Las conversaciones entre Rio Tinto y Glencore para concretar una eventual fusión que habría reconfigurado el mapa global del cobre llegaron a su fin. Tras semanas de contactos recientes y varios intentos durante 2024 en la misma dirección, ambas compañías confirmaron que desistieron de avanzar en una operación que las habría posicionado entre los mayores productores del metal rojo a nivel mundial.
La minera anglo-australiana señaló en un comunicado que “Rio Tinto ya no está considerando una posible fusión u otra combinación de negocios con Glencore plc, ya que ha determinado que no podría llegar a un acuerdo que aportara valor a sus accionistas”. La definición puso término formal a un proceso que el mercado seguía de cerca, especialmente por su potencial impacto en la industria del cobre, en un contexto de alta demanda proyectada por la transición energética.
Desde la vereda de Glencore, el tono fue igualmente categórico. La compañía suiza sostuvo que los términos planteados en la oferta “no reflejan nuestra visión del valor relativo a largo plazo, a lo largo del ciclo”, enfatizando que la propuesta no reconocía adecuadamente el peso estratégico de su negocio cuprífero. Según detalló, el esquema consideraba que Rio Tinto mantuviera los cargos de presidente y director ejecutivo, además de una participación proforma en la entidad combinada que, a juicio de Glencore, subvaloraba de manera significativa su aporte.
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La minera añadió que la eventual adquisición “no beneficia a los accionistas de Glencore”, ya que no ponderaba correctamente su cartera de cobre ni su portafolio de proyectos de crecimiento, además de no distribuir de forma equitativa el potencial de sinergias. En ese marco, la firma remarcó que tampoco se incorporaba una prima de control adecuada, elemento clave en transacciones de esta magnitud.
Un impacto que habría reordenado el ranking del cobre
De haberse concretado, la fusión habría tenido efectos inmediatos en el liderazgo mundial del cobre. De acuerdo con cálculos de la consultora Plusmining, la producción combinada de ambas compañías en 2024 habría alcanzado 1.576 mil toneladas de cobre fino, superando a actores históricos del sector.
Esa cifra las habría situado por encima de Codelco, que reportó una producción de 1.442 mil toneladas, y de BHP, con 1.430 mil toneladas en el mismo período. El escenario habría marcado un punto de inflexión en la competencia global por el suministro del metal, especialmente relevante para países productores como Chile.
El desistimiento, sin embargo, confirma las dificultades de cerrar megafusiones en un sector donde las valoraciones, el control corporativo y el peso estratégico del cobre se han vuelto especialmente sensibles. Para el mercado, la decisión refleja que, pese al atractivo industrial de la operación, las diferencias sobre gobierno corporativo y valorización de activos siguen siendo un obstáculo decisivo incluso entre los mayores actores de la minería mundial

