Tecnologías capaces de almacenar energía por más de ocho horas, como hierro-aire, sistemas basados en CO₂ y nuevas químicas de baterías, empiezan a aparecer en proyectos estudiados para el país. Su despliegue comercial, sin embargo, todavía no comienza.
Chile está entrando en una nueva etapa de la discusión sobre almacenamiento energético: después del rápido crecimiento de las baterías de ion-litio, desarrolladores y especialistas comienzan a evaluar sistemas de almacenamiento de larga duración (LDES) capaces de entregar electricidad durante más de ocho horas y utilizar tecnologías distintas a las baterías convencionales.
Christian Soto, especialista chileno en almacenamiento de energía radicado en Japón, señaló este 28 de septiembre que alternativas como hierro-aire, sodio-ion, aire comprimido, baterías de flujo y sistemas que almacenan energía mediante CO₂ ya forman parte de las tecnologías consideradas para futuros desarrollos en Chile. Algunas iniciativas basadas en CO₂ han avanzado en su desarrollo, aunque ninguna ha llegado todavía a construcción en el país.
La distinción es relevante: Chile dispone actualmente de miles de megavatios en sistemas de almacenamiento, dominados por baterías de ion-litio, pero no cuenta todavía con una flota comercial construida de LDES no-litio. Lo que comienza a configurarse es una cartera de alternativas que podría adquirir importancia hacia el final de la década.
De cuatro horas a jornadas completas
El crecimiento del almacenamiento chileno ha estado impulsado principalmente por sistemas BESS asociados a plantas solares.
A agosto de 2026, el país acumulaba aproximadamente 3.116 MW y 13.522 MWh de baterías en operación, mientras otros 5.217 MW se encontraban en construcción, de acuerdo con cifras de la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (Acera) citadas por Soto.
A eso se sumaban cerca de 28.700 MW de proyectos aprobados o todavía en evaluación ambiental.
La primera extensión de las horas de almacenamiento probablemente seguirá ocurriendo con ion-litio. La reducción de costos permite que proyectos que tradicionalmente se diseñaban para descargar durante dos o cuatro horas comiencen a extenderse hacia seis, ocho e incluso diez horas.
El cambio hacia LDES introduce una lógica diferente. Un sistema capaz de entregar electricidad durante 12, 24 o más horas puede trasladar energía no solo entre el mediodía y la noche, sino potencialmente entre jornadas completas.
Eso resulta especialmente relevante para un sistema eléctrico con una participación creciente de generación solar y eólica, donde los períodos de elevada producción renovable no necesariamente coinciden con las horas de mayor consumo.
Hierro-aire y CO₂ entran en el radar
Las tecnologías que compiten por ese espacio utilizan principios físicos y químicos distintos.
Las baterías hierro-aire aprovechan reacciones reversibles de oxidación del hierro y han sido desarrolladas internacionalmente con el objetivo de alcanzar autonomías de varios días. Las baterías de flujo almacenan energía en electrolitos líquidos externos, mientras los sistemas de aire comprimido utilizan electricidad para comprimir aire que posteriormente puede emplearse para recuperar energía.
Otra alternativa es almacenar energía mediante CO₂ en un circuito cerrado, comprimiendo y manteniendo el dióxido de carbono en condiciones que permitan posteriormente utilizarlo para generar electricidad.
En Chile, Soto identificó desarrollos asociados a la tecnología CO₂ Battery de la italiana Energy Dome impulsados en distintas etapas por empresas como Enlasa, Enel Green Power y Cerro Dominador.
El punto común es que ninguno de esos desarrollos se ha convertido todavía en una planta construida y operativa en Chile.
Enlasa, por ejemplo, mantiene una estrategia orientada a desarrollar almacenamiento de larga duración y continúa buscando ubicaciones para ampliar su cartera. La empresa utiliza como referencia las necesidades identificadas por el Coordinador Eléctrico Nacional para distintas zonas del sistema.
El sistema eléctrico ya identificó la necesidad
La discusión no parte únicamente desde los desarrolladores tecnológicos.
