
El sistema frontal elevó con fuerza la acumulación nival en las cuencas del Elqui, Limarí y Choapa. Sin embargo, la recuperación de los embalses será gradual y dependerá del deshielo, las temperaturas y las precipitaciones de los próximos meses.
El sistema frontal que comenzó a afectar a la zona centro-norte de Chile el 16 de julio dejó acumulaciones de nieve muy superiores a los registros históricos en sectores cordilleranos de la Región de Coquimbo, una señal favorable para la disponibilidad hídrica futura. El escenario, sin embargo, todavía no permite dar por superada la estrechez que enfrentan las principales cuencas regionales, debido a que embalses estratégicos como Puclaro y La Paloma permanecen en apenas un 17% de su capacidad.
El balance hidrometeorológico actualizado al 20 de julio muestra que la altura promedio del manto nival se encuentra un 51% sobre los valores históricos en las estaciones monitoreadas entre Coquimbo y Biobío. La lectura cambia cuando se analiza el equivalente en agua de la nieve, indicador que permite estimar cuánta agua líquida contiene efectivamente la acumulación cordillerana.
Ese parámetro alcanza un promedio de 331 milímetros, frente a un registro histórico de 390 milímetros, lo que mantiene un déficit general de 15%. La diferencia entre ambos indicadores resulta determinante: una mayor altura de nieve no necesariamente representa el mismo aumento proporcional en reservas hídricas, debido a factores como densidad, temperatura, viento, compactación y características de cada evento meteorológico.
Coquimbo concentra los mayores superávits de nieve
Las estaciones cordilleranas de la Región de Coquimbo registraron algunos de los incrementos más elevados del país. En Cerro Olivares, ubicado en la cuenca del río Elqui, la acumulación llegó a 120 centímetros, frente a un promedio histórico de 19 centímetros. La diferencia representa un superávit de 545%.
En Quebrada Larga, correspondiente a la cuenca del Limarí, se contabilizaron 180 centímetros de nieve, ampliamente por encima de los 42 centímetros históricos para la fecha. El superávit alcanzó un 326%.
Cerro Vega Negra registró 231 centímetros y se ubicó un 145% sobre su referencia histórica, mientras que la estación El Soldado, en la cuenca del Choapa, acumuló 193 centímetros, equivalente a un superávit de 104%.
Los resultados fortalecen las expectativas de recuperación para las tres principales cuencas de Coquimbo, una región que durante más de una década ha enfrentado una combinación de bajas precipitaciones, reducción de caudales, agotamiento de fuentes subterráneas y menor disponibilidad para consumo humano, agricultura y actividades productivas.
La medición del equivalente en agua también entrega señales favorables en el norte chico. Cerro Olivares presenta un superávit de 235%; Quebrada Larga, de 93%; Cerro Vega Negra, de 57%; y El Soldado, de 62%. Estos registros indican que una parte relevante de la nieve acumulada podría convertirse en escorrentía durante el proceso de deshielo.
La recuperación de los embalses aún es insuficiente
Pese al positivo balance nival, la situación de los embalses continúa mostrando una disponibilidad restringida. Los 25 reservorios monitoreados en nueve regiones almacenan en conjunto 4.316 millones de metros cúbicos de agua.
El volumen es inferior a los 4.706 millones de metros cúbicos contabilizados durante el mismo periodo de 2025, lo que representa una caída interanual de 8,29%.
Cinco embalses permanecen bajo el 20% de su capacidad. En este grupo se encuentran Puclaro y La Paloma, ambos en la Región de Coquimbo, además de Peñuelas en Valparaíso, Tutuvén en el Maule y Lago Laja en Biobío.
La Paloma, la mayor infraestructura de regulación hídrica de Coquimbo y una pieza central para el sistema de riego del Limarí, almacena 124 millones de metros cúbicos, equivalentes al 17% de su capacidad. Puclaro, emplazado en la cuenca del Elqui, registra el mismo porcentaje de ocupación.
