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Petróleo cae cerca de 21% en junio y abre alivio parcial para los costos energéticos de la minería

El precio del petróleo experimentó una caída cercana al 21% en junio, aliviando parcialmente los costos energéticos de la minería chilena, aunque la industria sigue enfrentando desafíos estructurales y geopolíticos.

Petróleo cae cerca de 21% en junio y abre alivio parcial para los costos energéticos de la minería
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El Brent cerró el mes en torno a US$73 por barril, en su mayor retroceso mensual desde el shock de 2020. La baja reduce presión sobre combustibles y transporte, aunque la minería chilena sigue expuesta a energía, agua, insumos y volatilidad geopolítica.

Los precios internacionales del petróleo cerraron junio con su caída mensual más pronunciada desde los primeros meses de 2020, en una señal relevante para industrias intensivas en energía como la minería. El Brent terminó la sesión de este martes en US$72,92 por barril y el WTI en US$69,50, con bajas cercanas a 21% y 20% en el mes, respectivamente, según datos de mercado recogidos por Reuters y MarketWatch.

La magnitud del ajuste marca un cambio brusco frente al escenario de tensión que dominó al mercado petrolero durante buena parte del trimestre, cuando el conflicto en Medio Oriente elevó las primas de riesgo y puso el foco en el Estrecho de Ormuz, una ruta crítica para el comercio mundial de crudo. El descenso de junio estuvo asociado al alivio de los temores de interrupción de suministro, la reanudación de flujos marítimos y expectativas de una recomposición gradual de inventarios.

Un giro rápido desde el riesgo de escasez

La caída del petróleo se produjo después de semanas de alta volatilidad. A mediados de junio, el Brent y el WTI ya habían retrocedido con fuerza ante señales de un acuerdo interino para reducir tensiones en Medio Oriente y normalizar el tránsito por el Estrecho de Ormuz. Reuters informó entonces que el Brent cerró en US$78,96 por barril y el WTI en US$76,05, sus menores niveles en cerca de tres meses.

El movimiento se profundizó hacia el cierre del mes. El 24 de junio, el Brent bajó a US$73,74 por barril, su menor precio desde antes del inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, en medio de mayores salidas de buques desde Ormuz y menor temor a disrupciones logísticas.

En el balance trimestral, el ajuste fue aún más fuerte: el Brent acumuló una baja cercana a 38% en el segundo trimestre, mientras el WTI retrocedió sobre 31%, su peor desempeño trimestral en seis años. Para el mercado, el cambio de narrativa fue evidente: de una preocupación por déficit inmediato de oferta a una discusión sobre normalización de flujos, demanda más débil y posible excedente hacia adelante.

Por qué importa para la minería chilena

Aunque el petróleo no determina por sí solo la estructura de costos de una faena, sí incide en varias partidas sensibles para la minería: diésel para camiones de extracción, transporte de concentrados, logística portuaria, fletes, insumos derivados del petróleo y costos indirectos de contratistas.

En la minería del cobre en Chile, la energía es uno de los insumos estratégicos más relevantes. Cochilco informó que en 2024 el sector consumió 199.452 terajoules de energía, de los cuales 102.307 TJ correspondieron a electricidad y 97.145 TJ a combustibles.

Ese dato muestra que el impacto de un petróleo más barato no es marginal. Casi la mitad del consumo energético de la minería cuprífera chilena sigue asociado a combustibles, especialmente en operaciones de rajo abierto, transporte interno, maquinaria pesada y actividades de apoyo. Sin embargo, el efecto no llega de manera automática ni uniforme: depende de contratos de suministro, mecanismos de indexación, inventarios, tipo de operación, distancia a puertos y exposición al transporte terrestre o marítimo.

Alivio acotado frente a costos estructurales

Para las compañías mineras, una baja del crudo puede contribuir a contener costos operacionales en el corto plazo, especialmente en faenas con alta intensidad de movimiento de material. En minas de baja ley o yacimientos más profundos, el consumo energético tiende a crecer porque se requiere mover más roca para obtener la misma cantidad de cobre fino.

