
Una evaluación del Servicio Geológico de Estados Unidos dimensionó enormes depósitos de minerales críticos a miles de metros de profundidad. Su posible explotación enfrenta desafíos tecnológicos, ambientales y regulatorios.
A profundidades que alcanzan los 6.000 metros, el fondo del océano Pacífico contiene una de las mayores concentraciones conocidas de minerales metálicos submarinos. Una evaluación científica del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estima que la zona Clarion-Clipperton alberga aproximadamente 21.100 millones de toneladas secas de nódulos polimetálicos, formaciones naturales que contienen manganeso, níquel, cobre y cobalto. La magnitud del depósito ha despertado interés por la posibilidad de recuperar minerales estratégicos desde el océano, aunque todavía existen importantes interrogantes sobre la viabilidad económica y las consecuencias ambientales de su extracción.
La estimación procede de una investigación publicada en 2022 por James R. Hein y Kira Mizell, especialistas del USGS. Sus resultados mantienen relevancia en 2026, cuando la minería submarina avanza hacia nuevas etapas de evaluación tecnológica y regulatoria.
Un gigantesco depósito de minerales a seis kilómetros de profundidad
La zona Clarion-Clipperton se extiende por una amplia región del océano Pacífico, aproximadamente entre Hawái y México.
Esta extensa área del fondo marino contiene llanuras abisales donde se acumulan nódulos polimetálicos, pequeñas concreciones minerales que descansan principalmente sobre los sedimentos.
Los depósitos aparecen generalmente a profundidades comprendidas entre 3.500 y 6.000 metros, donde la presión es extrema, no llega la luz solar y las temperaturas son bajas.
A diferencia de los yacimientos terrestres convencionales, estos materiales no forman necesariamente cuerpos minerales que deban excavarse mediante túneles o grandes rajos.
Los nódulos se encuentran distribuidos sobre el fondo oceánico, formando concentraciones variables que pueden extenderse por grandes superficies.
Su tamaño suele alcanzar varios centímetros de diámetro y su apariencia recuerda a pequeñas piedras redondeadas.
Sin embargo, su composición química es mucho más compleja.
Los nódulos contienen principalmente óxidos de manganeso y hierro, junto con cantidades variables de níquel, cobre, cobalto y otros elementos.
Estos componentes explican el interés que despiertan entre empresas mineras, investigadores y gobiernos que buscan diversificar el abastecimiento de minerales críticos.
Cómo se forman estas rocas metálicas en el fondo del océano
Los nódulos polimetálicos se originan mediante procesos naturales extremadamente lentos.
Su formación comienza cuando compuestos metálicos presentes en el agua de mar o en los fluidos de los sedimentos se depositan alrededor de un núcleo sólido.
Ese núcleo puede ser un fragmento de roca, un resto biológico u otra partícula disponible sobre el fondo marino.
Con el paso del tiempo, sucesivas capas de minerales se acumulan alrededor de la estructura inicial.
El resultado es una concreción que crece progresivamente durante millones de años.
Las condiciones oceanográficas, la disponibilidad de elementos químicos y la velocidad de acumulación de sedimentos influyen en su composición y distribución.
Una característica relevante es que muchos nódulos permanecen expuestos sobre el lecho marino debido a las bajas tasas de sedimentación de determinadas llanuras abisales.
Esto permite que continúen incorporando elementos metálicos durante períodos geológicos prolongados.
Su crecimiento extremadamente lento también constituye un aspecto central del debate ambiental: una vez retirados, estos materiales no pueden regenerarse dentro de escalas de tiempo humanas.
Qué significa realmente la cifra de 21.100 millones de toneladas
La estimación presentada por Hein y Mizell corresponde a la masa seca total de nódulos polimetálicos calculada para la zona Clarion-Clipperton.
No significa que existan 21.100 millones de toneladas de níquel, cobre o cobalto puro, ni que todo ese material pueda extraerse de manera rentable.
Los nódulos contienen distintos minerales y elementos químicos en proporciones variables.
