
Desde grandes rajos de cobre cercanos a la costa hasta minas de oro emplazadas sobre los 4.000 metros de altura, Atacama concentra algunas de las operaciones mineras más relevantes y diversas de Chile.
En una misma región es posible encontrar una mina de cobre que procesa decenas de miles de toneladas de roca cada día, operaciones auríferas trabajando en plena alta cordillera y yacimientos de hierro vinculados a una cadena industrial que termina en puertos del Pacífico. Atacama es uno de los territorios donde mejor puede observarse la diversidad de la minería chilena, tanto por los minerales explotados como por las tecnologías utilizadas para extraerlos.
El mapa minero regional se extiende desde Chañaral y Diego de Almagro hasta Copiapó, Tierra Amarilla, Vallenar y Huasco. Allí conviven operaciones a cielo abierto y subterráneas, plantas concentradoras, sistemas de lixiviación, plantas desalinizadoras, depósitos de relaves e infraestructura ferroviaria y portuaria que permite transportar los productos minerales hacia los mercados internacionales.
Entre sus principales faenas destacan Candelaria, Caserones, Mantoverde, Salvador, Salares Norte y La Coipa, además de las grandes operaciones de hierro de Compañía Minera del Pacífico.
Candelaria: un gran complejo de cobre a pocos kilómetros de Copiapó
A aproximadamente 20 kilómetros al sur de Copiapó se encuentra el Complejo Minero Candelaria, uno de los principales centros productores de cobre de la Región de Atacama. La operación combina minería a cielo abierto y subterránea, una característica que permite explotar distintos sectores del sistema mineralizado mediante métodos diferentes.
El complejo incluye Candelaria y Ojos del Salado. La principal planta de procesamiento puede tratar alrededor de 80.000 toneladas de mineral por día, mientras que Ojos del Salado incorpora la mina subterránea Santos y una planta de menor capacidad. Durante 2025, el complejo produjo aproximadamente 145.471 toneladas de cobre y más de 80.000 onzas de oro.
El mineral sulfurado pasa por chancado, molienda y flotación. En términos simples, la roca extraída es reducida progresivamente de tamaño hasta liberar los minerales que contienen cobre; posteriormente, mediante reactivos y burbujas de aire, las partículas valiosas son separadas para formar un concentrado.
Candelaria también muestra cómo la minería moderna depende de infraestructura que se extiende mucho más allá del yacimiento. Parte importante de su agua proviene de una planta desalinizadora ubicada en Caldera y sus concentrados son transportados hasta instalaciones portuarias cercanas a esa ciudad para su embarque.
Caserones: minería de gran escala en plena Cordillera de los Andes
Mucho más arriba, aproximadamente 125 kilómetros al sureste de Copiapó, se encuentra Caserones. Es una mina de cobre y molibdeno a cielo abierto emplazada en la cordillera, dentro de uno de los sectores geológicamente más interesantes de Atacama.
Su escala puede entenderse observando su planta concentradora, diseñada para procesar alrededor de 105.000 toneladas de mineral diariamente. Caserones también posee instalaciones de extracción por solventes y electroobtención, conocidas por la sigla SX-EW, que permiten producir cátodos de cobre a partir de minerales procesados mediante lixiviación.
La operación produjo 132.881 toneladas de cobre durante 2025. A diferencia de faenas ubicadas a menor altitud, Caserones debe enfrentar además las exigencias propias de la alta montaña: bajas temperaturas, nieve, accesos complejos y una infraestructura eléctrica expuesta a condiciones meteorológicas severas.
Esa realidad quedó especialmente visible durante el invierno de 2026, cuando fuertes tormentas y nevadas dañaron infraestructura eléctrica y provocaron interrupciones temporales. Es un recordatorio de que una mina de gran escala no depende solamente de la existencia del mineral: caminos, líneas de transmisión, agua, energía y logística pueden ser tan determinantes como el propio yacimiento.
Mantoverde: del cobre oxidado a una nueva etapa de sulfuros
A unos 56 kilómetros al sureste de Chañaral se encuentra Mantoverde, otra de las grandes operaciones cupríferas de Atacama. El yacimiento está asociado al Sistema de Fallas de Atacama y corresponde a un depósito del tipo IOCG, sigla utilizada para describir sistemas mineralizados relacionados con óxidos de hierro, cobre y oro.
Durante décadas, Mantoverde estuvo principalmente asociada al tratamiento de minerales oxidados mediante lixiviación y procesos SX-EW para producir cátodos. La operación cambió de escala con el desarrollo de una nueva concentradora destinada a procesar minerales sulfurados.
La instalación posee una capacidad nominal cercana a 32.000 toneladas diarias de mineral, permitiendo producir concentrado de cobre además de los tradicionales cátodos. Este cambio refleja algo que ocurre en numerosas minas chilenas: a medida que se profundiza la explotación, los minerales oxidados cercanos a la superficie pueden dar paso a grandes volúmenes de sulfuros que requieren flotación.
Otro elemento fundamental es el agua. Mantoverde cuenta con una planta desalinizadora ubicada aproximadamente 40 kilómetros al oeste de la mina, infraestructura que abastece los requerimientos de la operación y permite reducir la dependencia de fuentes continentales en una de las regiones más secas del planeta.
