
Productores de Atacama y Coquimbo enfrentan cortes de caminos, predios inundados y problemas de suministro. Capel mantiene detenida su planta de Vicuña y el catastro podría aumentar cuando se recupere la conectividad.
La industria pisquera enfrenta una emergencia productiva tras las intensas lluvias que afectaron a las regiones de Atacama y Coquimbo. El desborde de cauces, la activación de quebradas y los cortes de rutas dejaron viñedos inundados, casetas destruidas y daños en canales, tranques y otras instalaciones necesarias para regar los cultivos.
El impacto todavía no puede calcularse por completo. Varias localidades de los valles pisqueros permanecen aisladas o con comunicaciones interrumpidas, lo que impide llegar a predios, plantas y pequeños productores para evaluar la magnitud real de las pérdidas.
La emergencia también obligó a detener o modificar operaciones industriales. La prioridad durante las primeras jornadas ha sido proteger a los trabajadores, confirmar el estado de las familias vinculadas al sector y evitar desplazamientos por rutas que continúan cortadas o con tránsito restringido.
Capel paraliza su operación en Vicuña
Cooperativa Capel mantiene completamente detenidas sus operaciones en su casa matriz de Vicuña. La medida comenzó de manera preventiva con el desarrollo del temporal, pero se ha prolongado debido a los problemas de acceso al Valle del Elqui.
La interrupción de la Ruta 41 representa uno de los principales obstáculos. El corte registrado en el sector de El Arrayán, donde colapsó infraestructura vial, impide el desplazamiento normal de trabajadores y camiones de carga hacia la planta.
Esta situación no solo afecta la producción. La cooperativa tampoco puede despachar camiones para distribuir sus productos a distintos puntos del país, generando un impacto directo sobre su cadena logística y comercial.
Hasta ahora, Capel ha identificado a más de 150 productores con problemas productivos, principalmente por parrones inundados y casetas de riego destruidas. La cifra podría aumentar cuando sea posible recuperar el contacto con la totalidad de sus cerca de 800 cooperados distribuidos en los valles pisqueros.
Aunque se estudian caminos alternativos por sectores como Alto del Sol y Pelicana, esas vías estarían destinadas principalmente a vehículos livianos. La circulación de camiones de gran tonelaje seguiría limitada mientras no se restablezca una conexión segura hacia Vicuña.
Canales y tranques concentran parte de los daños
Una de las mayores preocupaciones se encuentra en la infraestructura de riego. Las crecidas de ríos y quebradas dañaron canales, tranques, casetas y sistemas utilizados para conducir y distribuir el agua hacia las plantaciones.
La pérdida de estas instalaciones puede extender el efecto del temporal más allá de la emergencia inmediata. Incluso después de que bajen los caudales y se despejen los caminos, los agricultores deberán reparar las obras necesarias para mantener los cultivos durante los próximos meses.
En algunos sectores también se reportan parras cubiertas por agua, acumulación de sedimentos y terrenos afectados por el ingreso de material desde quebradas. El alcance productivo dependerá del tiempo que permanezcan inundados los predios y del estado en que queden las plantas una vez que sea posible ingresar.
La reparación requerirá recursos para recuperar predios, accesos e infraestructura hídrica. También será necesario determinar qué parte de los daños puede resolverse mediante trabajos individuales y cuáles requieren intervención coordinada en canales comunitarios o sistemas compartidos por varios agricultores.
Plantas operan con restricciones en Atacama y Coquimbo
Compañía Pisquera de Chile, controlada por CCU, activó medidas preventivas y realizó ajustes en sus instalaciones. Aunque sus plantas no presentan daños estructurales relevantes hasta el momento, algunas operaciones no funcionan con normalidad.
La reapertura depende de que se cumplan condiciones básicas de seguridad: que los trabajadores puedan trasladarse sin riesgo, que exista agua potable en las instalaciones y que estén disponibles servicios esenciales como electricidad y gas.
La compañía posee operaciones en localidades como Ovalle, Monte Patria, Sotaquí, Salamanca y Pisco Elqui. Cada planta deberá retomar sus procesos de acuerdo con la situación particular de su comuna y con el restablecimiento de la conectividad y los suministros.
En el valle de Limarí, Pisquera Tulahuén también quedó aislada y con dificultades de comunicación, además de interrupciones de agua y electricidad. Sus trabajadores se encuentran en buenas condiciones y, hasta la información disponible, las instalaciones no presentan daños mayores.
La evaluación definitiva deberá realizarse cuando sea posible acceder a la planta. Solo entonces se podrá determinar el momento adecuado para retomar los procesos de destilación y envasado.
Cerca de 4.000 empleos vinculados al sector
La industria pisquera emplea a cerca de 4.000 personas, considerando labores agrícolas, producción industrial, envasado, transporte, distribución y servicios asociados.
Por esa razón, una paralización prolongada puede afectar no solo a las grandes compañías, sino también a cooperados, pequeños productores, trabajadores temporales, transportistas y proveedores instalados en los valles de Atacama y Coquimbo.
La emergencia ocurre, además, en un período complejo para los envíos internacionales. Las exportaciones de pisco registraron una caída de 29,9% durante el primer semestre, aunque el mercado chileno continúa concentrando la mayor parte del consumo.
Por ahora no existe una estimación económica oficial de las pérdidas. El catastro deberá incluir daños en viñedos, instalaciones de riego, caminos interiores, bodegas, plantas y operaciones detenidas, además de los costos derivados de retrasos logísticos.
El abastecimiento nacional dependerá de la duración de los cortes
No se ha confirmado una falta general de pisco en el comercio ni un aumento inmediato de precios asociado al temporal. Las empresas mantienen inventarios y redes de distribución que pueden amortiguar interrupciones acotadas.
Sin embargo, la duración de los cortes de ruta será determinante. Si las plantas continúan sin producir o sin despachar camiones durante un período prolongado, podrían generarse retrasos en la reposición de productos en determinadas zonas.
El mayor riesgo se concentra actualmente en la recuperación agrícola. Reconstruir canales y sistemas de riego puede tomar más tiempo que reactivar una planta, especialmente en localidades donde los caminos permanecen interrumpidos o existen daños compartidos entre distintos agricultores.
Qué deberá revisar la industria tras la emergencia
Una vez que mejoren las condiciones meteorológicas y se habiliten los accesos, productores y empresas deberán completar un catastro detallado de los predios afectados. Entre los puntos prioritarios estarán el estado de las parras, la estabilidad de los terrenos, el funcionamiento de canales y tranques y la posibilidad de trasladar insumos y producción.
También será clave definir apoyos para pequeños agricultores que no cuentan con recursos suficientes para reconstruir casetas, recuperar sistemas de riego o limpiar predios cubiertos por barro y sedimentos.
La recuperación de la industria pisquera dependerá de la rapidez con que se restablezcan las rutas, los servicios básicos y la infraestructura hídrica. Mientras persistan localidades aisladas, el balance seguirá siendo preliminar y existe la posibilidad de que la magnitud de los daños aumente.