
Las compañías analizan una eventual operación conjunta, mientras Heeney Capital estudia una propuesta separada junto a Drummond. Las conversaciones apuntan al control operativo y a derechos de comercialización, sin contemplar por ahora la compra directa de las minas.
Glencore y Peabody Energy están evaluando una posible incursión en la industria carbonífera de Venezuela mediante una oferta conjunta por activos ubicados en el estado de Zulia, principal zona productora de este mineral en el país. Paralelamente, la firma de inversión estadounidense Heeney Capital analiza otra propuesta junto a Drummond, uno de los grandes productores privados de carbón de Estados Unidos. Las negociaciones se encuentran en una etapa preliminar y hasta ahora no existe un acuerdo definitivo.
Las conversaciones con las autoridades venezolanas se han concentrado en fórmulas que entregarían a los inversionistas control sobre las operaciones y derechos de offtake, es decir, capacidad para adquirir y comercializar parte o la totalidad de la producción, en lugar de una transferencia completa de la propiedad de los yacimientos. No se han divulgado montos de inversión, activos específicos ni volúmenes potenciales de producción asociados a las propuestas.
Glencore declinó comentar públicamente las conversaciones, mientras Peabody, Heeney Capital y Drummond no habían entregado una respuesta sobre las negociaciones al conocerse el reporte.
Zulia concentra el principal potencial carbonífero venezolano
El interés de las compañías se concentra en Zulia, en el noroeste de Venezuela y junto a la frontera con Colombia, donde se encuentran los principales depósitos carboníferos del país.
La cuenca de Guasare incluye históricamente áreas como Paso Diablo, Mina Norte y Socuy. Estudios geológicos realizados durante décadas han identificado importantes recursos de carbón bituminoso en esa zona, aunque las estimaciones disponibles varían considerablemente y parte importante de la información sobre reservas y recursos venezolanos necesita ser actualizada.
La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estimó que Venezuela disponía en 2021 de unos 806 millones de toneladas cortas de reservas de carbón, la cuarta mayor cifra de Sudamérica. El organismo identifica precisamente a Zulia como el núcleo de la actividad carbonífera del país.
Sin embargo, contar con recursos minerales no equivale a disponer de producción comercial inmediata. La industria venezolana sufrió durante años problemas de infraestructura, falta de inversiones y una fuerte reducción de su actividad.
La producción nacional había alcanzado cerca de 8,7 millones de toneladas cortas en 2000, pero cayó de forma sostenida durante las dos décadas siguientes. Datos históricos de la EIA muestran que en 2021 Venezuela produjo apenas unas 174.000 toneladas cortas.
Venezuela intenta recuperar su producción de carbón
La situación comenzó a cambiar en los últimos años. Venezuela reactivó operaciones en las minas Paso Diablo y Mina Norte a fines de 2024, dentro de un plan para recuperar exportaciones y obtener nuevos ingresos fuera de la industria petrolera.
Las autoridades venezolanas llegaron a establecer como objetivo superar los 10 millones de toneladas de carbón durante 2025, aunque las cifras efectivamente producidas no han podido ser verificadas de manera independiente. La falta de estadísticas recientes y consistentes sigue siendo uno de los principales obstáculos para evaluar el verdadero tamaño del sector minero venezolano.
Una eventual entrada de grupos como Glencore, Peabody y Drummond supondría un cambio de escala respecto de la actividad de los últimos años.
Glencore es uno de los mayores productores y comercializadores de carbón del mundo. Para 2026 proyecta una producción propia de entre 95 millones y 100 millones de toneladas de carbón energético, además de entre 30 millones y 34 millones de toneladas de carbón metalúrgico. La compañía mantiene operaciones carboníferas principalmente en Australia, Sudáfrica, Canadá y Colombia.
Peabody, por su parte, opera minas de carbón térmico y metalúrgico en Estados Unidos y Australia. Al cierre de 2025 mantenía participaciones en 16 operaciones carboníferas activas.
El cambio regulatorio que abrió la puerta
El nuevo interés empresarial coincide con una flexibilización del marco estadounidense aplicable a determinadas operaciones con recursos naturales venezolanos.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), emitió el 2 de septiembre de 2026 nuevas licencias generales relacionadas específicamente con el carbón y otros minerales venezolanos.
Entre ellas se encuentra la Licencia General 51D, que autoriza determinadas operaciones con carbón y minerales de origen venezolano, y la Licencia General 55A, que permite negociaciones y contratos condicionados vinculados con inversiones en esos sectores. Las autorizaciones incluyen determinadas transacciones relacionadas con la empresa estatal Carbones del Zulia, conocida como Carbozulia.
Este cambio redujo una de las principales barreras para que empresas estadounidenses y compañías internacionales con exposición al sistema financiero de Estados Unidos pudieran analizar negocios en el sector.
El esquema, sin embargo, mantiene restricciones. OFAC establece condiciones para las transacciones y limita determinadas actividades de procesamiento y refinación de minerales o carbón venezolano en países sujetos a restricciones específicas.
Heeney Capital ya avanzó en la minería venezolana
Para Heeney Capital, el carbón no sería su primer acercamiento reciente a los recursos naturales de Venezuela.
La firma estadounidense alcanzó durante septiembre un acuerdo relacionado con la operación y exportación de producción de la mina de oro Choco, mediante una asociación de largo plazo en la que también participa la comercializadora Mercuria. El proyecto contempla una inversión estimada de alrededor de US$1.000 millones.
La eventual asociación con Drummond para ingresar al carbón refuerza así una estrategia de expansión hacia activos venezolanos, aunque la iniciativa permanece bajo evaluación.
Una negociación todavía sin acuerdo definitivo
Por ahora, las conversaciones de Glencore, Peabody, Heeney Capital y Drummond no equivalen a inversiones comprometidas ni a proyectos aprobados.
Tampoco se conocen públicamente los activos exactos incluidos en las negociaciones, las inversiones necesarias para reactivar o ampliar las operaciones, los niveles de producción previstos ni las condiciones económicas que Venezuela exigiría a los eventuales operadores.
El estado de la infraestructura será además un factor central. La industria carbonífera venezolana ha enfrentado históricamente restricciones asociadas al transporte, las instalaciones portuarias y el mantenimiento de las minas, lo que implica que recuperar grandes volúmenes de exportación requeriría capital adicional más allá de la operación de los yacimientos.
Las conversaciones muestran, no obstante, que el renovado interés extranjero por los recursos naturales venezolanos está comenzando a extenderse desde el petróleo y el oro hacia el carbón, un sector de menor peso en la economía del país pero que posee importantes depósitos en Zulia y que podría volver a adquirir relevancia exportadora si logra atraer inversión, infraestructura y operadores internacionales.






