Las fusiones y adquisiciones mineras por hasta US$60.000 millones están reconfigurando el mapa corporativo en Sudamérica, en un momento en que el cobre y el oro vuelven a posicionarse como activos estratégicos para la transición energética y la expansión tecnológica global. El repunte de precios y la expectativa de un déficit estructural de cobre han impulsado una nueva ola de consolidación que no solo involucra a gigantes tradicionales, sino también a actores emergentes con fuerte respaldo financiero.
Así lo planteó Adán Pino, presidente de proEXPLO 2026, al advertir que el ciclo actual de minerales críticos está acelerando la concentración del sector. En su análisis, la región andina —con Argentina, Chile, Perú y Ecuador— se ha convertido en el principal escenario de disputa por proyectos de cobre y oro de gran escala, en un entorno donde los mercados premian portafolios con exposición a metales clave para electrificación, infraestructura y digitalización.
BHP y Lundin consolidan el distrito Vicuña
Uno de los movimientos más significativos fue la adquisición conjunta de Filo Corp. por parte de BHP y Lundin Mining, valorizada en aproximadamente C$4.500 millones (US$3.250 millones). La operación permitió consolidar el control sobre el proyecto Filo del Sol y articular sinergias con Josemaría en el distrito Vicuña, en la frontera entre Argentina y Chile.
Te puede interesar
Producción de cobre: Anglo American alcanza 170.400 toneladas y proyecta hasta 760 mil en 2026
Grupo México gana US$1.710 millones en el 1T y deja una señal clave para el cobre regional
Minerales críticos: EE.UU. y la UE sellan acuerdo el 24 de abril y activan 4 medidas
La jugada refuerza la tesis de que la cordillera andina será uno de los polos de crecimiento cuprífero más relevantes de la próxima década. Argentina, en particular, ha ganado protagonismo exploratorio, atrayendo capital internacional en una etapa donde los proyectos de gran escala comienzan a definir su viabilidad económica.
Jiangxi Copper y el avance chino en Ecuador
Otro hito fue la compra de SolGold por parte de Jiangxi Copper, operación estimada entre US$1.130 millones y US$1.170 millones. El activo central es Cascabel, uno de los proyectos de cobre-oro más relevantes de Ecuador.
El movimiento confirma que el interés por activos andinos no se limita a Chile y Perú. Ecuador emerge como jurisdicción en ascenso, mientras los grandes conglomerados buscan exposición a proyectos de larga vida útil y alta ley. La competencia por depósitos estratégicos ya es abierta y global.
Anglo American y Teck elevan la escala del proceso
En paralelo, el mercado internacional siguió de cerca la combinación entre Anglo American y Teck Resources, anunciada como una fusión de iguales para crear Anglo Teck. Diversas coberturas sitúan la operación en un rango entre US$53.000 millones y US$60.000 millones.
Si bien se trata de una transacción de alcance global, su impacto en Sudamérica es directo, dada la relevancia de los activos cupríferos de ambas compañías en la región. La señal al mercado es inequívoca: las grandes mineras están reorganizando portafolios para aumentar su exposición al cobre, considerado el metal estructural de la transición energética.
Perú busca capturar el nuevo ciclo
En este escenario de consolidación, Perú intenta fortalecer su posicionamiento. Datos oficiales difundidos a inicios de 2026 muestran que la inversión minera acumulada entre enero y noviembre de 2025 superó los US$5.133 millones, con un crecimiento interanual de 21,1%.
El país apuesta por dinamizar la exploración y acelerar proyectos en carpeta, con el objetivo de capturar mayor participación en el nuevo ciclo de minerales críticos. El desafío, según coinciden analistas sectoriales, pasa por garantizar estabilidad regulatoria, mayor agilidad en permisos y una articulación efectiva entre exploración, sostenibilidad y desarrollo territorial.
Sudamérica en el centro de la disputa global
La convergencia de estas operaciones confirma una tendencia estructural: el cobre y el oro sudamericanos se han convertido en activos estratégicos para las grandes compañías globales. Mientras la demanda proyectada continúe respaldada por electrificación, infraestructura digital y expansión de energías renovables, la presión por asegurar reservas de largo plazo seguirá intensificándose.
Para la región, el escenario abre una oportunidad histórica de atraer capital y consolidar distritos mineros de clase mundial. Pero también eleva la exigencia en gobernanza, gestión ambiental y ejecución técnica. La consolidación corporativa ya está en marcha; el desafío ahora es transformar el potencial geológico en producción sostenible y competitiva a escala global.