Salvador y Rajo Inca: una histórica operación que inicia una nueva etapa
La minería de Atacama también tiene uno de sus nombres históricos en División Salvador, ubicada en la comuna de Diego de Almagro. Sus operaciones comenzaron en 1959 y durante décadas combinaron explotación subterránea y minería a cielo abierto.
En 2025, Salvador produjo alrededor de 47.000 toneladas de cobre fino, pero la historia de esta división está entrando en una transformación mucho mayor. El proyecto Rajo Inca comenzó a producir mineral a fines de 2024 y busca convertir el antiguo distrito en una operación principalmente a cielo abierto capaz de aprovechar mineralización que anteriormente resultaba más difícil de incorporar al plan minero.
La planta concentradora avanza gradualmente hacia una capacidad de diseño de aproximadamente 37.000 toneladas diarias de minerales sulfurados. Rajo Inca permitirá extender por varias décadas la actividad minera de Salvador, demostrando que un distrito explotado durante más de medio siglo todavía puede encontrar una nueva vida mediante exploración, ingeniería y cambios en el método de explotación.
Aquí existe además un importante complejo industrial asociado. Potrerillos, sus instalaciones metalúrgicas y el puerto de Barquito forman parte de una historia minera que ha condicionado durante generaciones el desarrollo económico de la provincia de Chañaral.
Salares Norte y La Coipa: el gran distrito aurífero de la cordillera
Atacama no es solamente cobre. En su sector cordillerano existen importantes depósitos de oro y plata, entre los que actualmente destacan Salares Norte y La Coipa.
Salares Norte está ubicada en la comuna de Diego de Almagro, a elevaciones que se encuentran aproximadamente entre 3.900 y 4.700 metros sobre el nivel del mar. Su mineralización corresponde a un sistema epitermal de alta sulfuración, un tipo de depósito generado por antiguos fluidos hidrotermales asociados a actividad volcánica.
La operación inició su producción de oro en 2024 y durante 2026 alcanzó un régimen productivo más estable. Solo durante el primer semestre de ese año registró alrededor de 337.000 onzas equivalentes de oro, convirtiéndose rápidamente en una de las operaciones auríferas más importantes actualmente activas en Chile.
Más al sur se encuentra La Coipa, aproximadamente 140 kilómetros al noreste de Copiapó. La faena tiene una larga historia minera, fue detenida temporalmente en 2013 y volvió a producir oro en 2022 mediante el desarrollo de una nueva fase de explotación.
Durante 2025 produjo aproximadamente 231.770 onzas equivalentes de oro. La compañía continúa trabajando en alternativas destinadas a prolongar la vida de la operación mediante sectores cercanos y nuevas fases mineras, demostrando la importancia que puede adquirir la exploración alrededor de instalaciones existentes.
El hierro: la otra gran minería de Atacama
El cobre y el oro suelen concentrar la mayor atención, pero Atacama posee además una extensa historia vinculada al hierro. Compañía Minera del Pacífico mantiene operaciones en los valles de Copiapó y Huasco, incluyendo Cerro Negro Norte, Los Colorados, Planta Magnetita y la Planta de Pellets de Huasco, junto con instalaciones portuarias necesarias para transportar el producto.
Mina Los Colorados se encuentra en el área de Vallenar y constituye uno de los grandes yacimientos de hierro explotados en el país. Cerro Negro Norte, en tanto, forma parte del sistema productivo del Valle de Copiapó y está conectado con infraestructura de procesamiento y transporte que permite convertir la roca extraída en concentrados comerciales de hierro.
Este mineral tiene una lógica completamente diferente al cobre. En lugar de producir cátodos o concentrados cupríferos, el objetivo es elevar la concentración de hierro y generar productos aptos para alimentar procesos siderúrgicos. Buena parte termina exportándose como materia prima para fabricar acero.
Una región donde conviven varias generaciones de minería
Junto a estas grandes faenas existen operaciones de menor escala que completan el mapa regional. Atacama Kozan, por ejemplo, explota cobre mediante minería subterránea en Tierra Amarilla y posee una planta concentradora con capacidad cercana a 150.000 toneladas mensuales. En la misma zona existe además una larga tradición de pequeña y mediana minería vinculada históricamente a Copiapó, Tierra Amarilla y Vallenar.
Esa combinación resulta particularmente importante. Atacama posee operaciones iniciadas hace más de medio siglo, minas que fueron reactivadas después de años detenidas y faenas que recién están alcanzando sus niveles normales de producción. Algunas trabajan cerca de la costa y otras lo hacen a más de cuatro kilómetros sobre el nivel del mar.
También muestra varias de las transformaciones que está experimentando la minería chilena. Desalinización, energías renovables, automatización, procesamiento de sulfuros, expansión de plantas y recuperación de agua desde relaves forman parte de una industria obligada a producir minerales en condiciones cada vez más exigentes.
Por eso, mirar las principales faenas de Atacama significa observar mucho más que un conjunto de minas. Es recorrer una región donde cobre, oro, plata y hierro han construido durante décadas una extensa red de caminos, plantas, puertos, ciudades y conocimiento técnico, y donde varios de los proyectos actuales podrían definir una nueva generación de minería chilena durante las próximas décadas.






