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Estudio de NASA detecta que la temporada de deshielo del Ártico dejó de alargarse desde 2010 tras crecer unos 40 días desde 1979

Un estudio de NASA revela que, tras un aumento de 40 días en la temporada de deshielo del Ártico desde 1979, esta tendencia se estabilizó en 2010, aunque el calentamiento y el adelgazamiento del hielo

Estudio de NASA detecta que la temporada de deshielo del Ártico dejó de alargarse desde 2010 tras crecer unos 40 días desde 1979
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El análisis de observaciones satelitales entre 1979 y 2023 muestra una pausa en la tendencia de extensión de la temporada de fusión, pero no en el calentamiento ni en el adelgazamiento del hielo marino.

La duración de la temporada de deshielo del hielo marino del Ártico se ha extendido cerca de 40 días desde 1979, pero esa tendencia dejó de aumentar de forma estadísticamente significativa alrededor de 2010 y desde entonces domina una fuerte variabilidad entre un año y otro. Esa es la principal conclusión de un estudio liderado por científicos del Goddard Space Flight Center de la NASA, destacado este 21 de septiembre por NASA Earth Observatory y basado en 45 años de observaciones satelitales.

El resultado no implica que el calentamiento del Ártico se haya detenido. El hielo actual es considerablemente más delgado que hace cuatro décadas y está compuesto en mayor proporción por hielo estacional, más vulnerable a las condiciones atmosféricas y oceánicas.

La investigación fue encabezada por Linette Boisvert junto con Chelsea Parker, Elina Valkonen y Rachel Tilling, y fue publicada en abril de 2026 en la revista científica Communications Earth & Environment. La publicación de NASA de este lunes corresponde a la difusión de los resultados del estudio.

La mayor parte del cambio ocurrió antes de 2010

El estudio reconstruyó las fechas de inicio del deshielo en primavera y de recongelación en otoño mediante mediciones de microondas pasivas obtenidas por satélites entre 1979 y 2023.

Durante ese período, el comienzo del deshielo se adelantó aproximadamente siete días, mientras que la congelación otoñal se retrasó unos 34 días. El retraso de la congelación explica, por tanto, la mayor parte del alargamiento total de la temporada.

La fecha media de congelación en el océano Ártico se desplazó a una tasa cercana a 7,5 días por década, mientras que el inicio del deshielo avanzó a un ritmo considerablemente menor.

El cambio tampoco fue uniforme a lo largo del registro. Los investigadores identificaron fases de prolongación significativa durante la década de 1980 y, especialmente, entre 2000 y 2009.

En ese último intervalo, la duración de la temporada de deshielo aumentó alrededor de 25 días, impulsada principalmente por una congelación otoñal aproximadamente 24 días más tardía.

La tendencia cambió a partir de 2010. Entre 2010 y 2023, la duración de la temporada no mostró una variación estadísticamente significativa y quedó dominada por fluctuaciones interanuales.

Los autores describen este comportamiento como una estabilización de la duración de la temporada dentro de un sistema altamente variable, no como una recuperación sostenida del hielo marino.

Menos hielo antiguo cambió el comportamiento del Ártico

Una de las explicaciones analizadas por los investigadores está relacionada con la pérdida de hielo multianual, el hielo más grueso que logra sobrevivir durante varios veranos consecutivos.

Durante las fases de rápidos cambios registradas en las décadas anteriores, amplias superficies de ese hielo desaparecieron de los mares periféricos del Ártico y fueron reemplazadas por hielo de primer año, mucho más delgado y susceptible de derretirse completamente durante el verano.

El Ártico actual tiene así una estructura física distinta de la que existía al comienzo de las observaciones satelitales.

Ese cambio ayuda a explicar por qué una temporada cuya duración media ya no aumenta rápidamente puede coexistir con un sistema de hielo marino más frágil.

El hielo fino responde con mayor rapidez a tormentas, vientos, variaciones de temperatura, cambios en la nubosidad y condiciones del océano. Como resultado, cada temporada puede depender más de las condiciones meteorológicas particulares de ese año.

Grandes diferencias entre regiones

La evolución tampoco ha sido homogénea en todo el océano Ártico.

Desde 1979, la temporada de deshielo se prolongó más rápidamente en varios mares periféricos que en el Ártico central.

Los investigadores calcularon incrementos cercanos a 9 días por década en el mar de Beaufort y de hasta 21 días por década en el mar de Barents. En el Ártico central, en cambio, la extensión fue considerablemente menor, cercana a 3,4 días por década.

Estas diferencias reflejan la influencia de factores locales como corrientes oceánicas, circulación atmosférica, cobertura de nubes y presencia de hielo multianual.

La nubosidad alteró la energía disponible

El trabajo examinó además el balance energético de la superficie para entender por qué el período 2000-2009 mostró una expansión tan pronunciada de la temporada de deshielo.

Durante esa década, la radiación solar neta de onda corta absorbida por la superficie aumentó alrededor de 12,6 vatios por metro cuadrado.

Al mismo tiempo disminuyeron el albedo —la proporción de energía solar reflejada por la superficie— y la cobertura de nubes en determinadas regiones. El resultado fue una mayor cantidad de energía disponible para calentar el océano y acelerar la pérdida de hielo.

Después de 2010, el patrón cambió.

La cobertura de nubes aumentó en zonas importantes del Ártico occidental, incluidos sectores de los mares de Chukchi y Beaufort, reduciendo parcialmente la cantidad de radiación solar que alcanzaba la superficie.

Los cambios en el balance energético fueron además menores y geográficamente más irregulares, compatibles con la ausencia de una tendencia uniforme en la duración de la temporada durante 2010-2023.

Los investigadores detectaron una relación estrecha entre la cantidad de energía disponible y la extensión del período de deshielo. Para el intervalo 2000-2023, un aumento de 1 W/m² en el balance energético superficial estival estuvo asociado con aproximadamente 2,13 días adicionales de temporada de fusión.

El estudio, sin embargo, no incorpora directamente todos los procesos que pueden influir sobre el hielo marino, entre ellos el transporte y la fractura provocados por tormentas y vientos o determinadas variaciones del contenido de calor del océano.

La estabilización no significa que el calentamiento se haya detenido

Los autores advierten que los resultados no deben interpretarse como una señal de que el cambio climático o el deterioro del hielo marino ártico se hayan detenido.

La temporada de deshielo continúa siendo aproximadamente 40 días más larga que en 1979, mientras el volumen de hielo antiguo y grueso se ha reducido de forma considerable.

El Ártico también continúa calentándose a un ritmo superior al promedio mundial.

Las regiones al norte de Groenlandia y del archipiélago ártico canadiense todavía conservan parte del hielo multianual más grueso del océano. Una pérdida importante en esa zona podría modificar nuevamente el equilibrio del sistema y favorecer otra fase de rápida prolongación de la temporada de deshielo.

El estudio no permite determinar cuándo podría producirse un cambio de ese tipo.

La conclusión es más acotada: desde aproximadamente 2010 no se observa una prolongación sistemática de la temporada de deshielo comparable con la registrada en décadas anteriores.

Determinar si este comportamiento representa una nueva fase relativamente estable o una pausa temporal requerirá prolongar las observaciones durante los próximos años.