El gobierno congoleño abrió una investigación sobre la presencia de uranio en cargamentos de hidróxido de cobalto exportados durante más de dos décadas. El caso pone bajo presión la trazabilidad de una de las cadenas de minerales críticos más importantes para la industria mundial de baterías.
La República Democrática del Congo inició una investigación sobre la posible salida de miles de toneladas de uranio natural incorporado en exportaciones de cobalto, luego de que una investigación científica estimara que entre 2.000 y 5.000 toneladas métricas del material radiactivo pudieron abandonar el país entre 2000 y 2024 sin ser contabilizadas como producción formal de uranio.
El foco está puesto en los cargamentos de hidróxido de cobalto, producto intermedio que constituye una de las principales formas de comercialización internacional del mineral congoleño. La particularidad geológica del cinturón cuprífero de África Central hace que cobre, cobalto y uranio puedan coexistir naturalmente dentro de determinados minerales, lo que abre la posibilidad de que parte del uranio avance junto con el cobalto durante las etapas de procesamiento.
Las autoridades congoleñas preparan pruebas sobre los productos destinados a exportación, mientras organismos nacionales de seguridad nuclear y entidades técnicas deberán evaluar los eventuales riesgos sanitarios y ambientales. El proceso contempla además consultas con el Organismo Internacional de Energía Atómica y un plazo inicial de alrededor de 60 días para revisar los antecedentes disponibles.
De una investigación científica a un problema regulatorio
El origen de la controversia está en un trabajo desarrollado por investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison y Princeton University y publicado en Nature Communications el 29 de julio.
El análisis reconstruyó los flujos históricos de uranio asociados a la producción de cobalto de la RDC mediante información geológica, características de los minerales, antecedentes de procesamiento y volúmenes de producción y comercio.
La conclusión central es que la cadena del cobalto congoleño habría funcionado también, de manera no necesariamente intencional, como una vía de extracción y transporte de uranio.
La estimación sitúa entre 2.000 y 5.000 toneladas la cantidad de uranio que habría sido exportada en productos de cobalto entre 2000 y 2024. Los investigadores advierten que una fracción limitada habría quedado registrada bajo los mecanismos internacionales aplicables al material nuclear.
Esto no implica que las compañías hayan producido uranio deliberadamente ni que exista evidencia de una operación destinada a comercializar material nuclear de manera clandestina.
El problema es distinto: determinados minerales procesados por la industria del cobre y el cobalto pueden contener uranio natural y transportar parte de ese elemento durante la cadena productiva si las plantas no cuentan con circuitos específicos para separarlo.
El uranio puede seguir la ruta del cobalto
La geología del Copperbelt centroafricano explica buena parte del fenómeno.
En determinadas zonas de la RDC, los minerales oxidados que contienen cobre y cobalto también presentan concentraciones naturales de uranio. Durante el procesamiento hidrometalúrgico, algunos de estos elementos pueden permanecer asociados a las soluciones y productos intermedios generados por las plantas.
El hidróxido de cobalto posteriormente sale del país para completar etapas de refinación en el exterior, particularmente dentro de la cadena industrial asiática.
La situación abre una interrogante relevante para la minería internacional: hasta qué punto los sistemas convencionales de certificación y trazabilidad identifican elementos secundarios o impurezas presentes dentro de productos minerales comercializados globalmente.
El desafío no se limita al cobalto. Muchos depósitos polimetálicos contienen elementos acompañantes que no necesariamente constituyen productos comerciales de la operación, pero que pueden concentrarse durante las distintas etapas metalúrgicas.
Hasta 4.000 toneladas adicionales podrían haber quedado en residuos
La investigación también introduce una dimensión ambiental dentro de la propia República Democrática del Congo.
Los cálculos plantean que entre 1.000 y 4.000 toneladas adicionales de uranio podrían haber terminado en relaves y otros residuos generados por las operaciones mineras durante el periodo analizado.
Ese escenario obliga a diferenciar dos riesgos.
El primero corresponde al material que habría salido del país dentro del hidróxido de cobalto y que posteriormente debe ser gestionado durante el refinamiento.
