
El operativo incluyó un sobrevuelo en Tierra Amarilla y revisiones al rajo y Tranque Los Diques de Candelaria, además de instalaciones de Pucobre y Atacama Kozan.
El Servicio Nacional de Geología y Minería reforzó la vigilancia sobre el socavón de Mina Alcaparrosa, en Tierra Amarilla, luego de las precipitaciones que afectaron a la Región de Atacama. La inspección incluyó un levantamiento técnico y un sobrevuelo destinado a observar el comportamiento de la cavidad y registrar su evolución después del sistema frontal.
El despliegue también alcanzó infraestructura minera estratégica del distrito de Tierra Amarilla. Los equipos fiscalizadores revisaron el rajo y el Tranque Los Diques de Minera Candelaria, el depósito de relaves de Pucobre y las instalaciones AK y El Gato de Atacama Kozan.
La intervención respondió a la necesidad de comprobar directamente las condiciones de faenas y depósitos expuestos a lluvias poco habituales para la zona. La saturación de terrenos, la infiltración de agua, la erosión superficial y la activación de quebradas pueden modificar las condiciones geotécnicas de sectores mineros, incluso después de que disminuyen las precipitaciones.
Hasta el cierre de los reportes asociados a la emergencia, las instalaciones mineras monitoreadas se mantenían sin incidentes ni anomalías estructurales informadas. En el caso del socavón de Alcaparrosa, no se difundió una nueva medición pública que permitiera establecer cambios en su diámetro o profundidad tras el temporal.
Un punto sensible desde 2022
El socavón se formó el 30 de julio de 2022 en terrenos vinculados a Mina Alcaparrosa, operación de Compañía Contractual Minera Ojos del Salado, integrante del distrito minero Candelaria.
La cavidad alcanzó aproximadamente 49 metros de diámetro y más de 60 metros de profundidad. Su aparición, a unos 900 metros del área urbana de Tierra Amarilla, generó preocupación por la cercanía con sectores habitados, la estabilidad del terreno y la relación entre las labores subterráneas y el acuífero del río Copiapó.
La investigación ambiental determinó que la explotación había intervenido sectores no autorizados y avanzado hacia las proximidades del acuífero, generando condiciones que favorecieron la infiltración y el debilitamiento del macizo rocoso.
En enero de 2025, la resolución sancionatoria de la Superintendencia del Medio Ambiente dispuso la clausura total y definitiva de Mina Alcaparrosa y aplicó una multa de 4.160 Unidades Tributarias Anuales, equivalente entonces a más de $3.360 millones.
La medida convirtió al sector en uno de los puntos de mayor sensibilidad geológica, minera y comunitaria de Atacama. Desde entonces, el seguimiento técnico no se limita a observar la superficie de la cavidad. También considera información del subsuelo, comportamiento estructural, condiciones hidrogeológicas y eventuales cambios que puedan tener implicancias para Tierra Amarilla.
Las lluvias obligan a intensificar el monitoreo
El sistema frontal introdujo una condición adicional para el análisis. En una región caracterizada por largos periodos secos, las precipitaciones intensas pueden concentrar escurrimientos en quebradas, aumentar la infiltración y movilizar material suelto acumulado en laderas y superficies intervenidas.
Esto no significa que las lluvias hayan provocado necesariamente una modificación del socavón. La fiscalización busca precisamente obtener antecedentes que permitan establecer si existieron cambios y descartar señales que requieran nuevas medidas de seguridad.
El sobrevuelo permite observar zonas que no deben ser recorridas directamente por personal debido al riesgo de desprendimientos o inestabilidad en los bordes. Las imágenes obtenidas pueden compararse con levantamientos anteriores para identificar variaciones geométricas, erosión, grietas superficiales o desplazamientos de material.
El monitoreo remoto también reduce la exposición de los equipos fiscalizadores y facilita la cobertura de sectores extensos en periodos de emergencia. Para un área como Alcaparrosa, contar con registros sucesivos resulta clave para distinguir cambios recientes de características que ya estaban presentes antes del temporal.