Para determinar cuánto metal podría recuperarse comercialmente sería necesario considerar sus concentraciones, las pérdidas durante el procesamiento, los costos operacionales y las restricciones ambientales.
Además, no toda la superficie donde existen nódulos resulta necesariamente apta para desarrollar actividades mineras.
Las características del terreno, la distribución de las concreciones y las limitaciones técnicas pueden modificar considerablemente el volumen susceptible de recuperación.
La investigación del USGS también identificó otro depósito de gran magnitud en el océano Pacífico.
Se trata de aproximadamente 7.500 millones de toneladas secas de costras ferromanganesíferas ricas en cobalto, estimadas para una región conocida como Pacific Prime Crust Zone.
Estas formaciones son distintas de los nódulos.
Mientras las concreciones polimetálicas descansan sobre sedimentos abisales, las costras se desarrollan adheridas a superficies rocosas de montes submarinos y cordilleras oceánicas.
Ambos tipos de depósitos contienen elementos considerados estratégicos, pero requieren métodos diferentes de extracción.
Cómo funcionaría una mina a 6.000 metros bajo el mar
Uno de los mayores desafíos consiste en trasladar maquinaria minera a profundidades donde las condiciones físicas son radicalmente diferentes de las existentes en una faena terrestre.
Entre las tecnologías propuestas se encuentran vehículos recolectores submarinos capaces de desplazarse sobre los sedimentos y recoger nódulos.
Posteriormente, el material sería transportado hacia una embarcación de superficie mediante sistemas de elevación y tuberías.
Una vez recuperados, los nódulos deberían ser procesados mediante tecnologías metalúrgicas para separar los metales de interés.
Este esquema exige resolver dificultades relacionadas con presión, desgaste de materiales, mantenimiento, consumo energético y operación de equipos a grandes distancias de la superficie.
La tecnología ya ha sido sometida a pruebas.
En 2022 se desarrolló un ensayo industrial de recolección en la zona Clarion-Clipperton, a aproximadamente 4.280 metros de profundidad, durante el cual se recuperaron más de 3.000 toneladas de nódulos polimetálicos.
Sin embargo, esa experiencia correspondió a una prueba tecnológica y no al funcionamiento de una mina comercial permanente.
La posibilidad de ampliar estos sistemas hasta alcanzar producciones industriales sostenidas todavía depende de evaluaciones técnicas, económicas y ambientales.
Los riesgos ambientales que preocupan a los científicos
La actividad minera submarina presenta desafíos particulares debido a las características de los ecosistemas profundos.
Las llanuras abisales albergan comunidades de organismos adaptados a condiciones de oscuridad permanente, bajas temperaturas y limitada disponibilidad de alimento.
Entre ellos se encuentran esponjas, crustáceos, gusanos marinos, microorganismos y otras especies que habitan los sedimentos o utilizan los nódulos como superficies de fijación.
La extracción de estas concreciones implica retirar parte del sustrato donde viven determinados organismos.
Además, el desplazamiento de maquinaria puede levantar sedimentos y generar nubes de partículas capaces de dispersarse por el agua.
Los científicos investigan cómo estas perturbaciones podrían modificar las condiciones del hábitat, alterar comunidades biológicas y afectar las relaciones alimentarias.
Un estudio publicado en Nature en 2025 encontró que las huellas físicas de una prueba minera realizada décadas atrás seguían siendo visibles después de 44 años.
Aunque algunos organismos habían comenzado a recolonizar las áreas intervenidas, persistían alteraciones físicas y efectos sobre distintas comunidades biológicas.
Otra investigación, publicada en Nature Ecology & Evolution, examinó los efectos de la prueba industrial realizada en 2022.
El análisis detectó una disminución del 37% en la densidad de macrofauna dentro de las huellas de recolección, junto con una reducción del 32% en la riqueza de especies registrada en esas zonas.
Estos resultados corresponden a sectores directamente intervenidos durante un ensayo específico y no pueden extrapolarse automáticamente a toda la región Clarion-Clipperton.
Sin embargo, proporcionan evidencia de que la actividad de recolección puede producir cambios biológicos medibles en el fondo oceánico.
