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Innovación y Tecnología

Batería de zinc-yodo supera 60.000 ciclos y apunta al almacenamiento energético de larga duración

Investigadores australianos han desarrollado una batería de zinc-yodo que supera los 60.000 ciclos de carga, ofreciendo una solución prometedora para el almacenamiento energético en la minería y otras

Batería de zinc-yodo supera 60.000 ciclos y apunta al almacenamiento energético de larga duración
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Un equipo de la Universidad de Flinders desarrolló una batería acuosa capaz de superar los 60.000 ciclos de carga y descarga, utilizando zinc, yodo y un polímero basado en ciclodextrina. La tecnología busca resolver uno de los principales problemas de esta química y abre una nueva vía para sistemas estacionarios asociados a redes eléctricas y operaciones industriales.

Una nueva arquitectura de batería recargable de zinc-yodo alcanzó más de 60.000 ciclos de carga y descarga con tiempos de carga de aproximadamente tres minutos, un resultado que vuelve a poner al zinc en el centro de la carrera tecnológica por desarrollar alternativas al ion-litio para almacenamiento energético estacionario.

El sistema fue desarrollado por investigadores de la Universidad de Flinders, en Australia, y utiliza una batería acuosa de zinc-yodo que incorpora un polímero basado en ciclodextrina para controlar el movimiento de especies de yodo dentro de la celda, uno de los problemas que históricamente han limitado la estabilidad y vida útil de esta química.

La investigación adquiere relevancia para sectores intensivos en electricidad, incluida la minería, donde el crecimiento de la generación solar y eólica está aumentando la demanda por soluciones capaces de absorber excedentes, entregar potencia con rapidez y soportar una elevada cantidad de ciclos sin una degradación acelerada.

Más de 60.000 ciclos con cargas de tres minutos

Las pruebas reportaron dos configuraciones de desempeño. La batería alcanzó una capacidad específica de aproximadamente 200 mAh/g durante más de 8.000 ciclos, operando con cargas completas cercanas a siete minutos. Al aumentar la velocidad de carga, el sistema mantuvo una capacidad del orden de 150 mAh/g durante más de 60.000 ciclos, con cargas cercanas a tres minutos. El voltaje de operación se situó entre 1,3 y 1,4 voltios.

La cifra es especialmente relevante porque la duración de una batería no depende únicamente de cuánta energía puede almacenar, sino también de cuántas veces puede cargarse y descargarse antes de que su rendimiento disminuya de manera significativa.

Para aplicaciones estacionarias sometidas a ciclos frecuentes —como estabilización de redes, integración de energías renovables, respaldo de instalaciones industriales o gestión de peaks de demanda— una elevada vida cíclica puede modificar de manera importante la estructura de costos de un sistema de almacenamiento.

El desarrollo todavía corresponde a una tecnología en proceso de investigación y escalamiento, por lo que los resultados obtenidos en laboratorio no equivalen por sí solos a un sistema comercial capaz de competir inmediatamente con las soluciones de ion-litio instaladas actualmente a escala industrial.

El desafío del yodo dentro de la batería

Uno de los principales obstáculos de las baterías recargables de zinc-yodo es el denominado efecto de desplazamiento o shuttle de los poliyoduros.

Durante las reacciones electroquímicas pueden formarse especies solubles de yodo que migran a través del electrolito y del separador. Ese movimiento genera pérdida de material activo, autodescarga y deterioro progresivo de la eficiencia de la batería.

La solución desarrollada en Australia incorpora un material polimérico basado en ciclodextrina capaz de capturar y liberar estos compuestos durante el funcionamiento de la celda.

Las ciclodextrinas son oligosacáridos cíclicos que pueden producirse mediante conversión enzimática del almidón. Su estructura combina un exterior hidrofílico con una cavidad interior hidrofóbica, característica que permite utilizarlas como estructuras moleculares capaces de alojar determinadas especies químicas. En esta batería, esa propiedad permite contener los poliyoduros y reducir su migración no deseada.

