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Universidad de Queensland prueba recubrimiento que reduce la corrosión del acero a 37 nanómetros por año en laboratorio

Investigadores de la Universidad de Queensland desarrollan un recubrimiento anticorrosivo innovador que promete reducir la corrosión del acero a niveles significativamente bajos en condiciones control

Universidad de Queensland prueba recubrimiento que reduce la corrosión del acero a 37 nanómetros por año en laboratorio
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El material incorpora nanocontenedores capaces de liberar un inhibidor cuando cambian las condiciones químicas asociadas a la corrosión. La tecnología fue ensayada durante hasta 39 días en solución salina y ahora sus investigadores preparan pruebas a escala piloto.

Investigadores de la Universidad de Queensland, Australia, desarrollaron un recubrimiento anticorrosivo de base acuosa que registró una tasa estimada de corrosión de 0,0000372 milímetros por año —unos 37 nanómetros— en ensayos electroquímicos de laboratorio. El sistema utiliza partículas microscópicas que almacenan benzotriazol y liberan este inhibidor cuando detectan cambios de pH asociados al inicio de procesos corrosivos, buscando mantener la protección incluso cuando la barrera superficial comienza a deteriorarse.

El resultado fue publicado el 22 de agosto de 2026 en la revista científica Small Science por un equipo encabezado por Asep Sugih Nugraha, Kwang Keat Leong, Yusuke Yamauchi, Yuan Ma y Nasim Amiralian, investigadores vinculados principalmente al Australian Institute for Bioengineering and Nanotechnology de la Universidad de Queensland. Yuan Ma pertenece además a Baoshan Iron & Steel.

La universidad compara la tasa obtenida con valores cercanos a 0,025 milímetros anuales citados para diversos recubrimientos anticorrosivos de alto desempeño, una diferencia superior a 600 veces bajo las condiciones consideradas. Sin embargo, esa comparación no implica que el nuevo material vaya a prolongar automáticamente la vida de estructuras industriales en la misma proporción: el resultado procede de ensayos controlados y todavía debe validarse a mayor escala y durante periodos prolongados.

Nanocontenedores que responden cuando cambia el entorno

La tecnología intenta resolver una de las limitaciones habituales de los recubrimientos protectores. Una pintura puede actuar inicialmente como barrera entre el acero y el ambiente, pero grietas, desgaste, impactos o defectos permiten posteriormente el ingreso de agua y agentes corrosivos.

El equipo de Queensland incorporó al recubrimiento pequeñas estructuras capaces de almacenar benzotriazol (BTA), una molécula utilizada como inhibidor de corrosión.

Su diseño combina micelas del copolímero P123, una estructura porosa denominada ZIF-8 —perteneciente a la familia de estructuras metal-orgánicas o MOF— y una cubierta de dióxido de silicio. Las micelas encapsulan inicialmente el inhibidor, mientras que ZIF-8 y la capa de sílice forman el nanocontenedor que posteriormente se integra en una matriz de poliuretano de base acuosa.

El sistema está diseñado para responder al pH. En condiciones neutras libera una proporción relativamente pequeña de su contenido, pero la liberación aumenta cuando el entorno se vuelve ácido o alcalino.

Los ensayos mostraron una liberación aproximada del 35% del benzotriazol a pH 3 y del 32% a pH 10, frente a alrededor de 4% a pH 7. La formulación alcanzó una carga de inhibidor de hasta 16,2% en peso.

Ese comportamiento permite que el agente permanezca almacenado durante condiciones normales y sea liberado con mayor intensidad cuando aparecen señales químicas vinculadas al deterioro.

39 días de exposición a una solución salina

Los investigadores aplicaron las formulaciones sobre placas de acero y evaluaron su desempeño mediante espectroscopia de impedancia electroquímica y polarización potenciodinámica.

Las muestras permanecieron durante 39 días en una solución de cloruro de sodio al 3,5%, una concentración utilizada habitualmente para evaluar resistencia frente a ambientes ricos en cloruros. Las pruebas electroquímicas se realizaron a temperatura ambiente, mientras que ensayos complementarios de inmersión se efectuaron a 30 °C.

Después de los 39 días, la formulación con mayor concentración de benzotriazol mantuvo una impedancia de aproximadamente 1,4 × 10⁷ ohm·cm² y registró una densidad de corriente de corrosión de 3,2 × 10⁻⁹ amperes por centímetro cuadrado.

A partir de esas mediciones, los investigadores calcularon una tasa de corrosión de 0,0000372 mm por año, equivalente a unos 37,2 nanómetros anuales.

También realizaron ensayos introduciendo deliberadamente un corte en el recubrimiento para exponer el metal. Las muestras fueron mantenidas durante 14 días en solución salina para observar la respuesta cuando la barrera protectora ya había sufrido daño físico.

El equipo describe el sistema como “autorregenerativo”, aunque el mecanismo debe entenderse con precisión: el recubrimiento no reconstruye físicamente una grieta como si reparara nuevamente la capa de pintura. Lo que hace es liberar de manera activa el inhibidor en la zona afectada para reducir las reacciones electroquímicas que producen corrosión.

De la prueba de laboratorio a la escala piloto

La siguiente etapa será determinar si el desempeño puede mantenerse fuera de condiciones controladas.

Nugraha indicó que el equipo prepara pruebas a escala piloto y trabaja con el objetivo de llevar la tecnología hacia un producto comercial dentro de aproximadamente cinco años.

El plazo corresponde a una meta de desarrollo y no significa que exista actualmente un revestimiento comercial certificado con una vida útil determinada.

Esa diferencia es especialmente importante porque extrapolar una tasa electroquímica obtenida durante semanas de laboratorio a décadas o siglos de servicio puede ser engañoso. Las estructuras reales están expuestas simultáneamente a radiación ultravioleta, variaciones térmicas, humedad, abrasión, esfuerzos mecánicos, contaminantes, impactos y ciclos de mantenimiento que no quedaron reproducidos integralmente en estos ensayos.

Potencial para minería e infraestructura expuesta a ambientes agresivos

La tecnología podría tener aplicaciones relevantes para minería y procesamiento de minerales si supera esa etapa de validación.

Las operaciones utilizan grandes cantidades de acero en plantas de procesamiento, estructuras, correas transportadoras, tuberías, estanques, instalaciones portuarias, equipos y sistemas de manejo de materiales. En faenas costeras o instalaciones asociadas a puertos y plantas desalinizadoras, la presencia de cloruros aumenta además la exigencia sobre los sistemas anticorrosivos.

Un recubrimiento capaz de prolongar los intervalos entre mantenimiento podría reducir intervenciones, consumo de pintura y periodos de indisponibilidad. Sin embargo, el estudio de Queensland no evaluó el material en una mina, puerto o instalación industrial en operación, por lo que esos usos permanecen como aplicaciones potenciales.

El avance está en haber combinado una pintura de base acuosa con nanocontenedores capaces de conservar y liberar de forma controlada un inhibidor, obteniendo un desempeño electroquímico considerablemente superior al recubrimiento base en condiciones salinas de laboratorio.

La prueba decisiva vendrá ahora con el escalamiento: comprobar si esos resultados pueden mantenerse sobre superficies mayores, durante años de exposición y frente al conjunto de condiciones mecánicas y ambientales que determinan la corrosión en infraestructura real.