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BMI proyecta cobre a US$17.000 la tonelada ante déficit estructural de oferta

La consultora BMI prevé que el precio del cobre podría alcanzar los US$17.000 por tonelada hacia 2034, impulsado por un déficit estructural en la oferta y una creciente demanda global.

BMI proyecta cobre a US$17.000 la tonelada ante déficit estructural de oferta

La consultora elevó sus estimaciones para el metal rojo y anticipa que el mercado avanzará hacia déficits cada vez mayores durante la próxima década, presionado por redes eléctricas, electromovilidad, centros de datos y una respuesta minera insuficiente.

El precio del cobre podría alcanzar los US$17.000 por tonelada hacia 2034, equivalente a cerca de US$7,71 por libra, en un mercado marcado por déficits estructurales y una demanda que crecería más rápido que la capacidad de las minas, fundiciones y refinerías para aumentar la oferta.

La nueva trayectoria planteada por BMI, unidad de análisis de Fitch Solutions, refuerza una señal que se ha instalado en el mercado durante los últimos años: el problema del cobre ya no estaría limitado a interrupciones temporales de producción, huelgas, accidentes o restricciones logísticas, sino a una brecha persistente entre el metal requerido por la economía mundial y los volúmenes que la industria puede incorporar.

Aunque las cotizaciones continuarán expuestas al crecimiento de China, las tasas de interés, el dólar y los ciclos industriales, el escenario de largo plazo estaría dominado por factores físicos. Entre ellos aparecen el deterioro de las leyes minerales, el envejecimiento de grandes yacimientos, los mayores costos de capital, los extensos procesos de permisos y la escasez de proyectos capaces de entrar en producción dentro de los plazos requeridos.

Déficits que se ampliarían durante la próxima década

BMI prevé que el balance mundial de cobre refinado se deteriore progresivamente, hasta aproximarse a un déficit anual de 1,5 millones de toneladas hacia mediados de la próxima década.

La magnitud resulta relevante porque representa metal que los consumidores industriales necesitarían, pero que no estaría disponible mediante la producción primaria y secundaria proyectada. En ese escenario, los inventarios actuarían como amortiguador durante un periodo limitado, antes de trasladar una presión más directa sobre los precios, las primas físicas y los contratos de suministro.

La consultora también elevó sus previsiones para los próximos años. Su estimación para 2026 se mantiene por debajo de algunas proyecciones más agresivas del mercado, pero desde 2028 adopta una visión más alcista, precisamente por la ampliación esperada del déficit.

El salto hasta US$17.000 no implica necesariamente una trayectoria lineal. El cobre puede registrar correcciones importantes frente a episodios de desaceleración económica, menor actividad manufacturera o fortalecimiento del dólar. Sin embargo, el escenario central supone que esas bajas no resolverán el desajuste estructural entre oferta y demanda.

Redes eléctricas y centros de datos cambian el consumo

La expansión de las redes eléctricas aparece como uno de los principales motores del nuevo ciclo. La electrificación requiere más líneas de transmisión, subestaciones, transformadores, sistemas de distribución y conexiones capaces de manejar una generación cada vez más descentralizada.

A esa demanda se suma la instalación de energías renovables, almacenamiento, vehículos eléctricos y nueva infraestructura de carga. Los centros de datos vinculados al crecimiento de la inteligencia artificial también están aumentando los requerimientos energéticos y obligando a ampliar redes que, en numerosos países, ya operan con restricciones.

El consumo mundial de cobre destinado a infraestructura de redes podría aumentar desde aproximadamente 12,5 millones de toneladas en 2025 hasta cerca de 14,9 millones en 2030. En electromovilidad, la demanda podría avanzar desde 1,2 millones de toneladas hasta 2,2 millones en el mismo periodo.

Estas cifras explican por qué el mercado comienza a tratar al cobre como un recurso estratégico. El metal no solo participa en la construcción tradicional y la manufactura, sino que se ha convertido en un insumo central para la seguridad energética, la digitalización y la expansión de la capacidad eléctrica.

