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Estas son las principales minas de Antofagasta Minerals

Antofagasta Minerals opera cuatro minas clave en Chile, destacando Los Pelambres y Centinela por su alta producción de cobre, mientras Antucoya y Zaldívar diversifican su oferta minera.

Estas son las principales minas de Antofagasta Minerals
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Desde la cordillera de Coquimbo hasta el Desierto de Atacama, Antofagasta Minerals opera cuatro grandes minas de cobre en Chile. Los Pelambres y Centinela lideran por producción, mientras Antucoya y Zaldívar completan una cartera que combina concentrados, cátodos, lixiviación y algunos de los mayores proyectos de expansión de la compañía.

Cuatro operaciones mineras explican prácticamente toda la producción de cobre de Antofagasta Minerals en Chile. Durante 2025, el grupo registró 653.700 toneladas de cobre, considerando el 100% de la producción de Los Pelambres, Centinela y Antucoya, además del 50% atribuible de Zaldívar.

Pero detrás de esa cifra existe una diferencia importante. No todas estas minas explotan el mismo tipo de mineral ni utilizan el mismo proceso para obtener cobre. Mientras Los Pelambres trabaja principalmente con sulfuros procesados mediante molienda y flotación, Antucoya se concentra en minerales oxidados tratados mediante lixiviación. Centinela, en cambio, combina ambos mundos.

El resultado es una cartera que cruza buena parte de la geografía minera chilena y que tiene dos grandes polos: Los Pelambres, en la Región de Coquimbo, y el distrito minero de Antofagasta, donde se encuentran Centinela, Antucoya y Zaldívar.

Los Pelambres: el gigante de Antofagasta Minerals en Coquimbo

Ubicada en la Región de Coquimbo, aproximadamente 240 kilómetros al norte de Santiago, Los Pelambres es la operación que más cobre aporta actualmente a Antofagasta Minerals.

La compañía posee un 60% de la operación, mientras el 40% restante pertenece a consorcios japoneses vinculados a importantes grupos mineros y comerciales.

Su yacimiento está compuesto fundamentalmente por minerales sulfurados. Esto significa que el cobre no puede recuperarse simplemente disolviendo el mineral mediante soluciones ácidas, como ocurre en muchas operaciones de óxidos. La roca debe pasar por procesos de chancado, molienda y posteriormente flotación.

Durante la flotación, las partículas que contienen minerales de cobre son separadas del resto de la roca mediante reactivos y burbujas de aire. El producto obtenido es un concentrado de cobre, que posteriormente puede ser enviado a fundición y refinación.

Los Pelambres también recupera subproductos como molibdeno, oro y plata, lo que aumenta el valor económico del mineral procesado.

En 2025 produjo 295.300 toneladas de cobre, cerca del 45% del cobre contabilizado por el grupo durante ese año. La cifra permite dimensionar su importancia: prácticamente una de cada dos toneladas registradas por Antofagasta Minerals provino de esta operación.

La faena además atraviesa una transformación relevante en materia de infraestructura. Entre los proyectos actualmente en desarrollo se encuentra la ampliación de su capacidad de desalación hasta 800 litros por segundo y la instalación de un nuevo sistema de transporte de concentrado. Estas obras buscan aumentar la resiliencia operacional y preparar a Los Pelambres para futuros escenarios de crecimiento.

Centinela: una mina que produce concentrados y cátodos

Más de mil kilómetros hacia el norte aparece otro de los pilares de Antofagasta Minerals. Minera Centinela está ubicada en la Región de Antofagasta y pertenece en un 70% al grupo, mientras Marubeni posee el 30% restante.

Centinela tiene una característica especialmente interesante: dentro de una misma operación procesa minerales sulfurados y oxidados.

Los sulfuros pasan por plantas concentradoras donde el mineral es chancado, molido y sometido a flotación para producir concentrado de cobre. De este circuito también pueden recuperarse oro, plata y molibdeno.

Los minerales oxidados siguen otra ruta. Son sometidos a lixiviación para disolver el cobre y luego a extracción por solventes y electroobtención, proceso conocido como SX-EW. La etapa final utiliza corriente eléctrica para depositar cobre metálico sobre placas, obteniendo directamente cátodos.

Centinela produjo 240.400 toneladas de cobre durante 2025, convirtiéndose en la segunda operación más importante de la compañía por volumen. Entre Los Pelambres y Centinela concentraron más del 80% del cobre contabilizado por el grupo ese año.

Pero la verdadera dimensión estratégica de Centinela aparece al mirar hacia adelante.

Actualmente se construye un segundo concentrador, uno de los principales proyectos de crecimiento de Antofagasta Minerals. Una vez desarrollado y estabilizado, está diseñado para aportar en promedio alrededor de 144.000 toneladas adicionales de cobre al año durante sus primeros diez años, además de oro y molibdeno.

El mineral provendrá principalmente de los depósitos Esperanza Sur y Encuentro Sulfuros. Este último ya comenzó las labores de preparación minera necesarias para acceder en el futuro a los sulfuros ubicados bajo sectores previamente desarrollados.

