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Tierras Raras

Estudio detecta hasta 5.000 toneladas de uranio no declarado en exportaciones de cobalto desde el Congo

Un estudio revela que entre 2.000 y 5.000 toneladas de uranio no declarado habrían sido exportadas desde el Congo junto al cobalto, planteando serias preocupaciones sobre la trazabilidad de minerales

Estudio detecta hasta 5.000 toneladas de uranio no declarado en exportaciones de cobalto desde el Congo

La investigación identificó que el material radiactivo habría salido de la República Democrática del Congo entre 2000 y 2024, incorporado en cargamentos de hidróxido de cobalto enviados principalmente a China. El hallazgo expone una brecha en la trazabilidad de minerales estratégicos.

Entre 2.000 y 5.000 toneladas métricas de uranio natural habrían sido extraídas y exportadas desde la República Democrática del Congo durante las últimas dos décadas sin ser contabilizadas como producción formal del mineral. El material salió incorporado en cargamentos de hidróxido de cobalto, uno de los principales productos mineros del país africano y una materia prima fundamental para la industria mundial de baterías.

La estimación comprende el periodo entre 2000 y 2024 y fue elaborada por investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison y la Universidad de Princeton. El análisis combinó información geológica, datos geoquímicos, antecedentes operacionales de faenas y registros comerciales vinculados a la producción congoleña de cobalto.

El estudio no plantea que el uranio haya sido necesariamente extraído como producto minero deliberado. El problema se origina en las características geológicas del cinturón cuprífero de África Central, donde los minerales oxidados de cobre y cobalto pueden encontrarse asociados naturalmente con concentraciones de uranio.

Durante el procesamiento hidrometalúrgico, parte de ese uranio puede seguir una trayectoria similar a la del cobalto y terminar concentrado en el hidróxido que posteriormente se comercializa en el mercado internacional.

Una exportación oculta dentro de la cadena del cobalto

La República Democrática del Congo ocupa una posición dominante en la producción global de cobalto. El país concentra gran parte de la oferta primaria del metal, utilizado principalmente en materiales catódicos para baterías recargables, vehículos eléctricos, dispositivos electrónicos y sistemas de almacenamiento energético.

Más del 95% del cobalto producido en territorio congoleño se exporta en forma de hidróxido de cobalto, un producto intermedio que debe ser refinado antes de ingresar a la fabricación de componentes industriales.

La investigación sostiene que el uranio presente en los minerales alimentados a las plantas puede permanecer dentro de ese producto si no existe una etapa específica para separarlo. De esa manera, el material radiactivo atraviesa las operaciones de extracción, concentración, transporte y exportación sin aparecer necesariamente identificado como un flujo independiente de uranio.

El volumen calculado equivale a entre 4,4 millones y 11 millones de libras de uranio natural. La amplitud del rango refleja las diferencias geológicas entre yacimientos, las concentraciones variables del elemento en los minerales y las limitaciones de información disponible para reconstruir los flujos históricos.

Los autores advierten que incluso los cargamentos que cumplen individualmente con determinados límites de concentración pueden movilizar cantidades relevantes de uranio cuando se consideran los elevados volúmenes acumulados de hidróxido de cobalto exportados durante más de 20 años.

China aparece como principal destino del material

Una parte mayoritaria del cobalto congoleño es procesada en China, país que concentra cerca del 95% de la capacidad mundial de refinación del metal. Por esa razón, el estudio estima que gran parte del uranio contenido en los cargamentos también habría llegado a instalaciones industriales chinas.

El trabajo no demuestra que ese uranio haya sido recuperado deliberadamente ni establece cuál fue su destino final. Tampoco confirma que haya ingresado a programas nucleares civiles o militares. La principal observación es que el material habría circulado fuera de los registros habituales aplicados a la producción y transferencia internacional de uranio.

Esta diferencia es relevante porque el uranio asociado al comercio de concentrados o productos minerales destinados a usos no nucleares puede quedar fuera de determinados mecanismos de declaración, especialmente cuando no es separado ni comercializado como material nuclear.

La magnitud estimada abre interrogantes sobre la capacidad de los actuales sistemas de fiscalización para detectar elementos radiactivos contenidos en cadenas de suministro de otros minerales. También plantea desafíos para los países receptores, que deben determinar si el uranio permanece en los residuos del proceso, es recuperado como subproducto o termina incorporado en otras corrientes industriales.

Las cifras detrás del hallazgo

El rango superior de 5.000 toneladas representa una cantidad considerable frente a la producción mundial anual de uranio, que durante los últimos años se ha situado en torno a decenas de miles de toneladas.

Los investigadores calcularon que el material podría ser suficiente para abastecer durante varios años a un reactor nuclear de agua ligera, dependiendo de su capacidad, eficiencia y ciclo de combustible. También advirtieron sobre su potencial militar en caso de ser sometido a procesos de conversión y enriquecimiento.