Fiscalización se extiende a relaves y rajos
La vigilancia no se concentró exclusivamente en el socavón. El operativo incluyó depósitos de relaves y faenas relevantes para la producción minera regional.
En Minera Candelaria fueron inspeccionados el rajo y el Tranque Los Diques. Las revisiones buscaron verificar el estado de las instalaciones y la ejecución de medidas preventivas frente a las precipitaciones.
Los fiscalizadores también visitaron el depósito de relaves de Pucobre y las instalaciones AK y El Gato de Atacama Kozan. Estas estructuras requieren control permanente de sus sistemas de conducción y drenaje, niveles operacionales, canales perimetrales y condiciones de estabilidad.
Durante un evento meteorológico, la atención se concentra especialmente en la capacidad para manejar aguas externas, evitar erosión en muros y controlar escurrimientos que puedan ingresar a las instalaciones.
El hecho de que no se hayan reportado anomalías estructurales en los depósitos monitoreados constituye un antecedente favorable, pero no elimina la necesidad de mantener la vigilancia. Algunos efectos pueden manifestarse después de las precipitaciones, cuando el agua continúa desplazándose a través del terreno o se producen nuevas activaciones de quebradas.
El valor productivo del distrito
Tierra Amarilla forma parte de uno de los distritos mineros más relevantes de Atacama. En su territorio convergen operaciones de cobre, infraestructura de procesamiento, depósitos de relaves, caminos industriales y numerosas faenas de menor escala.
Una contingencia geotécnica en esta zona puede tener efectos sobre la seguridad de trabajadores, comunidades, proveedores y rutas utilizadas por la actividad productiva. También puede obligar a restringir accesos, modificar operaciones o desplegar maquinaria y personal especializado.
La fiscalización preventiva permite identificar problemas antes de que escalen hacia una emergencia mayor. Para las compañías, implica demostrar que sus planes de contingencia están operativos y que cuentan con capacidad para responder ante aumentos de caudal, daños en caminos o alteraciones en instalaciones críticas.
Para las autoridades, el desafío consiste en integrar información minera, geológica e hidrológica. Un depósito puede encontrarse estable, pero continuar expuesto a un camino cortado, una quebrada activada o un talud cercano con riesgo de remoción en masa.
Información para Tierra Amarilla
La vigilancia sobre Alcaparrosa tiene además una dimensión comunitaria. Desde la aparición del socavón, los habitantes de Tierra Amarilla han demandado certezas sobre la estabilidad del subsuelo y los riesgos asociados a décadas de actividad minera bajo sectores cercanos a la ciudad.
Sernageomin mantiene un estudio del subsuelo urbano que incorpora análisis geofísicos, geodésicos y estructurales, además de una campaña de perforaciones. A comienzos de 2026, los sondajes habían alcanzado un avance de 72%, aunque la campaña quedó temporalmente detenida por una situación contractual con la empresa encargada de los trabajos.
Los antecedentes recopilados buscan construir una caracterización más precisa del terreno y entregar información útil para la planificación territorial y la gestión de riesgos.
El control posterior al temporal se incorpora a ese proceso más amplio. El socavón no puede analizarse como un elemento aislado, sino como parte de un territorio donde conviven labores mineras, acuíferos, infraestructura industrial y áreas urbanas.
Qué observarán las autoridades
Los próximos controles deberán determinar si las precipitaciones generaron cambios en los bordes de la cavidad, escurrimientos hacia el área o alteraciones que requieran medidas adicionales.
También será relevante la evolución de los depósitos de relaves inspeccionados y la respuesta de sus sistemas de manejo de aguas durante los días posteriores al frente meteorológico.
La emergencia dejó una señal clara para la industria minera de Atacama: las precipitaciones extremas obligan a ampliar el monitoreo más allá del periodo efectivo de lluvia. La revisión debe continuar mientras existan terrenos saturados, quebradas activas y caminos con daños.
En Tierra Amarilla, esa vigilancia adquiere una importancia adicional. El socavón de Alcaparrosa permanece como una advertencia sobre la necesidad de controlar la interacción entre minería subterránea, aguas y estabilidad del terreno, especialmente en un distrito donde las operaciones se desarrollan cerca de zonas habitadas.