La condición de ambos reservorios refleja la profundidad del déficit acumulado. Aunque las lluvias y nevadas pueden aumentar los caudales y generar aportes durante las próximas semanas, la recuperación de estructuras de gran capacidad requiere varios eventos sucesivos y una temporada de deshielo favorable.
La nieve cordillerana funciona como una reserva natural que libera agua gradualmente durante la primavera y el verano. Por esa razón, el efecto más relevante del actual sistema frontal no necesariamente se observará de inmediato en los embalses, sino durante los meses siguientes.
Contrastes entre los sistemas de regulación regionales
El panorama dentro de Coquimbo no es uniforme. Algunos embalses de menor tamaño exhiben porcentajes de ocupación considerablemente más altos.
Recoleta alcanza un 79% de su capacidad, Corrales se ubica en 78%, Culimo llega a 77% y El Bato registra 63%. Estas cifras reflejan una recuperación parcial en determinados sistemas, aunque no compensan por completo la baja disponibilidad de los principales reservorios del Elqui y el Limarí.
La diferencia se explica, entre otros factores, por el tamaño de cada infraestructura, la ubicación de las precipitaciones, el comportamiento de los afluentes y el nivel de extracción acumulado durante los años de sequía.
En términos territoriales, el sistema frontal también dejó un balance más favorable en la macrozona norte que en el centro del país. De 22 estaciones de precipitaciones evaluadas entre Arica y Parinacota y Coquimbo, 18 acumulan más agua que durante 2025 y 16 superan su promedio histórico.
Entre Valparaíso y Maule, en cambio, 22 de las 29 estaciones observadas todavía presentan déficit frente a sus valores históricos, mientras solamente cinco registran superávit.
Qué implica para la minería y la actividad productiva
La recuperación de nieve en la cordillera de Coquimbo es relevante para una región donde la disponibilidad de agua condiciona el funcionamiento de ciudades, agricultura, pequeña minería, plantas de procesamiento y proyectos de inversión.
Para la industria minera, el evento reduce parcialmente la presión hídrica inmediata y mejora la perspectiva de recarga de caudales superficiales. No obstante, los bajos niveles de Puclaro y La Paloma confirman que el territorio continúa expuesto a restricciones estructurales.
Las grandes operaciones han avanzado hacia sistemas de recirculación, eficiencia hídrica y uso de agua de mar. La pequeña y mediana minería, en cambio, suele depender en mayor medida de fuentes continentales, redes locales, captaciones superficiales o disponibilidad entregada por terceros. Esa diferencia incrementa su vulnerabilidad frente a ciclos prolongados de sequía.
Una mayor disponibilidad durante el deshielo podría favorecer el abastecimiento de comunidades, reducir conflictos entre usuarios y entregar mejores condiciones para actividades productivas. Sin embargo, cualquier evaluación deberá considerar el comportamiento de los caudales, el ritmo de acumulación en los embalses y las temperaturas de primavera.
El deshielo será la próxima variable crítica
El balance posterior al sistema frontal entrega una señal positiva, pero todavía parcial. La altura de nieve alcanzó niveles excepcionales en varias estaciones del norte chico, mientras el contenido de agua muestra una recuperación más moderada y los grandes embalses mantienen volúmenes reducidos.
La evolución dependerá ahora de la continuidad de las precipitaciones durante el invierno y de un deshielo gradual. Un aumento brusco de las temperaturas puede acelerar la escorrentía, elevar el riesgo de crecidas y reducir la capacidad de almacenar el recurso durante los meses de mayor demanda.
Para Coquimbo, el principal desafío será transformar la acumulación cordillerana en una recuperación sostenida de sus reservas. La nieve mejora las perspectivas para las cuencas del Elqui, Limarí y Choapa, pero los niveles actuales de Puclaro y La Paloma confirman que la seguridad hídrica regional seguirá siendo una variable central para la minería, la agricultura y las nuevas inversiones.