Ese fenómeno es estructural en Chile. Cochilco proyecta que el consumo eléctrico de la minería del cobre aumentará desde 27,6 TWh en 2025 hasta 33,2 TWh en 2034, un incremento de 20,2%, frente a un alza esperada de 8,3% en la producción de cobre en el mismo período.

La señal es clara: incluso con petróleo más bajo, la presión energética de largo plazo no desaparece. La industria enfrenta mayores requerimientos por molienda, desalación, impulsión de agua, ventilación en minería subterránea, continuidad operacional y electrificación de procesos. El precio del crudo puede aliviar una parte de la caja, pero no resuelve el desafío de productividad energética que arrastra el sector.

Efectos sobre inflación, combustibles y proveedores

El ajuste del petróleo también tiene una lectura macroeconómica para Chile. Un menor precio internacional del crudo tiende a reducir presión sobre combustibles, transporte y algunas cadenas logísticas, aunque el traspaso final depende del tipo de cambio, impuestos, mecanismos de estabilización y rezagos de mercado.

Para la minería, esto puede sentirse en dos frentes. Primero, en costos directos de combustible y servicios asociados. Segundo, en proveedores que enfrentan gastos relevantes en transporte, neumáticos, lubricantes, explosivos, maquinaria y distribución hacia faenas remotas.

En regiones mineras como Antofagasta, Atacama, Tarapacá y Coquimbo, el costo logístico es una variable crítica. La distancia entre puertos, plantas, campamentos, proveedores y operaciones de alta cordillera hace que cualquier variación persistente en combustibles pueda modificar presupuestos de corto plazo. No obstante, las empresas suelen trabajar con contratos anuales o plurianuales, por lo que el impacto completo depende de cuándo se renegocien tarifas y fórmulas de reajuste.

El mercado sigue mirando a Ormuz y la demanda

La baja de junio no elimina la exposición geopolítica del petróleo. El Estrecho de Ormuz continúa siendo una zona sensible para el suministro global, y cualquier interrupción en el tránsito marítimo puede volver a elevar precios rápidamente. Reuters reportó que analistas recortaron sus proyecciones de petróleo para 2026 tras la reapertura de Ormuz y el menor riesgo de suministro, con una estimación promedio para el Brent de US$84,50 por barril este año.

La Agencia Internacional de Energía, en su reporte de junio, proyectó una caída de la demanda mundial de petróleo de 1,1 millones de barriles diarios interanual en 2026 y una oferta global de 102,4 millones de barriles diarios, antes de un rebote previsto para 2027.

Ese escenario combina dos elementos que la industria minera observa de cerca: menor presión inmediata en energía fósil y un mercado aún condicionado por riesgos políticos, demanda asiática, producción de países no OPEP y decisiones de inventarios estratégicos.

Señal para presupuestos mineros

Para las mineras que operan en Chile, el dato de junio entrega una ventana de alivio, pero no cambia la estrategia de fondo. Las compañías siguen empujando contratos eléctricos renovables, eficiencia energética, automatización, camiones de menor consumo, transporte eléctrico y abastecimiento hídrico con agua de mar, todos frentes que requieren inversiones de largo plazo.

El principal efecto de la caída del petróleo será táctico: menor presión sobre combustibles y transporte durante el segundo semestre si los precios se estabilizan en niveles cercanos a los actuales. El impacto estratégico dependerá de si el mercado confirma una normalización sostenida del suministro o si la volatilidad geopolítica vuelve a tensionar el crudo.

Para la minería chilena, el dato relevante no es solo que el petróleo haya tenido su mayor caída mensual desde 2020. Lo central es que el costo energético vuelve a mostrar su peso en la competitividad del cobre: cualquier baja ayuda, pero la industria seguirá midiendo su rentabilidad por productividad, ley mineral, energía, agua, permisos y capacidad de ejecutar proyectos en plazo.