La sustitución por aluminio puede reducir parcialmente el consumo en determinados cables y aplicaciones. No obstante, las ventajas del cobre en conductividad, resistencia, eficiencia y durabilidad limitan la velocidad y el alcance de ese reemplazo.

La oferta minera no responde con la misma rapidez

El principal riesgo se encuentra en el tiempo requerido para desarrollar nueva capacidad. Un proyecto puede tardar más de una década desde el descubrimiento hasta su entrada en operación, especialmente cuando necesita infraestructura energética, plantas desaladoras, sistemas de impulsión, caminos, puertos y extensos procesos ambientales.

Además, gran parte de la producción global proviene de operaciones maduras que enfrentan menores leyes, mayores distancias de transporte interno y un incremento sostenido en el movimiento de material necesario para obtener cada tonelada de cobre fino.

Las expansiones de faenas existentes pueden aportar volúmenes antes que una mina completamente nueva, pero muchas de ellas están diseñadas para sostener producción o compensar la caída natural de los yacimientos, no necesariamente para incrementar de manera significativa la oferta mundial.

El reciclaje también tendrá una función creciente. Sin embargo, la chatarra disponible depende del volumen de cobre instalado durante décadas anteriores, de los sistemas de recolección y de la capacidad de procesamiento. Por sí sola, la oferta secundaria difícilmente cubrirá el crecimiento proyectado en infraestructura eléctrica.

Qué implica para Chile

Para Chile, mayor productor mundial de cobre, una cotización de US$17.000 por tonelada tendría efectos relevantes sobre exportaciones, recaudación fiscal, inversión y rentabilidad de proyectos. También elevaría el valor económico de iniciativas de menor ley o con mayores exigencias de infraestructura.

El país cuenta con una amplia cartera de proyectos, pero una parte importante corresponde a reposiciones, ampliaciones o desarrollos destinados a evitar una caída de producción. El desafío industrial no consiste únicamente en aprobar nuevas inversiones, sino en ejecutarlas dentro de costos y plazos compatibles con la ventana de demanda.

Un mercado con precios altos puede facilitar decisiones de inversión, pero también encarece equipos, construcción, ingeniería, energía y servicios especializados. Durante los ciclos alcistas, la competencia por contratistas, profesionales y componentes críticos suele presionar los presupuestos de capital.

Para Codelco y las compañías privadas, el escenario refuerza la necesidad de recuperar producción, extender la vida útil de operaciones y acelerar proyectos capaces de aportar cobre durante la próxima década. También abre oportunidades para proveedores vinculados a automatización, procesamiento de minerales, eficiencia energética, agua, mantenimiento y reducción de emisiones.

Un precio alto también puede frenar la demanda

La proyección no está libre de riesgos. Precios cercanos a US$17.000 podrían incentivar sustitución, menor intensidad de uso, rediseño de productos y postergación de inversiones. También aumentarían el atractivo de la exploración, el reciclaje y el reprocesamiento de depósitos actualmente considerados marginales.

Una desaceleración prolongada de China, menor crecimiento de los vehículos eléctricos o una expansión más lenta de los centros de datos reducirían la presión esperada. Del lado de la oferta, la entrada simultánea de grandes proyectos podría moderar el déficit.

Pese a esas variables, la industria enfrenta una restricción difícil de corregir rápidamente: los yacimientos necesarios para responder a la demanda futura deben ser descubiertos, evaluados, autorizados, financiados y construidos varios años antes de que el mercado necesite el metal.

El pronóstico de BMI vuelve a colocar el foco sobre esa brecha temporal. Si la inversión minera no acelera durante los próximos años, el cobre podría ingresar a la década de 2030 con inventarios reducidos, déficits crecientes y precios suficientes para transformar la economía de proyectos que hoy permanecen detenidos, en evaluación o a la espera de permisos.