El yodo, por su parte, posee una capacidad eléctrica teórica de aproximadamente 211 mAh/g, aunque aprovechar esa capacidad de manera estable durante miles de ciclos requiere controlar las reacciones secundarias que aparecen durante la operación.

Zinc entra en la disputa por el almacenamiento estacionario

El avance se inserta en una búsqueda más amplia de tecnologías electroquímicas que puedan complementar al ion-litio.

Las baterías de litio dominan actualmente buena parte del mercado de almacenamiento debido a su densidad energética, madurez tecnológica y extensa cadena de suministro. Sin embargo, las aplicaciones estacionarias presentan exigencias diferentes a las de un vehículo eléctrico o un dispositivo electrónico.

En una instalación fija, variables como costo por ciclo, disponibilidad de materiales, seguridad, facilidad de operación y duración pueden adquirir mayor peso que la densidad energética gravimétrica.

Las baterías acuosas utilizan electrolitos basados en agua, una característica que ha impulsado su estudio como alternativa para aplicaciones donde la seguridad y el costo tienen un peso relevante.

El zinc también cuenta con una cadena minera y metalúrgica desarrollada globalmente, mientras Australia —país donde se realizó la investigación— concentra entre 20% y 28% de las reservas y recursos conocidos de zinc a nivel mundial, reforzando el interés local por tecnologías que puedan generar nuevas cadenas de valor asociadas al metal.

Qué puede significar para la minería

Para la industria minera, el desarrollo de nuevas químicas de almacenamiento tiene una dimensión que va más allá del mercado de baterías.

Las operaciones mineras están aumentando su exposición a generación eléctrica renovable mediante contratos de suministro, parques solares, instalaciones eólicas y proyectos híbridos. Sin embargo, la generación variable obliga a incorporar flexibilidad para mantener continuidad operacional durante las horas sin sol o cuando cambia la producción eólica.

Actualmente, los sistemas BESS basados en ion-litio concentran buena parte de las nuevas inversiones en almacenamiento. Una tecnología de zinc-yodo comercialmente viable podría convertirse en una alternativa adicional para instalaciones estacionarias donde el peso y el volumen de la batería son menos críticos que en electromovilidad.

También podría generar una nueva fuente de demanda tecnológica para el zinc, metal cuya principal utilización continúa vinculada a la galvanización del acero.

El escenario todavía depende de variables que las pruebas de laboratorio no resuelven por completo: costo industrial por kilowatt-hora instalado, densidad energética a escala de módulo, estabilidad térmica, desempeño de celdas de mayor tamaño, disponibilidad del yodo, eficiencia del sistema completo, mantenimiento y capacidad de fabricación masiva.

Del laboratorio al prototipo industrial

El siguiente desafío será trasladar la química desde celdas experimentales hacia formatos que permitan evaluar su desempeño en condiciones representativas de aplicaciones comerciales.

El equipo de Flinders ya trabaja con actores industriales para establecer una plataforma de prototipado destinada a esta tecnología de baterías de zinc-yodo.

Ese proceso será determinante. La historia reciente del almacenamiento energético muestra que alcanzar cifras sobresalientes de ciclos o capacidad específica en laboratorio es solo una primera etapa. Para competir industrialmente, una nueva batería debe demostrar fabricación repetible, costos controlados, seguridad, estabilidad durante años y una cadena de suministro capaz de abastecer proyectos a gran escala.

El resultado australiano, sin embargo, aborda uno de los puntos críticos que restringían esta química: mantener el yodo dentro del sistema electroquímico y evitar que su migración degrade rápidamente la celda.

Si esa estabilidad puede reproducirse a escala comercial, el zinc podría ampliar su participación en una industria energética que necesitará cada vez más almacenamiento para acompañar la expansión de generación renovable, electrificación industrial y operaciones mineras con mayores exigencias de continuidad y reducción de emisiones.