
El ministro de Seguridad del Estado, Chen Yixin, alertó sobre el uso de inteligencia artificial para ciberataques, espionaje, desinformación y operaciones militares. La advertencia coincide con un debate internacional sobre la velocidad con que avanzan los modelos más potentes.
China elevó el tono de sus advertencias sobre los riesgos asociados al rápido desarrollo de la inteligencia artificial. El ministro de Seguridad del Estado, Chen Yixin, identificó seis áreas de amenaza que, según Pekín, van desde la estabilidad política y la filtración de información sensible hasta la protección de infraestructura crítica y el uso militar de esta tecnología.
Las declaraciones aparecen en un artículo firmado por Chen y publicado el domingo 13 de septiembre en la revista oficial China Cyberspace. El jefe de inteligencia sostuvo que China necesita acelerar la construcción de un sistema de prevención y control de riesgos de IA, en momentos en que esta tecnología se convirtió en uno de los principales espacios de competencia tecnológica entre las grandes potencias.
Ciberataques y filtraciones entre las principales amenazas
Uno de los puntos centrales es la capacidad de los nuevos modelos para localizar vulnerabilidades informáticas, desarrollar malware y automatizar operaciones ofensivas. Chen advirtió que estas herramientas están reduciendo los costos y las barreras técnicas para ejecutar ataques, lo que podría aumentar los riesgos para las infraestructuras críticas de China.
El ministro también puso el foco en la recopilación de información mediante rastreadores automatizados, minería de datos y sistemas de perfilamiento. Según su planteamiento, estas tecnologías podrían facilitar el acceso de organismos de inteligencia extranjeros a datos estatales, secretos comerciales e información personal.
A ello sumó el riesgo de que usuarios chinos procesen información sensible mediante servicios de IA extranjeros y que esos datos terminen fuera del país. La advertencia se inserta en la estrategia de Pekín de reforzar el control sobre datos, algoritmos y tecnologías consideradas relevantes para la seguridad nacional.
Chen identificó seis grandes riesgos: efectos sobre la seguridad política; una transformación de las capacidades de ataque y defensa cibernética; un aumento de las filtraciones y el espionaje; una mayor desigualdad tecnológica derivada del control de tecnologías avanzadas; impactos sobre los sistemas de gobernanza social; y cambios profundos en la forma en que se desarrollan las operaciones militares.
Deepfakes, desinformación y control político
La autoridad china dedicó especial atención al uso de videos falsificados, imágenes y textos generados por IA, además de cuentas automatizadas en redes sociales. Según Chen, estas herramientas podrían utilizarse para fabricar rumores políticos, difundir información perjudicial y aumentar las divisiones sociales mediante lo que describió como operaciones de “guerra de opinión pública” y “guerra cognitiva”.
Su análisis también refleja la disputa tecnológica entre China y Estados Unidos. Chen criticó que países con ventajas en inteligencia artificial puedan recurrir a restricciones comerciales, controles tecnológicos, estándares propios y sistemas cerrados para limitar el acceso de otros mercados a tecnologías avanzadas.
Pekín, por su parte, ha defendido una mayor autonomía tecnológica y reclama reglas internacionales que eviten la concentración del desarrollo de la IA en un grupo reducido de países y empresas. El ministro planteó reforzar la legislación, los sistemas de supervisión y la cooperación internacional, además de incrementar la investigación china en tecnologías fundamentales para el sector.
Advertencia coincide con llamado de líderes tecnológicos a moderar el avance
El pronunciamiento chino se conoció mientras ejecutivos de algunas de las mayores compañías estadounidenses de inteligencia artificial comenzaron a plantear públicamente la necesidad de moderar la carrera por desarrollar modelos cada vez más potentes.
Dario Amodei, CEO de Anthropic, propuso reducir el ritmo de avance de las capacidades de los modelos y aumentar la coordinación entre empresas, gobiernos y organismos independientes de seguridad. Su planteamiento recibió respaldo de Sam Altman, CEO de OpenAI, y de Elon Musk.
La coincidencia, sin embargo, no implica que China esté respaldando ese llamado. El análisis de Chen se concentra principalmente en seguridad nacional, soberanía tecnológica, espionaje y rivalidad geopolítica, mientras parte del debate en Estados Unidos aborda también la posibilidad de perder el control sobre sistemas avanzados y otros riesgos de carácter global. No existen indicios de que ambos pronunciamientos hayan sido coordinados.
La posición de Pekín apunta así a mantener simultáneamente dos objetivos: continuar desarrollando capacidades propias de inteligencia artificial y reforzar los mecanismos destinados a controlar los riesgos que puedan acompañar su expansión. China y Estados Unidos siguen siendo los dos principales polos de desarrollo de modelos avanzados, lo que convierte la seguridad de la IA en un nuevo frente de su competencia tecnológica.












