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Facturas a 60 y 90 días: cómo afectan la liquidez de contratistas y proveedores mineros

Los plazos extensos de pago tensionan el capital de trabajo de empresas que deben financiar sueldos, equipos, combustible, insumos y operación antes de cobrar por servicios ya ejecutados. Las facturas pactadas a 60 o 90 días siguen siendo un punto crítico para contratistas y proveedores que trabajan con minería e industria. En sectores donde los […]

Los plazos extensos de pago tensionan el capital de trabajo de empresas que deben financiar sueldos, equipos, combustible, insumos y operación antes de cobrar por servicios ya ejecutados.

Las facturas pactadas a 60 o 90 días siguen siendo un punto crítico para contratistas y proveedores que trabajan con minería e industria. En sectores donde los servicios se prestan en terreno, con cuadrillas, maquinaria, transporte, seguridad, alimentación, repuestos o mantenimiento, el problema no está solo en vender: está en sostener la operación mientras el pago llega semanas o meses después.

En Chile, la Ley de Pago a 30 Días busca establecer plazos más certeros para el pago de facturas, regular incumplimientos, intereses por mora e indemnización. La norma establece como regla general el pago dentro de 30 días corridos desde la recepción de la factura, salvo casos excepcionales acordados por escrito y que no constituyan abuso para el acreedor.

El costo financiero de esperar el pago

Para una empresa proveedora, una factura a 60 o 90 días no es solo una cuenta por cobrar. En la práctica, puede convertirse en una fuente de presión sobre caja, especialmente cuando el contrato exige cumplir turnos, movilizar equipos, comprar materiales o pagar remuneraciones antes de recibir el dinero.

El efecto es directo: mientras más largo es el plazo de pago, mayor es la necesidad de capital de trabajo. Una pyme contratista puede haber emitido la factura, pagado impuestos, remuneraciones, combustible, arriendos, seguros y proveedores secundarios, pero seguir esperando el ingreso principal del contrato.

En minería, este punto se vuelve más sensible porque muchas operaciones funcionan con estándares exigentes de continuidad. Un proveedor que no cuenta con liquidez suficiente puede enfrentar retrasos en compras, dificultades para renovar equipos, presión con subcontratistas o menor capacidad para tomar nuevos servicios.

Factoring y flujo de caja

Frente a este escenario, el factoring aparece como una alternativa usada por empresas que necesitan anticipar el cobro de facturas. La Comisión para el Mercado Financiero define el factoring como un contrato mediante el cual una empresa traspasa facturas o créditos a su favor y recibe dinero de manera inmediata, aunque con un descuento.

En términos simples, la empresa cede una factura pendiente de pago a una entidad financiera o empresa de factoring, que adelanta parte del monto y luego cobra al pagador en la fecha comprometida. El costo de la operación depende de la evaluación comercial, el riesgo del pagador, el plazo pendiente, el monto, las condiciones contractuales y si se trata de factoring con recurso o sin recurso.

En el factoring con recurso, la empresa que cede la factura puede mantener responsabilidad si el pagador no cumple. En el factoring sin recurso, el riesgo de incobrabilidad puede trasladarse a la entidad que compra la factura, aunque las condiciones suelen ser más exigentes y el costo puede variar. No corresponde asumir que una modalidad siempre será más conveniente: depende del contrato, del pagador y de la política de riesgo de cada entidad.

Factura electrónica y cesión de créditos

La factura electrónica ha facilitado la cesión de documentos para operaciones de financiamiento. El Servicio de Impuestos Internos mantiene el Registro Electrónico de Cesión de Créditos, asociado a facturas electrónicas y creado bajo la Ley 19.983, que regula la transferencia de facturas y les otorga mérito ejecutivo.

Esto es relevante para proveedores mineros porque permite documentar y transferir créditos asociados a servicios ya facturados. Sin embargo, que una factura sea electrónica y cedible no significa que el financiamiento esté automáticamente aprobado. Las entidades revisan antecedentes del emisor, del pagador, la validez del documento, la aceptación de la factura, los plazos y posibles controversias comerciales.

Para una empresa que presta servicios a grandes mandantes, la calidad del pagador puede mejorar la evaluación, pero no elimina todos los riesgos. Un contrato mal documentado, una factura reclamada, una orden de compra inconsistente o una prestación discutida puede afectar la operación.

Por qué golpea más a contratistas y proveedores mineros

Los contratistas mineros suelen operar con costos fijos altos. No basta con tener una factura emitida: deben cubrir dotaciones, alojamientos, traslados, mantenciones, neumáticos, combustibles, elementos de protección personal, certificaciones, garantías y seguros.

Cuando el pago se posterga a 60 o 90 días, la empresa termina financiando parte de la operación del mandante. Si además tiene varios contratos simultáneos, el descalce puede multiplicarse. La caja se estrecha, aumenta la dependencia de líneas de crédito o factoring, y cualquier atraso adicional puede trasladarse hacia trabajadores, proveedores menores o compromisos tributarios.

En empresas pequeñas y medianas, el problema es más agudo porque muchas no tienen espaldas financieras suficientes para absorber varios ciclos largos de cobranza. Una factura grande puede verse positiva en ventas, pero si se cobra tarde puede generar tensión operacional.

Qué deben revisar las pymes antes de financiar facturas

El primer punto es leer el contrato comercial y verificar si existen condiciones especiales de pago, aceptación de factura, estados de pago, recepción conforme, multas, retenciones o descuentos. En contratos industriales y mineros, una factura puede depender de aprobaciones internas, validación del servicio o cierre administrativo del mandante.

También conviene revisar el costo total del factoring, no solo la tasa informada. Pueden existir comisiones, gastos operacionales, costos por prórroga, diferencias según plazo, retenciones o condiciones específicas en caso de mora del pagador.

Otro punto relevante es distinguir entre liquidez y rentabilidad. Anticipar una factura puede resolver caja, pero reduce el margen final del contrato. Si la empresa depende permanentemente de factoring para operar, debe revisar si sus precios están incorporando correctamente los plazos de pago y el costo financiero.

El riesgo de normalizar pagos largos

El plazo de pago no es un detalle administrativo. Para proveedores mineros, puede definir si una orden de compra es financieramente sostenible. Un servicio rentable en el papel puede dejar de serlo si obliga a financiar su ejecución durante dos o tres meses.

Por eso, antes de aceptar condiciones de 60 o 90 días, las empresas deberían proyectar caja, estimar costos financieros, revisar alternativas de factoring y negociar condiciones más claras de recepción y pago. En contratos con grandes compañías o integradores industriales, la discusión no pasa solo por el precio del servicio, sino también por cuándo se paga y bajo qué condiciones.

Para contratistas y proveedores que buscan crecer en la cadena minera, vender más no siempre significa estar mejor. Sin control del flujo de caja, una cartera de facturas por cobrar puede transformarse en deuda operativa encubierta.