
Estados Unidos está intensificando su estrategia para asegurar el suministro de tierras raras fuera de China, con cerca de US$5.000 millones en inversiones y financiamiento respaldados por Washington vinculados a la mina Pela Ema, en el estado brasileño de Goiás.
El proyecto es operado por Serra Verde Group y se ha convertido en una pieza estratégica para Occidente debido a su producción de tierras raras magnéticas, entre ellas neodimio, praseodimio, disprosio y terbio, elementos utilizados en vehículos eléctricos, aerogeneradores, equipos electrónicos y sistemas de defensa.
La operación es especialmente relevante porque se encuentra entre las pocas fuentes comerciales fuera de Asia capaces de producir tierras raras pesadas como disprosio y terbio, segmentos donde la cadena mundial sigue altamente concentrada en China.
Washington combina financiamiento, compra de producción y control de la cadena
La estrategia estadounidense va más allá de entregar recursos directamente a la mina.
En febrero, Serra Verde acordó un paquete de financiamiento por US$565 millones con la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (DFC), destinado a optimizar y ampliar sus operaciones en Brasil. El acuerdo también contempla una opción para que el Gobierno estadounidense adquiera una participación minoritaria en la compañía.
A ello se suma la operación mediante la cual USA Rare Earth acordó adquirir Serra Verde por aproximadamente US$2.800 millones en efectivo y acciones, una transacción anunciada en abril.
Los accionistas de USA Rare Earth aprobaron el 28 de agosto la emisión de las acciones necesarias para avanzar con la operación, según un documento presentado ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC).
Otro componente clave es una estructura financiera por US$1.550 millones creada para comprar la producción de Serra Verde.
Dentro de ese esquema, el Departamento de Guerra de Estados Unidos comprometió US$750 millones, mientras una entidad bancaria entregó un compromiso de financiamiento por hasta US$500 millones. Además, el Gobierno estadounidense acordó comprar productos de tierras raras por al menos US$300 millones durante cinco años.
Acuerdo garantiza la compra de la producción durante 15 años
Serra Verde también firmó un acuerdo de suministro por 15 años para vender el 100% de la producción correspondiente a su primera fase a una entidad respaldada por organismos estadounidenses y capital privado.
El contrato incluye precios mínimos para cuatro tierras raras magnéticas: US$2.050 por kilogramo de terbio, US$575 por kilogramo de disprosio y US$110 por kilogramo tanto para neodimio como para praseodimio.
La compañía espera comenzar los despachos bajo esta estructura durante el cuarto trimestre de 2026.
Serra Verde proyecta, además, alcanzar una producción anual de alrededor de 6.400 toneladas de óxidos de tierras raras hacia fines de 2027.
El desafío sigue estando en el procesamiento
A pesar de la magnitud del respaldo financiero, Estados Unidos todavía enfrenta un problema clave: contar con minas fuera de China no significa controlar toda la cadena de suministro.
Pela Ema produce actualmente un carbonato mixto de tierras raras, pero los minerales pesados necesitan posteriormente procesos especializados de separación y refinación.
Según datos recogidos por Bloomberg, en 2025 China y empresas bajo su control concentraron alrededor del 83% de la producción mundial de mineral de tierras raras y el 91% del procesamiento necesario para transformarlo en óxidos utilizables. En 2024 también concentraron cerca del 94% de la fabricación mundial de imanes de tierras raras.
Esta concentración explica por qué Washington está intentando desarrollar una cadena integrada que conecte la extracción en Brasil con instalaciones de procesamiento, fabricación de aleaciones e imanes en Estados Unidos y Europa.
Brasil busca capturar una mayor parte del negocio
El avance estadounidense también abrió un debate dentro de Brasil sobre cuánto valor debería permanecer en el país.
Brasil posee una de las mayores bases de recursos de tierras raras del mundo, pero su producción continúa siendo reducida frente a su potencial. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva busca atraer inversiones y tecnología, pero al mismo tiempo pretende aumentar la separación, refinación y transformación de minerales dentro del territorio brasileño.
El Senado brasileño tiene entre sus prioridades la discusión de una Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos, iniciativa que contempla incentivos para desarrollar proyectos de procesamiento y transformación de estos recursos.
La disputa por Pela Ema muestra cómo las tierras raras están dejando de ser únicamente un negocio minero para transformarse en un activo geopolítico. Para Estados Unidos, asegurar nuevas fuentes en Brasil forma parte de una estrategia más amplia destinada a construir cadenas de suministro alternativas y reducir la dependencia de China en minerales esenciales para la energía, la industria tecnológica y la defensa.












