
El Acueducto Nacional de Israel (National Water Carrier) es una infraestructura hídrica de escala país: un sistema de conducción que, en su diseño original, trasladó agua desde el Mar de Galilea (lago Kineret) hacia el centro y el sur árido, creando un “río” construido de aproximadamente 130 kilómetros. La obra se completó en 1964 y consolidó una red que combina canales, tuberías, túneles, reservorios y estaciones de bombeo, según el estudio técnico “Israel’s National Water Carrier”.
Por qué se construyó: mover agua donde faltaba para sostener ciudades, industria y agricultura
El objetivo fue reducir la brecha estructural entre zonas con mayor disponibilidad hídrica (norte) y áreas con demanda creciente y escasez (centro y desierto del Néguev). La premisa operativa fue directa: el agua no solo abastece hogares; también condiciona dónde es viable sostener agricultura e industria y cómo crecen las ciudades.
En Chile, la discusión de fondo aparece en la expansión de la oferta no convencional para sectores intensivos en consumo, especialmente en el norte, donde la desalinización en minería chilena se ha instalado como parte del debate sobre continuidad operacional y presión sobre fuentes continentales.
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Cómo funciona el “río construido”: tramos abiertos, tuberías y control de presión
A diferencia de un cauce natural, el acueducto opera como una red técnica que se adapta al terreno y a la operación. Sus rasgos clave incluyen:
Trazado discontinuo: alterna canales abiertos, tuberías enterradas y túneles según la geografía.
Sistema regulado y presurizado: estaciones de bombeo elevan el agua donde el desnivel lo exige y válvulas controlan caudales.
Interconexión nacional: integra reservorios y ramales para distribución urbana y usos productivos.
Operación flexible: puede ajustarse a variaciones de demanda, disponibilidad y prioridades del sistema.
El giro de los 2000: desalación y reutilización como nueva “fuente” del sistema
Con el avance de la desalación por ósmosis inversa, Israel pasó a incorporar grandes volúmenes desde la costa mediterránea al balance nacional. En un reporte oficial del Protocolo sobre Agua y Salud, se consigna que grandes plantas de desalación (más instalaciones menores) aportan más del 60% del suministro del país en el esquema descrito, según el informe de la ONU-CEPE sobre Israel.
En Chile, el salto de escala se refleja en el avance simultáneo de múltiples iniciativas, visible en el catastro del boom de la desalación, donde la infraestructura deja de ser marginal para convertirse en plataforma.
El hito operacional: revertir el flujo para recargar el Mar de Galilea
La red no solo transporta agua hacia el sur. En los últimos años se impulsó la capacidad de operar “al revés” en tramos críticos para conducir agua de sur a norte y proteger al Kineret como reserva estratégica. Mekorot describe este cambio como un punto de inflexión histórico: por primera vez, el flujo puede revertirse dentro del carrier, de acuerdo con el “National Carrier Flow Reversal Project”.
Puntos técnicos que miran zonas áridas y sectores intensivos en agua
La experiencia israelí muestra una arquitectura hídrica apoyada en capas que se combinan en operación:
Conducción troncal para redistribuir el recurso a escala país.
Fuentes no convencionales (desalación) para estabilizar oferta.
Gestión integrada (regulación, bombeo, redes y almacenamiento) para sostener continuidad en sequía.
En el caso chileno, esa conversación técnica se cruza con proveedores, operación integrada y decisiones de inversión, especialmente en el norte, donde la gestión del agua en minería se ha vuelto un eje operativo. En paralelo, también gana espacio el tema de reservas estratégicas, como ilustra la infraestructura subterránea de resguardo hídrico en zonas desérticas.