La puesta en marcha de esta nueva infraestructura está prevista dentro del proceso de comisionamiento que culminaría en 2027.

Antucoya: cobre desde minerales de baja ley en pleno desierto

A unos 125 kilómetros al noreste de la ciudad de Antofagasta se encuentra Minera Antucoya, una operación que muestra otra cara de la minería moderna: cómo transformar enormes cantidades de mineral de relativamente baja ley en un negocio industrial de gran escala.

Antofagasta Minerals posee el 70% de la compañía y Marubeni mantiene el 30%.

A diferencia de Los Pelambres, aquí el objetivo principal no es fabricar concentrado. Antucoya explota minerales oxidados mediante minería a cielo abierto y utiliza lixiviación, extracción por solventes y electroobtención para producir cátodos de cobre.

En términos simples, el mineral chancado se coloca en grandes pilas donde circula una solución capaz de disolver el cobre contenido en la roca. Esa solución enriquecida continúa hacia las instalaciones de extracción por solventes y finalmente llega a las celdas de electroobtención.

Después de aplicar electricidad durante el proceso, el resultado es cobre metálico en forma de grandes placas o cátodos.

Antucoya alcanzó una producción de 81.200 toneladas de cobre durante 2025. Su volumen es considerablemente menor que el de Los Pelambres o Centinela, pero la operación representa un ejemplo importante de cómo la tecnología de procesamiento permite explotar depósitos que requieren mover enormes cantidades de material para recuperar su contenido metálico.

Además, la exploración alrededor de la operación sigue siendo relevante. Bajo los minerales explotados actualmente existe potencial asociado a mineralización hipógena, es decir, mineralización primaria formada en profundidad, cuya eventual explotación requiere todavía estudios y evaluación antes de convertirse en una expansión minera.

Zaldívar: una mina a 3.000 metros sobre el nivel del mar

La cuarta gran operación de la cartera es Zaldívar, ubicada aproximadamente 175 kilómetros al sureste de Antofagasta y a unos 3.000 metros sobre el nivel del mar.

La propiedad de esta mina es diferente a las otras operaciones. Antofagasta Minerals posee el 50% y Barrick mantiene el otro 50%, mientras Antofagasta actúa como operador.

Zaldívar es una mina a cielo abierto que procesa mineral mediante lixiviación en pilas y posteriormente utiliza SX-EW para fabricar cátodos de cobre.

Durante 2025 registró una producción atribuible a Antofagasta Minerals de 36.700 toneladas de cobre. Este punto es importante: la cifra utilizada en los resultados consolidados corresponde solo a la participación del 50% del grupo y no a toda la producción física de la faena.

Actualmente, uno de los principales desafíos de Zaldívar está relacionado con su abastecimiento de agua y continuidad de largo plazo.

En 2026 se aprobó una inversión cercana a US$900 millones destinada a desarrollar un sistema de tuberías y bombeo que permita abandonar el uso de agua continental desde mediados de 2028. Esta infraestructura es además una pieza necesaria para sostener una eventual extensión de la vida de la operación hasta 2051.

El proyecto ilustra un cambio que está ocurriendo en buena parte de la minería del norte chileno: el agua dejó de ser únicamente un insumo operacional para convertirse en una de las variables que pueden determinar cuánto tiempo puede mantenerse funcionando un yacimiento.

Dos regiones que concentran una enorme capacidad minera

Vistas en conjunto, las cuatro operaciones muestran la diversidad geológica e industrial que existe detrás de la producción de Antofagasta Minerals.

Los Pelambres y Centinela son sus grandes motores productivos, basados principalmente en el procesamiento de sulfuros mediante concentración. Antucoya y Zaldívar tienen una escala menor y están enfocadas en la producción de cátodos mediante lixiviación y electroobtención.

También existe una marcada concentración territorial. Tres de las cuatro minas están en la Región de Antofagasta, uno de los mayores distritos cupríferos del planeta, mientras Los Pelambres se levanta mucho más al sur, en plena cordillera de la Región de Coquimbo.

La diferencia entre ellas permite entender algo fundamental sobre la minería del cobre: no existe una sola manera de producir el metal. La geología determina qué minerales aparecen bajo tierra y esa composición termina definiendo las plantas, procesos, consumo de agua, infraestructura y tecnología necesarios para explotarlos.

Esa diversidad será todavía más visible durante los próximos años. El nuevo concentrador de Centinela, las nuevas instalaciones de agua y transporte de Los Pelambres y la transición hídrica de Zaldívar forman parte de una etapa de inversiones destinada no solo a extraer más cobre, sino también a mantener competitivas operaciones que deben funcionar durante décadas.

En un escenario internacional donde la electrificación, las redes eléctricas, los centros de datos y las nuevas tecnologías están aumentando las expectativas sobre la demanda futura de cobre, estas cuatro minas representan una parte relevante de la capacidad que Chile tiene para continuar abasteciendo uno de los metales más estratégicos de la economía mundial.