El Coordinador Eléctrico Nacional ha estudiado durante los últimos años la necesidad de incorporar almacenamiento de mayor duración a medida que avanza el retiro de centrales térmicas y aumenta la penetración renovable.
Uno de sus análisis determinó una necesidad de aproximadamente 13.200 MWh de almacenamiento, equivalente a unos 2.000 MW con autonomías de entre seis y ocho horas, y proyectó requerimientos todavía mayores hacia 2030.
El norte aparece como una de las áreas donde el almacenamiento puede desempeñar un papel especialmente relevante debido a la concentración de generación solar, grandes consumos industriales y restricciones de transmisión.
El desafío consiste en determinar qué combinación de tecnologías resulta económicamente competitiva para cada duración.
Para períodos relativamente cortos, el ion-litio mantiene ventajas derivadas de su escala industrial y caída de costos. A medida que aumenta el número de horas que debe mantenerse la descarga, otras tecnologías buscan competir mediante menores costos por unidad de energía almacenada o una degradación diferente.
La minería puede convertirse en uno de los grandes demandantes
La gran minería aparece como uno de los sectores con mayor potencial para impulsar esta nueva generación de almacenamiento.
Las faenas mineras necesitan electricidad continua durante las 24 horas, mientras una proporción creciente del suministro contratado por la industria proviene de fuentes renovables.
Una solución de larga duración permitiría, en determinadas configuraciones, utilizar durante la noche una mayor proporción de la electricidad solar producida durante el día y reducir la exposición a períodos prolongados de menor generación renovable.
Soto también vincula este desafío con el crecimiento de los centros de datos, otra actividad caracterizada por consumos eléctricos elevados y continuos.
El desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial está elevando rápidamente la demanda eléctrica de los data centers a escala internacional. Si Chile amplía significativamente esa industria, la capacidad de ofrecer suministro firme durante las 24 horas podría convertirse en un factor relevante para nuevas inversiones.
Chile ya estudia proyectos de ocho horas a gran escala
El interés por mayores duraciones también se observa en tecnologías que no corresponden a baterías electroquímicas.
En julio ingresó a evaluación ambiental la Central de Almacenamiento de Energía Renovable por Bombeo Atacama, proyectada en Caldera con una inversión estimada de US$900 millones.
La iniciativa contempla hasta 450 MW de potencia y 3.600 MWh de almacenamiento, suficientes para entregar energía durante ocho horas. Su diseño considera dos embalses artificiales y agua desalinizada operando en circuito cerrado.
El proyecto se encuentra en evaluación y no está construido, pero ilustra la diversificación tecnológica que comienza a producirse a medida que aumenta la duración requerida por el sistema.
El desafío pasa de la tecnología al modelo de negocio
La disponibilidad técnica no garantiza por sí misma la construcción de proyectos LDES.
Uno de los principales obstáculos es establecer cómo se remunera económicamente un sistema cuya principal ventaja consiste en entregar energía firme durante períodos prolongados o responder frente a eventos de varios días.
Los ingresos tradicionales por comprar electricidad en horas baratas y venderla cuando los precios suben pueden resultar insuficientes para justificar inversiones de larga duración. Además, mientras más almacenamiento entra al sistema, menor puede ser la diferencia entre precios diurnos y nocturnos que sostiene ese modelo de arbitraje.
El debate regulatorio, por tanto, incluye mecanismos capaces de reconocer atributos como suficiencia, resiliencia, potencia y servicios de red, además de la energía efectivamente almacenada y posteriormente inyectada.
Chile se encuentra así ante una transición dentro de su propia transición energética. El despliegue masivo de baterías de ion-litio ya permitió trasladar parte de la generación solar hacia la noche; el siguiente desafío será determinar qué tecnologías pueden almacenar excedentes durante períodos mucho más prolongados.
Por ahora, hierro-aire, CO₂, sodio-ion y otras alternativas constituyen tecnologías y proyectos en evaluación, no capacidad LDES no-litio ya construida en Chile. Su avance dependerá de costos, regulación, acceso a financiamiento y de cuánto valor estén dispuestos a pagar grandes consumidores como la minería y los centros de datos por disponer de electricidad renovable firme durante períodos cada vez más extensos.