La minería submarina avanza mientras siguen pendientes las reglas internacionales
La explotación de minerales en aguas internacionales también enfrenta un escenario regulatorio complejo.
La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, organismo establecido mediante la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, tiene entre sus responsabilidades regular las actividades relacionadas con recursos minerales en los fondos marinos situados fuera de las jurisdicciones nacionales.
Durante años, la institución ha autorizado contratos de exploración, pero todavía no ha aprobado operaciones comerciales de explotación en esas áreas.
Las negociaciones sobre las normas internacionales continuaron durante 2026, incluyendo discusiones sobre protección ambiental, responsabilidades empresariales y distribución de beneficios económicos.
Paralelamente, Estados Unidos ha avanzado mediante su propio procedimiento de autorización para actividades de minería submarina.
En agosto de 2026, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) confirmó que una solicitud presentada por The Metals Company USA cumplía los requisitos documentales necesarios para continuar su evaluación.
El proceso abrió una consulta pública que terminó el 19 de octubre de 2026.
Sin embargo, esa decisión no equivalía a conceder un permiso definitivo de explotación comercial.
La coexistencia de procedimientos nacionales e internacionales constituye uno de los principales puntos de controversia sobre el futuro aprovechamiento de estos recursos.
Un recurso gigantesco cuyo futuro todavía está por definirse
La evaluación del USGS confirma que los océanos contienen acumulaciones extraordinarias de materiales con interés minero.
El níquel, cobre, cobalto y manganeso presentes en estas formaciones son utilizados en diversas actividades industriales, desde fabricación de componentes electrónicos hasta producción de acero, baterías y tecnologías energéticas.
Sin embargo, la magnitud geológica no garantiza por sí misma el desarrollo de una nueva industria.
Para transformar estos depósitos en una fuente comercial de minerales todavía deben resolverse interrogantes sobre eficiencia de recolección, procesamiento metalúrgico, costos de operación, permisos y protección de los ecosistemas.
También resulta necesario determinar qué proporción de los recursos identificados podría recuperarse sin producir impactos ambientales considerados inaceptables.
La cifra de 21.100 millones de toneladas de nódulos polimetálicos demuestra la enorme escala de los depósitos existentes bajo el Pacífico, pero no representa una reserva minera lista para explotar.
El desafío ya no consiste únicamente en localizar los minerales. También es necesario establecer si pueden recuperarse de manera técnica y económicamente viable, bajo condiciones regulatorias claras y con efectos ambientales suficientemente conocidos.
REDIMIN Responde
¿Qué cantidad de nódulos polimetálicos se estima que hay en la zona Clarion-Clipperton?
La zona Clarion-Clipperton alberga aproximadamente 21.100 millones de toneladas secas de nódulos polimetálicos, según una evaluación del Servicio Geológico de Estados Unidos.
¿Cuáles son los principales componentes de los nódulos polimetálicos en el fondo del océano?
Los nódulos polimetálicos contienen principalmente óxidos de manganeso y hierro, junto con cantidades variables de níquel, cobre, cobalto y otros elementos.
¿Qué desafíos enfrenta la explotación de minerales en el fondo del océano?
La explotación de minerales en el fondo del océano enfrenta desafíos tecnológicos, ambientales y regulatorios, incluyendo la presión extrema, bajas temperaturas y la necesidad de tecnologías especializadas para la recolección y procesamiento de los nódulos.
¿Qué se logró en el ensayo industrial de recolección de nódulos en 2022?
En 2022, se desarrolló un ensayo industrial de recolección en la zona Clarion-Clipperton, donde se recuperaron más de 3.000 toneladas de nódulos polimetálicos a aproximadamente 4.280 metros de profundidad.
¿Cuáles son los riesgos ambientales asociados con la minería submarina?
La minería submarina puede alterar los ecosistemas profundos, afectando a organismos que viven en los sedimentos o utilizan los nódulos como superficies de fijación. La extracción y el movimiento de maquinaria pueden levantar sedimentos, generando nubes de partículas que podrían modificar las condiciones del hábitat y alterar comunidades biológicas.












