
La iniciativa proyecta recuperar una faena ubicada en la Región de Antofagasta, producir sulfato o cátodos de cobre y operar durante 12 años, con una dotación máxima estimada de 133 trabajadores.
Minera Capacho Viejo Ltda. ingresó al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental un proyecto de US$4,6 millones destinado a reactivar su faena de cobre en la comuna de Tocopilla, Región de Antofagasta. La iniciativa considera retomar la explotación subterránea y recuperar instalaciones existentes para producir sulfato de cobre cristalizado o, alternativamente, cátodos de cobre.
El proyecto se encuentra en etapa de admisión ambiental y propone desarrollar una operación de menor escala a unos 70 kilómetros al noreste de Tocopilla. Su diseño contempla una vida útil total cercana a 13 años, incluyendo cinco meses de construcción, 12 años de operación y aproximadamente un año destinado al cierre de las instalaciones.
La reactivación apunta a aprovechar infraestructura construida previamente en el área, reduciendo la necesidad de ejecutar obras completamente nuevas. El plan incluye el reacondicionamiento de instalaciones mineras y de procesamiento, junto con la incorporación de infraestructura sanitaria, espacios para residuos industriales y un galpón destinado al proceso de electroobtención.
Producción de sulfato o cátodos de cobre
Capacho Viejo considera extraer mineral mediante explotación subterránea y procesarlo a través de un circuito hidrometalúrgico. La secuencia productiva incorporará chancado, lixiviación en pilas, extracción por solventes y electroobtención, procesos utilizados para recuperar cobre desde minerales oxidados y obtener productos comercializables.
La faena tendría capacidad para producir hasta 6.000 toneladas anuales de sulfato de cobre cristalizado, con una concentración de 25% de cobre. Como alternativa operacional, podría generar hasta 1.500 toneladas anuales de cátodos, o un volumen equivalente en contenido de cobre metálico.
La flexibilidad para producir sulfato o cátodos permitirá ajustar la salida comercial de la operación a las condiciones técnicas de la planta, la disponibilidad de mineral y las características del mercado. El sulfato de cobre tiene aplicaciones industriales, agrícolas y mineras, mientras que los cátodos corresponden a un producto refinado que puede incorporarse directamente a distintas cadenas manufactureras.
Aunque los volúmenes se encuentran lejos de las cifras de la gran minería, el proyecto representa una nueva fuente potencial de producción para el segmento de la pequeña y mediana minería de la Región de Antofagasta. También podría ampliar la actividad de servicios especializados en explotación subterránea, transporte, mantenimiento, lixiviación y manejo de soluciones.
Reutilización de infraestructura existente
La iniciativa se desarrollará en un predio de aproximadamente 600 hectáreas, dentro de las pertenencias mineras Atacama III 1/30 y Atacama IV 1/30. El emplazamiento ya cuenta con instalaciones asociadas a una operación anterior, las que serán recuperadas y acondicionadas antes de iniciar la producción.
El proyecto no contempla la construcción de nuevos caminos principales de acceso. La operación utilizará la red vial existente para conectar la faena con Tocopilla y con otros puntos de abastecimiento y distribución de la Región de Antofagasta.
Este enfoque permite concentrar la inversión en la recuperación de equipos, obras mineras y sistemas de procesamiento. También reduce la superficie que tendría que ser intervenida para habilitar accesos completamente nuevos, aunque la empresa deberá demostrar durante la evaluación ambiental que las instalaciones existentes cumplen con los estándares técnicos y regulatorios exigidos para volver a operar.
Entre las nuevas obras aparece un galpón para electroobtención, proceso mediante el cual el cobre contenido en una solución es depositado sobre placas utilizando corriente eléctrica. A ello se sumarán instalaciones sanitarias y áreas específicas para almacenar, clasificar y manejar residuos industriales generados durante la construcción y la operación.
Empleo y calendario del proyecto
El cronograma presentado fija el comienzo de las obras para el 4 de enero de 2027, sujeto al avance de la tramitación ambiental y a la obtención de las autorizaciones sectoriales correspondientes. El inicio de la operación está proyectado para el 1 de junio de 2027.
Durante los cinco meses de construcción se estima una dotación máxima de 30 trabajadores. Una vez iniciada la explotación y el procesamiento del mineral, el empleo podría aumentar hasta 133 personas, mientras que la fase de cierre requeriría alrededor de 35 trabajadores.
La contratación asociada a la operación podría generar demanda por personal minero, operadores de planta, mantenedores, profesionales de procesos, especialistas ambientales, transportistas y proveedores de insumos. El efecto dependerá de la proporción de contratación local y de la capacidad de las empresas de Tocopilla y comunas cercanas para incorporarse a la cadena de abastecimiento.
Para la provincia, la eventual reactivación aporta una alternativa de actividad económica vinculada al cobre fuera de los grandes complejos mineros regionales. Las operaciones de escala intermedia pueden generar espacios para proveedores que enfrentan mayores barreras de entrada en contratos con compañías de gran tamaño.
Evaluación ambiental y antecedentes de la faena
La propuesta corresponde a una modificación de la denominada Planta de Sulfato de Cobre Pentahidratado, iniciativa que obtuvo autorización ambiental mediante la Resolución de Calificación Ambiental N.º 236 de 2006. La nueva presentación busca actualizar y habilitar las condiciones necesarias para explotar mineral propio y procesarlo en las instalaciones de Capacho Viejo.
La empresa plantea que el proyecto no produciría impactos ambientales significativos asociados al cambio climático ni efectos combinados relevantes con las amenazas climáticas identificadas para el territorio. El área declarada para la operación tampoco presenta bofedales, cursos superficiales de agua ni asentamientos humanos dentro del espacio directamente intervenido.
Estos antecedentes deberán ser revisados por los organismos públicos durante la tramitación. La evaluación también deberá examinar las medidas de control de material particulado, ruido, residuos, sustancias peligrosas, soluciones de proceso y eventuales contingencias vinculadas con la operación de las pilas de lixiviación y el circuito hidrometalúrgico.
El manejo de soluciones será uno de los componentes técnicos relevantes debido a la necesidad de evitar filtraciones y mantener control sobre los líquidos utilizados para recuperar el cobre. A ello se suma la gestión de los residuos mineros y de los materiales generados durante el reacondicionamiento de la infraestructura antigua.
Una señal para la minería de menor escala
La entrada de Capacho Viejo al proceso ambiental refleja el interés por recuperar activos mineros que cuentan con infraestructura, pertenencias y antecedentes regulatorios previos. En un escenario donde desarrollar proyectos completamente nuevos exige mayores inversiones y plazos extensos, la reactivación de faenas puede convertirse en una vía para incorporar producción en períodos más acotados.
El monto de US$4,6 millones muestra que se trata de una operación contenida en comparación con los grandes proyectos de cobre de Antofagasta. Sin embargo, su importancia industrial radica en la posibilidad de reactivar capacidad productiva, generar empleo y abrir contratos para proveedores regionales mediante una inversión relativamente acotada.
El próximo paso será superar la etapa de admisión y avanzar en la revisión técnica de la Declaración de Impacto Ambiental. El calendario previsto para 2027 dependerá directamente de esa tramitación, de las observaciones que puedan formular los servicios públicos y de la obtención de los permisos necesarios para explotar, procesar y comercializar el cobre producido en Capacho Viejo.