El economista puso en duda el tono del balance interno presentado por la estatal y abrió una discusión sobre gestión, seguridad, planificación y responsabilidad en medio de una etapa crítica para la principal minera del país.
Jorge Quiroz instaló un cuestionamiento directo al método con que Codelco está evaluando su propia gestión reciente. Durante su intervención, el economista planteó que el relato expuesto por la administración parecía concentrarse en explicar los problemas por factores heredados o externos, sin explicitar con claridad errores propios ni responsabilidades internas.
La pregunta apuntó al corazón del debate que hoy cruza a la estatal: cuánto de sus actuales tensiones responde a condiciones recibidas, al contexto internacional o a la pandemia, y cuánto corresponde a decisiones, planificación, ejecución y control de gestión dentro de la propia compañía.
“¿No hay ninguna crítica? ¿La administración no se hace ninguna crítica de nada?”, preguntó Quiroz, luego de enumerar una serie de argumentos expuestos sobre el estado en que se recibió la empresa, el valle productivo, el alza de costos, las mejoras en planificación y las relaciones laborales.
El foco del cuestionamiento
La intervención de Quiroz partió desde una inquietud metodológica. Según planteó, de la exposición se desprendía que Codelco habría sido recibida en una condición donde no estaba previsto un valle productivo; que la actual administración lo habría detectado oportunamente; que luego se reformularon planes; y que el aumento de costos respondería a la pandemia y a factores internacionales.
También mencionó que, bajo ese relato, los presupuestos actuales estarían más ajustados al programa y que se habrían registrado avances en las relaciones laborales.
El punto de Quiroz fue que esa secuencia dejaba poco espacio visible para una evaluación crítica de la propia administración. Su observación no negó la existencia de factores externos, pero sí puso presión sobre la necesidad de distinguir entre contexto, herencia operacional y responsabilidad de gestión.
El accidente en El Teniente también entró al debate
Quiroz también vinculó su inquietud con el tratamiento del accidente en El Teniente. Según su planteamiento, en la exposición se mencionaban medidas correctivas, pero no necesariamente una identificación explícita de problemas.
Ese matiz es relevante para una compañía minera de la escala de Codelco. En faenas de alta complejidad operacional, especialmente en minería subterránea, las medidas correctivas son una parte del proceso, pero la industria también exige claridad sobre causas, aprendizajes y brechas sistémicas.
Al poner ese punto sobre la mesa, Quiroz abrió una discusión más amplia: si Codelco está abordando sus episodios críticos solo como eventos a corregir o como señales para revisar procesos de fondo.
La respuesta de Pacheco
Máximo Pacheco recogió el cuestionamiento y calificó la pregunta como “muy pertinente”. En su respuesta, el presidente del directorio de Codelco reconoció que la estatal ha ido aprendiendo a sostener conversaciones difíciles dentro de la organización.
“Hemos aprendido algo curioso: que no es una buena idea ser soberbio”, señaló Pacheco.
Luego agregó una frase que terminó marcando el intercambio: “Nosotros hemos sido una empresa demasiado exitosa y tal vez nuestro enemigo a veces es la soberbia. Hemos aprendido a ser humildes”.
La respuesta de Pacheco no entregó un detalle técnico de errores específicos, pero sí admitió un problema cultural relevante para la minera estatal: el riesgo de que una trayectoria históricamente exitosa debilite la capacidad de autocrítica.
Por qué importa la pregunta de Quiroz
El cuestionamiento de Quiroz importa porque Codelco enfrenta una etapa donde la credibilidad de sus diagnósticos es tan importante como sus metas productivas. La estatal necesita recuperar producción, contener costos, ejecutar proyectos estructurales, fortalecer seguridad operacional y sostener relaciones laborales en divisiones estratégicas.
En ese escenario, una lectura excesivamente complaciente puede tener costos. Si los problemas se explican solo por herencias, pandemia, inflación global o condiciones externas, la compañía corre el riesgo de subestimar fallas internas de planificación, ejecución, supervisión o gobernanza.
Para la industria minera, la autocrítica no es un gesto discursivo: es una herramienta de control de riesgos, eficiencia operacional y confianza institucional.
Una señal para el gobierno corporativo
La intervención también toca un punto sensible del gobierno corporativo de Codelco. La empresa no solo debe responder por resultados operacionales, sino también por la calidad de sus diagnósticos ante autoridades, trabajadores, proveedores, comunidades y el mercado.
Cuando una compañía de la magnitud de Codelco enfrenta presión por producción, costos y seguridad, la forma en que reconoce problemas propios puede incidir en la confianza sobre sus planes futuros.
Quiroz puso el acento precisamente en esa brecha: si la administración pide confianza en lo que viene, debe mostrar también capacidad de reconocer con precisión qué no funcionó.
Qué observará la industria
El intercambio deja instalada una pregunta práctica para los próximos meses: si la autocrítica reconocida por Pacheco se traducirá en decisiones verificables dentro de la estatal.
La industria observará si Codelco avanza en mayor transparencia sobre sus desviaciones productivas, explicación de brechas operacionales, revisión de planes, gestión de seguridad y fortalecimiento de los mecanismos internos de control.
La pregunta de Quiroz no fue solo retórica. Apuntó a un tema central para el futuro de Codelco: sin diagnóstico crítico, la recuperación productiva y operacional queda expuesta a repetir los mismos errores que la empresa busca superar.