shocks de suministro por su dependencia energética.
Malasia aparece como excepción relativa por su condición de exportador de energía.
En palabras de analistas citados por Nomura: “En Asia, Tailandia, India, Corea y Filipinas son los más vulnerables a un aumento del precio del petróleo, debido a su alta dependencia de importaciones, mientras que Malasia se beneficiaría relativamente porque es exportador de energía”.
Sur de Asia: Pakistán y Bangladesh en alerta por el GNL de Qatar y Emiratos
La dependencia es extrema y el margen operativo es bajo. Según Kpler: “Qatar y los Emiratos representan el 99% de las importaciones de GNL de Pakistán, el 72% de las de Bangladesh y el 53% de las de India”.
Katayama, analista citado por los informes energéticos, lo planteó así: “Pakistán y Bangladesh tienen una capacidad muy limitada para almacenar o cambiar de proveedor, así que una interrupción del flujo probablemente lleve a apagones inmediatos en el sector eléctrico más que a una disputa agresiva en los mercados al contado”.
En el caso de Bangladesh, la fragilidad se agrava por un déficit estructural: enfrenta una falta de gas con un déficit superior a 1.300 millones de pies cúbicos diarios, según el Institute for Energy Economics and Financial Analysis.
India: shock doble por petróleo y contratos de GNL indexados al Brent
El impacto descrito para India combina interrupción física y encarecimiento financiero: “Más de la mitad de sus importaciones de GNL están vinculadas al Golfo y una gran parte tiene precio referenciado al Brent, por lo que una suba en Hormuz aumentaría simultáneamente los costos del petróleo y del GNL. Eso genera un ‘shock’ físico y financiero a la vez”, señaló Katayama.
Más allá del gas, alrededor del 60% del petróleo que importa India llega desde Medio Oriente, lo que amplifica el riesgo sobre su saldo de cuenta corriente.
China: mayor flexibilidad por reservas, pero presión por sustitución de suministros
China también queda alcanzada por el bloqueo: es el mayor importador mundial de crudo y adquiere más del 80% del petróleo iraní, según cifras de Kpler. De acuerdo a proyecciones de UBP, cerca del 40% del petróleo importado por China pasa por Ormuz, y aproximadamente el 30% de su GNL proviene de Qatar y Emiratos Árabes.
Katayama lo resume así: “China está expuesta materialmente, pero cuenta con mayor flexibilidad”. Esa flexibilidad se apoya en inventarios: a fines de febrero, las existencias de GNL registraban 7,6 millones de toneladas. El mismo analista advierte que, si la interrupción se prolonga, “China tendría que competir por cargamentos del Atlántico, lo que apretaría la oferta en la cuenca del Pacífico y podría intensificar la puja de precios en toda Asia, aun si Beijing evita cortes totales”.
Según un análisis de Rystad Energy, el aumento de cargamentos de crudo saudita y los reservorios estratégicos de petróleo de países como China podrían mitigar temporalmente el impacto. UBP sostiene que China, pese a ser el mayor importador neto de energía en la región, no es necesariamente el país más expuesto al shock de abastecimiento.
Japón y Corea del Sur: alta dependencia del crudo del Golfo y reservas ajustadas
La dependencia del petróleo del Golfo es marcada: el 75% de las importaciones de Japón y el 70% de las de Corea del Sur provienen de Medio Oriente, según UBP. En GNL, la exposición es menor (14% en Corea y 6% en Japón), pero el riesgo no se limita a la escasez.
Lim, jefe de macro y FX para Asia-Pacífico en Convera, lo expresó así: “Las economías con alta dependencia de importaciones de energía como Japón, Corea y Taiwán se exponen más a los shocks de suministro”.
Además, sus reservas aparecen acotadas frente a una disrupción prolongada: Corea acumula 3,5 millones de toneladas de GNL y Japón 4,4 millones, cifras que cubren solo entre dos y cuatro semanas de demanda estable, según Kpler. En el plano macro, los costos de importación de crudo en Corea representan el 2,7% de su PIB, y Nomura identificó al país entre los más vulnerables en cuenta corriente.
Sudeste asiático: inflación importada y Tailandia como caso más expuesto
En el sudeste asiático, el efecto inicial señalado es la inflación por el encarecimiento de la energía. Katayama explicó que los países que dependen del suministro spot de GNL enfrentarán subas pronunciadas al competir con Europa por cargamentos del Atlántico.
Para Tailandia, el diagnóstico es especialmente severo: “Tiene el mayor nivel de importaciones netas de petróleo en Asia, equivalentes al 4,7% de su PIB, y cada salto del 10% en el valor del petróleo empeora la cuenta corriente en 0,5 puntos porcentuales”, concluyó Nomura.
En este escenario, el impacto se amplifica por la tensión en el GNL desde Qatar y por el canal de precios del crudo, un cuadro que ya había quedado en el centro del mercado con episodios recientes de volatilidad en Ormuz y en instalaciones clave como Ras Laffan, revisados en este análisis sobre el estrecho y el complejo gasífero qatarí. En el trasfondo, el mercado ya operaba con referencias de precio y oferta que habían sido seguidas en reportes previos sobre el rango del Brent entre US$65 y US$80 bajo tensión geopolítica, mientras el mapa del gas mantiene como telón de fondo la expansión proyectada de capacidad global de GNL hacia 2030 y el peso creciente de proveedores alternativos como Estados Unidos, que en 2024 registró un récord de exportaciones de GNL de 86,9 millones de toneladas.












