El IPSA abrió este viernes 6 de marzo con una baja de 0,5%, hasta los 10.248,60 puntos, en una sesión marcada por ventas globales, cobertura defensiva y un salto del Brent de 4,6% hasta US$89 por barril, su nivel más alto desde abril de 2024. Para un mercado local que sigue de cerca el precio del cobre y las materias primas, el cambio de foco fue inmediato: esta vez el riesgo vino por energía, inflación y tasas.
El shock externo volvió a dominar la apertura chilena
La presión no fue solo local. Un análisis de Reuters advirtió que la escalada tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán elevó la volatilidad en bolsas, monedas y activos refugio, en un escenario donde el petróleo volvió a transformarse en la variable crítica para los inversionistas. En esa misma línea, los futuros de Wall Street y las bolsas europeas operaban en rojo mientras el mercado volvía a recalibrar el riesgo global.
El movimiento del IPSA se produce después de varios días de alta sensibilidad en Santiago. De hecho, el índice ya venía de una secuencia de pérdidas y rebotes bruscos, en un mercado que intenta dimensionar cuánto puede durar el deterioro geopolítico y qué efecto tendrá sobre inflación, crecimiento y costo financiero. Ese cruce ya había quedado instalado en coberturas recientes sobre qué pasará con el precio del cobre en 2026 y sobre el aumento de la volatilidad en activos ligados a commodities.
Te puede interesar
Precio del petróleo supera US$126: Ormuz extiende el shock y el mercado mira un riesgo que aún no cede
Inflación en Chile volvería sobre 4% en abril por bencinas y Brent a US$112: la señal que mira el Banco Central
Enel Chile proyecta US$65 millones por deuda eléctrica y anticipa definiciones clave para el sistema de distribución
Ormuz vuelve a ser el punto crítico del mercado energético
La razón de fondo sigue siendo la misma: el mercado teme una interrupción más severa en el Golfo. La EIA recordó que en 2024 el Estrecho de Ormuz movió en promedio 20 millones de barriles diarios, equivalentes a cerca de 20% del consumo mundial de líquidos petroleros, además de alrededor de una quinta parte del comercio global de GNL. En un contexto así, cualquier deterioro militar adicional se traduce casi de inmediato en prima de riesgo sobre el crudo.
Ese canal importa de manera directa para Chile. En medio del nuevo repunte del crudo, el país ya venía mostrando una alta dependencia importadora, como reflejó la nota sobre precio del petróleo en alza: Chile importó 8,9 millones de toneladas en 2024. Cuando el Brent sube con esta velocidad, la presión no queda encerrada en el mercado financiero: pasa a combustibles, transporte, logística y expectativas inflacionarias.
El frente minero también queda bajo presión por costos
Para minería, el problema no es teórico. El Observatorio de Costos de Cochilco establece que el modelamiento del Cash Cost (C1) de la gran minería del cobre incorpora explícitamente energía eléctrica y combustibles entre sus principales componentes. En otras palabras, un petróleo persistentemente alto no solo golpea a las bolsas: también reabre presión sobre estructura de costos, márgenes y planificación operacional en un sector donde la productividad ya viene bajo escrutinio.
Ese punto se cruza con discusiones que ya estaban abiertas en la industria local sobre costos y productividad en la minería chilena. Con el IPSA nuevamente en rojo, el Brent en máximos de casi dos años y las tasas soberanas subiendo, el mercado chileno vuelve a operar bajo una lógica simple: mientras el conflicto con Irán no afloje, el precio de la energía seguirá mandando sobre la narrativa de riesgo.