El segundo está relacionado con la acumulación de uranio dentro de depósitos de residuos mineros, donde su comportamiento químico y movilidad pueden aumentar la necesidad de monitoreo ambiental, particularmente en aguas, suelos y áreas cercanas a instalaciones industriales.
Para las operaciones del Copperbelt, la discusión podría traducirse en mayores exigencias de caracterización geoquímica de minerales, control de residuos y monitoreo radiológico.
Productores chinos cuestionan las conclusiones
La controversia también llegó a las principales compañías chinas presentes en la minería congoleña.
La agrupación que reúne a empresas mineras de capital chino en la RDC, entre ellas operadores vinculados a CMOC Group, Zijin Mining y Zhejiang Huayou Cobalt, realizó verificaciones internas y sostuvo que sus productos no presentan concentraciones excesivas de uranio.
Las empresas reconocen que pueden existir trazas naturales del elemento dentro del hidróxido de cobalto, pero cuestionan que esas concentraciones representen niveles técnica o económicamente recuperables.
La respuesta industrial anticipa que uno de los puntos centrales de la investigación será determinar las concentraciones reales presentes en los productos comercializados actualmente.
La diferencia es relevante porque el estudio científico reconstruye principalmente flujos históricos utilizando modelos geológicos y metalúrgicos, mientras las compañías defienden mediciones realizadas directamente sobre productos de sus operaciones.
La investigación golpea una cadena estratégica para las baterías
El caso adquiere relevancia internacional por la posición de la RDC en el mercado del cobalto.
El país africano concentra alrededor del 80% de la producción minera mundial del metal, lo que convierte cualquier cambio regulatorio, operativo o comercial en un factor con potencial para repercutir en las cadenas de suministro de baterías, vehículos eléctricos, electrónica y almacenamiento energético.
El episodio ocurre además mientras Kinshasa aumenta su intervención sobre el mercado de minerales críticos.
El país estableció recientemente nuevas restricciones a las exportaciones de concentrados de cobre y cobalto, buscando incentivar un mayor procesamiento dentro del territorio y capturar una proporción superior del valor generado por sus recursos minerales.
A esto se suma el sistema de cuotas que ya condiciona las exportaciones de cobalto y una creciente presión internacional por conocer con mayor precisión el origen, composición y procesamiento de los minerales utilizados por fabricantes de baterías.
Más controles podrían cambiar los estándares de exportación
Las consecuencias más inmediatas podrían aparecer en los controles fronterizos y en las plantas de producción de hidróxido de cobalto.
Entre las medidas consideradas está el fortalecimiento del análisis radiológico de cargamentos y la instalación de sistemas de detección para vehículos vinculados al transporte de productos mineros. También se espera una revisión de los procedimientos utilizados para identificar uranio dentro de minerales y productos intermedios.
Si las investigaciones confirman concentraciones relevantes de uranio dentro de determinadas corrientes minerales, las compañías podrían enfrentar nuevas exigencias de separación, caracterización y certificación antes de exportar.
Eso elevaría la importancia de tecnologías capaces de retirar selectivamente uranio durante el procesamiento del cobre y cobalto, además de reforzar el control de relaves y soluciones metalúrgicas.
Para los compradores internacionales, el efecto podría extenderse a contratos de suministro, especificaciones químicas y auditorías de trazabilidad.
La investigación congoleña, por tanto, supera la discusión sobre un contaminante puntual. El episodio expone un problema más amplio para la minería de minerales críticos: la necesidad de conocer no solo cuánto cobre, cobalto o litio contiene un producto, sino también qué elementos secundarios viajan junto con ellos a través de cadenas globales cada vez más reguladas.
Con la RDC dominando ampliamente la producción mundial de cobalto, las conclusiones de los próximos análisis serán observadas de cerca por productores, refinadores y fabricantes de baterías. Una eventual modificación de los estándares de control en el país africano podría convertirse rápidamente en una nueva referencia para la trazabilidad internacional de minerales estratégicos.









