Energía

Demanda eléctrica chilena registra su menor crecimiento quinquenal en dos décadas

El consumo eléctrico en Chile ha experimentado su menor crecimiento en dos décadas, con un aumento promedio de solo 2,1% anual entre 2021 y 2025, reflejando cambios en la economía y el uso de energía.

Demanda eléctrica chilena registra su menor crecimiento quinquenal en dos décadas
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El consumo creció en promedio apenas 2,1% anual entre 2021 y 2025, menos de la mitad del ritmo observado a comienzos de siglo. En 2025 incluso cayó 0,2%, mientras la proyección para 2026 apunta a una recuperación limitada de alrededor de 0,9%.

La demanda eléctrica de Chile registró entre 2021 y 2025 su menor crecimiento promedio para un período de cinco años en dos décadas, con una expansión anual de apenas 2,1%, según un análisis de la consultora energiE elaborado a partir de información del Coordinador Eléctrico Nacional. El comportamiento contrasta con el crecimiento promedio de 3,9% registrado entre 2011 y 2015 y de 5,7% entre 2001 y 2005, y refleja cambios tanto en el ritmo de la actividad económica como en la forma en que hogares y empresas consumen y producen electricidad.

El dato más débil se produjo en 2025, cuando la demanda total disminuyó 0,2%, el primer registro anual negativo en dos décadas. Para 2026, energiE proyecta una expansión cercana a 0,9%, que de materializarse mantendría el consumo eléctrico lejos de las tasas observadas durante los anteriores ciclos de fuerte inversión minera e industrial.

De crecimientos superiores a 5% a tasas cercanas a 2%

La desaceleración se vuelve más evidente al comparar períodos largos.

Entre 2001 y 2005 la demanda crecía en promedio 5,7% anual, en una economía con una base de consumo menor y una expansión significativa de industrias intensivas en energía. Diez años después, entre 2011 y 2015, el ritmo había disminuido a 3,9%.

En el quinquenio 2021-2025, la tasa bajó nuevamente hasta 2,1% anual. Si se amplía la mirada a la última década, energiE calcula un crecimiento promedio de aproximadamente 1,8% por año, lo que muestra que la menor expansión no corresponde solamente a una anomalía puntual de 2025.

La evolución es relevante para un sistema eléctrico que, paralelamente, ha incorporado grandes volúmenes de capacidad solar, eólica y de almacenamiento y que planifica nuevas inversiones en transmisión.

Una demanda que aumenta con menor rapidez modifica las necesidades de expansión de generación y redes, los patrones de utilización de las centrales y las condiciones económicas de las nuevas inversiones.

Los clientes regulados siguen bajo su máximo de 2016

La composición de la demanda también ha cambiado.

Los clientes regulados, que incluyen principalmente hogares y consumidores sujetos a tarifas fijadas bajo el régimen regulado, utilizaron 30.465 GWh durante 2025. Esa cifra permanece aproximadamente 16% por debajo de los 36.465 GWh registrados en 2016, el máximo histórico de este segmento.

También se redujo su peso relativo dentro del mercado.

En 2000, la demanda regulada representaba aproximadamente 53% del consumo eléctrico total. Para 2025 había descendido a alrededor de 38%, en parte por el crecimiento de grandes consumidores y por la migración de clientes desde contratos regulados hacia esquemas de cliente libre.

Esto significa que el comportamiento del consumo residencial regulado ya no permite explicar por sí solo la evolución del sistema.

Industria, minería, grandes instalaciones comerciales y otros clientes libres representan actualmente una proporción mayor de las ventas de electricidad, al tiempo que aparecen nuevas formas de abastecimiento que pueden reducir la electricidad registrada como demanda desde la red.

No existe una explicación única

energiE atribuye una parte importante de la desaceleración al menor crecimiento de la economía y de la inversión, especialmente frente a períodos anteriores caracterizados por grandes proyectos mineros e industriales.

El Ministerio de Energía plantea una interpretación más amplia. La cartera reconoce la influencia del ciclo económico, pero sostiene que la comparación entre décadas también debe considerar eficiencia energética, autoconsumo, generación distribuida y la incorporación de nuevas tecnologías.

En otras palabras, una menor tasa de crecimiento de las ventas eléctricas no equivale automáticamente a una reducción de todos los usos finales de electricidad.

Una empresa o vivienda que instala generación solar para abastecer parte de sus necesidades puede mantener o incluso aumentar su consumo energético, mientras reduce la electricidad que compra desde la red. Lo mismo ocurre con mejoras de eficiencia: pueden disminuir la cantidad de energía necesaria para obtener el mismo nivel de producción o servicio.

El Ministerio también destaca el efecto de la Ley de Eficiencia Energética 21.305, junto con los cambios estructurales de una economía cuya base de consumo es considerablemente mayor que hace 20 años.

La electrificación aparece como una fuente futura de crecimiento

La electricidad representaba aproximadamente 22% del consumo energético total de Chile en 2024, lo que deja una parte importante de la demanda de transporte, calefacción e industria todavía abastecida directamente por combustibles.

La Planificación Energética de Largo Plazo del Ministerio considera que esa proporción puede aumentar durante las próximas décadas.

En un escenario tendencial, la demanda eléctrica podría crecer cerca de 50% hacia 2055, elevando la participación de la electricidad en el consumo energético a aproximadamente 26%. Con una electrificación y eficiencia energética más aceleradas, la participación podría acercarse a 38% y la demanda absoluta de electricidad casi duplicarse.

Esas cifras son proyecciones de largo plazo y no implican que ese crecimiento vaya a materializarse automáticamente. Dependen, entre otros factores, de inversiones, actividad económica, electrificación del transporte y la industria, disponibilidad de redes y evolución tecnológica.

Centros de datos, vehículos eléctricos y calefacción pueden modificar la tendencia

El Gobierno identifica varias áreas capaces de generar nueva demanda.

Una de ellas son los centros de datos, instalaciones con consumos eléctricos elevados y relativamente constantes. El Ministerio trabaja en una hoja de ruta destinada a facilitar proyectos de gran y mediana escala y evalúa reglas específicas de conexión e infraestructura dentro de la futura reforma de redes eléctricas.

La electromovilidad representa otro frente. Una adopción más amplia de vehículos eléctricos transferiría parte de la energía actualmente suministrada por gasolina y diésel hacia el sistema eléctrico.

Algo similar puede ocurrir con la calefacción, especialmente mediante bombas de calor y otras tecnologías que sustituyan combustibles por electricidad.

Estas nuevas cargas exigirán también capacidad de transmisión y distribución suficiente para atender el consumo en los lugares y horarios donde se produzca.

El desafío cambia junto con la matriz eléctrica

La desaceleración de la demanda ocurre mientras Chile dispone de una creciente capacidad de generación renovable y almacenamiento. El Coordinador Eléctrico publica periódicamente información sobre demanda, ventas, generación y operación del Sistema Eléctrico Nacional, datos que sirven de base para la planificación de nuevas inversiones.

La combinación plantea un desafío distinto al de las décadas de rápido crecimiento eléctrico. El país no solo necesita asegurar oferta suficiente, sino también crear condiciones para que nuevas actividades económicas y procesos de electrificación puedan conectarse y utilizar la energía disponible.

Por ahora, las cifras muestran que ese aumento de consumo todavía no se materializa a gran escala. Después de la caída de 0,2% en 2025, la proyección de apenas 0,9% para 2026 apunta a otro año de expansión limitada y prolonga una tendencia que ha reducido el crecimiento de la demanda eléctrica chilena desde tasas superiores a 5% a comienzos de siglo hacia niveles cercanos al 2% en los últimos años.