La Organización Mundial de la Salud llamó a reforzar la vigilancia epidemiológica y la preparación de los sistemas sanitarios ante un episodio que la OMM prevé de intensidad muy fuerte y con efectos que podrían extenderse hasta 2027.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió este martes 22 de septiembre que el actual fenómeno de El Niño constituye una amenaza relevante para la salud pública mundial, debido a su capacidad para aumentar la exposición a olas de calor, inundaciones, sequías, incendios forestales y alteraciones en la disponibilidad de agua y alimentos. La alerta coincide con un episodio que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) espera que continúe fortaleciéndose durante los próximos meses y persista, con una probabilidad cercana al 100%, al menos hasta febrero de 2027.
Los riesgos sanitarios no se limitan a los efectos directos de los fenómenos meteorológicos. La OMS identifica también una mayor posibilidad de desnutrición, enfermedades transmitidas por el agua y mosquitos, problemas respiratorios, agravamiento de enfermedades crónicas y daños a establecimientos de salud, especialmente en territorios con sistemas sanitarios débiles o poblaciones expuestas a emergencias humanitarias.
“El Niño representa una amenaza importante para la salud pública”, sostuvo Teresa Zakaria, jefa de la unidad de reducción de riesgos, operaciones humanitarias y cambio climático de la OMS, durante una rueda de prensa en Ginebra.
El Niño amplifica riesgos sanitarios existentes
La OMS precisa que El Niño no provoca directamente enfermedades, sino que modifica las condiciones ambientales que determinan su propagación o gravedad. El impacto final depende de la intensidad del fenómeno climático, las características de cada territorio, la infraestructura disponible y la capacidad de respuesta sanitaria.
El organismo publicó a comienzos de septiembre un análisis global dedicado al episodio de 2026, en el que advierte que los mayores impactos pueden producirse cuando las anomalías climáticas coinciden con sistemas de salud vulnerables, baja inmunidad de la población, dificultades para acceder a atención médica o condiciones ambientales favorables para la transmisión de enfermedades.
Las inundaciones, por ejemplo, pueden contaminar fuentes de agua potable y deteriorar los sistemas de saneamiento, mientras que las sequías pueden obligar a almacenar agua durante períodos prolongados, generando nuevos puntos de reproducción para mosquitos.
Ambos escenarios pueden elevar el riesgo de enfermedades infecciosas.
Calor extremo, enfermedades respiratorias y riesgos para trabajadores
Uno de los principales focos de preocupación es el estrés térmico. Temperaturas excepcionalmente altas pueden producir agotamiento por calor y golpes de calor, además de agravar patologías cardiovasculares, respiratorias, renales y metabólicas.
La OMS considera que, bajo condiciones más cálidas y secas asociadas a El Niño, el estrés térmico alcanza una categoría de riesgo muy alto. El peligro aumenta especialmente entre personas mayores, pacientes con enfermedades preexistentes y quienes trabajan durante períodos prolongados al aire libre.
Esto incluye actividades productivas con alta exposición ambiental, desde agricultura y construcción hasta operaciones industriales y mineras.
Las condiciones secas también pueden favorecer incendios forestales, episodios de humo y mayores concentraciones de partículas en suspensión. La OMS clasifica las enfermedades respiratorias asociadas a estos escenarios dentro de los riesgos altos debido al impacto que la contaminación atmosférica puede tener sobre las vías respiratorias.
Dengue, malaria y chikungunya bajo vigilancia
Las enfermedades transmitidas por vectores son otro de los puntos centrales de la advertencia.
Las precipitaciones intensas pueden dejar acumulaciones de agua capaces de ampliar los criaderos de mosquitos, mientras que las sequías pueden generar un efecto similar cuando las comunidades deben almacenar agua o cuando ríos y cuerpos de agua se reducen a pozas aisladas.
El organismo identifica al dengue, chikungunya, zika y fiebre amarilla entre las enfermedades cuyo riesgo puede aumentar dependiendo de las condiciones locales.
Para escenarios más cálidos y húmedos, la OMS considera altamente probable un aumento del riesgo de enfermedades arbovirales y malaria en zonas donde existen los vectores capaces de transmitirlas. También advierte que los efectos sanitarios pueden aparecer semanas o incluso meses después de las precipitaciones.
Cólera y desnutrición aparecen entre los riesgos más altos
El deterioro de la seguridad alimentaria y del acceso al agua representa otro frente crítico.
En su evaluación global, la OMS clasifica la desnutrición y el cólera, junto con otras enfermedades transmitidas por el agua, como riesgos muy altos tanto en determinadas condiciones de sequía como frente a escenarios de lluvias e inundaciones.
Las sequías pueden reducir la producción agrícola y ganadera, encarecer alimentos y deteriorar la disponibilidad de agua segura. Las inundaciones, por su parte, pueden destruir cultivos, provocar pérdidas de ganado, contaminar fuentes de agua y afectar carreteras e infraestructura necesaria para distribuir alimentos y suministros médicos.
Los menores de cinco años, mujeres embarazadas o en período de lactancia, personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas, comunidades desplazadas y poblaciones con dificultades para acceder a servicios sanitarios figuran entre los grupos más vulnerables.
Qué se espera para América
Para la región de las Américas, el análisis sanitario de la OMS contempla escenarios diferentes según la ubicación.
En partes de Centroamérica y el Caribe se esperan condiciones más cálidas y secas, mientras que sectores de la costa del Pacífico y del sur de Sudamérica pueden registrar lluvias por encima de lo normal, inundaciones o deslizamientos. En áreas del norte de Sudamérica y la cuenca amazónica existen, en cambio, riesgos asociados a altas temperaturas, sequías, reducción de caudales e incendios forestales.
La evaluación regional identifica como riesgos sanitarios relevantes la inseguridad alimentaria, las enfermedades transmitidas por agua, dengue, estrés térmico y el agravamiento de enfermedades no transmisibles.
Chile no aparece entre los países que la OMS clasificó específicamente con riesgo alto o muy alto en la evaluación regional elaborada con información disponible hasta fines de julio. El propio organismo advierte, sin embargo, que estas categorías no constituyen pronósticos definitivos y que los impactos pueden variar considerablemente dentro de cada país.
Un Niño muy fuerte con efectos hasta 2027
La OMM confirmó el 3 de septiembre que El Niño ya se encuentra consolidado y continuará intensificándose.
Entre mayo y julio de 2026, la anomalía promedio de la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 alcanzó +1,5 °C, mientras que en julio llegó a +2 °C. Entre fines de julio y mediados de agosto se observaron registros semanales entre aproximadamente +2,2 °C y +2,6 °C sobre el promedio.
La organización prevé que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte antes de llegar a su máximo hacia fines de 2026 y advierte que sus efectos climáticos pueden continuar durante 2027.
El Niño es un fenómeno natural y no es causado por el cambio climático. Sin embargo, la OMM advierte que este episodio está ocurriendo sobre una base de temperaturas globales ya elevadas, lo que puede aumentar la exposición a episodios de calor extremo y otros eventos meteorológicos.
Ante ese escenario, la OMS pidió a los países utilizar el margen que ofrecen los pronósticos para fortalecer los sistemas de alerta, aumentar la vigilancia epidemiológica, asegurar suministros médicos y preparar establecimientos de salud en las zonas con mayor exposición.