El uranio natural no puede emplearse directamente en la mayoría de las armas nucleares. Para alcanzar ese uso requiere instalaciones industriales especializadas, tecnología de enriquecimiento, capacidades de ingeniería y una cadena de procesamiento compleja. Aun así, la ausencia de trazabilidad es considerada un riesgo desde la perspectiva de la no proliferación y la seguridad de los materiales nucleares.

La preocupación no se limita al material exportado. El estudio estima que entre 1.000 y 4.000 toneladas adicionales de uranio pudieron quedar acumuladas en relaves y otros residuos mineros dentro de la República Democrática del Congo durante el mismo periodo.

Esa fracción plantea una dimensión ambiental y laboral, debido a la posible exposición de trabajadores y comunidades a polvo, aguas contaminadas o depósitos de residuos con presencia de elementos radiactivos.

El desafío ambiental dentro del Copperbelt africano

La minería de cobre y cobalto en el sur del Congo opera sobre depósitos geológicamente complejos, con asociaciones minerales que pueden incluir uranio, arsénico, manganeso y otros elementos que requieren controles específicos.

Cuando el uranio permanece en los relaves, su gestión demanda caracterización geoquímica, control de drenajes, aislamiento de depósitos, monitoreo de aguas superficiales y subterráneas, además de mediciones periódicas de radiación.

El problema adquiere mayor relevancia en zonas donde conviven operaciones industriales, minería artesanal, asentamientos humanos y sistemas de fiscalización con recursos limitados. La exposición prolongada puede producir riesgos tanto por la radiactividad como por la toxicidad química del uranio.

Algunas operaciones congoleñas han incorporado circuitos destinados a retirar este elemento durante el procesamiento del mineral. Sin embargo, el nivel de implementación no sería uniforme entre las faenas del país, mientras la composición mineralógica cambia de un yacimiento a otro.

La separación también genera un nuevo desafío: el uranio retirado debe ser almacenado, tratado o transferido bajo condiciones de seguridad, evitando que la solución tecnológica simplemente traslade el riesgo desde el producto exportado hacia los residuos de la operación.

Una alerta para la trazabilidad de minerales críticos

El caso evidencia que la trazabilidad minera no puede limitarse al commodity principal declarado por una faena. Los concentrados, precipitados e hidróxidos comerciales pueden transportar impurezas o subproductos con valor económico, impacto ambiental o relevancia estratégica.

Para la industria del cobalto, una fiscalización más estricta podría traducirse en mayores exigencias de muestreo, certificación independiente, monitoreo radiológico y reportabilidad por cargamento. También podría impulsar inversiones en circuitos de separación, laboratorios, sistemas de detección fronteriza y depósitos especializados para residuos.

Las empresas automotrices, fabricantes de baterías y refinadores enfrentan una presión creciente para acreditar el origen y las condiciones de producción de sus materias primas. Hasta ahora, gran parte de esa discusión se ha concentrado en trabajo infantil, minería artesanal, emisiones, huella de carbono y derechos humanos.

La presencia de uranio introduce una variable adicional: la seguridad radiológica y nuclear dentro de la cadena de suministro de un mineral asociado directamente con la transición energética.

El episodio también muestra una contradicción del mercado de minerales críticos. El crecimiento de tecnologías destinadas a reducir emisiones está aumentando la extracción de materias primas en jurisdicciones donde la capacidad regulatoria, ambiental y de trazabilidad puede no avanzar al mismo ritmo que la demanda.

Qué observará la industria minera

La investigación propone fortalecer la medición sistemática del contenido de uranio en los cargamentos de hidróxido de cobalto, realizar una auditoría nacional de las operaciones congoleñas y establecer reglas más claras para separar, declarar y administrar el material radiactivo.

También apunta a reforzar la vigilancia sobre la exposición de trabajadores, la caracterización de relaves y el destino de los subproductos generados durante el refinamiento internacional.

Para el mercado, el principal efecto inmediato no necesariamente estará en el volumen disponible de cobalto, sino en los costos de cumplimiento y en las condiciones exigidas por compradores, financiadores y fabricantes. Una regulación más rigurosa podría modificar contratos, estándares de aceptación, primas de tratamiento y requisitos de certificación.

La discusión podría extenderse además a otras jurisdicciones donde minerales estratégicos aparecen asociados con elementos radiactivos. Cobre, tierras raras, fosfatos y minerales pesados pueden contener uranio o torio, obligando a evaluar el conjunto completo de materiales movilizados por cada operación.

El hallazgo en el Congo deja así una señal para toda la minería global: el crecimiento acelerado de las cadenas de suministro críticas exige conocer no solo cuánto metal principal se produce, sino también qué otros elementos son extraídos, dónde terminan y bajo qué controles atraviesan el mercado internacional.

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