
La adopción de tecnologías DLE entra en una fase más concreta en Chile, con proyectos estatales y privados que buscan elevar recuperación, reducir extracción neta de salmuera y responder a mayores exigencias ambientales.
Chile está acelerando el tránsito hacia modelos de Extracción Directa de Litio (DLE), una tecnología que busca reemplazar o complementar los sistemas tradicionales de evaporación solar en salares, con el objetivo de aumentar la recuperación del mineral y reducir la presión hídrica sobre ecosistemas sensibles.
El avance ocurre en un momento clave para la industria local del litio. El país mantiene una posición estratégica en el mercado global, pero enfrenta crecientes exigencias ambientales, sociales y regulatorias sobre la operación en salares, especialmente en zonas de alta fragilidad hidrogeológica.
Qué cambia con la extracción directa de litio
La DLE permite separar el litio desde la salmuera mediante procesos industriales más selectivos, evitando depender exclusivamente de grandes piscinas de evaporación. En términos simples, el modelo apunta a recuperar más litio desde un mismo volumen de salmuera y permitir la reinyección de parte de esa salmuera al sistema, dependiendo del diseño tecnológico y de las condiciones de cada salar.
Albemarle, una de las dos productoras activas en el Salar de Atacama, sostiene que esta tecnología permite “recuperar más litio con la misma salmuera” y disminuir la extracción neta. La compañía proyecta su iniciativa TED en San Pedro de Atacama, con una planta DLE modular de hasta seis líneas, cada una con capacidad para procesar cerca de 50 litros por segundo de salmuera.
El proyecto considera además una inversión estimada de US$3.100 millones, una planta diseñada para ocupar unas 73 hectáreas, una línea eléctrica de 220 kV y aproximadamente 29 kilómetros, además de sistemas de monitoreo continuo de flujos, niveles y química del agua.
El rol de los proyectos estatales
El impulso no viene solo desde operadores privados. La Estrategia Nacional del Litio definió que Chile debe avanzar en nuevas formas de explotación, con participación estatal y tecnologías de menor impacto ambiental en salares bajo régimen de operación.
El Gobierno ha planteado como uno de sus ejes la creación de una red de salares protegidos y el uso de tecnologías de bajo impacto ambiental en salares donde exista explotación.
En ese marco, ENAMI ha posicionado el proyecto Salares Altoandinos, en la Región de Atacama, como una de las iniciativas relevantes para ampliar la base productiva del país. Estudios citados por Reuters indican que los salares La Isla y Aguilar agregan 3,05 millones de toneladas de litio a los recursos conocidos de Chile, con 2,13 millones de toneladas en La Isla y cerca de 1 millón de toneladas en Aguilar.
Ese dato es relevante porque confirma que el debate sobre DLE no es solo ambiental, sino también productivo. Si las tecnologías logran escalar con estabilidad industrial, Chile podría aumentar recuperación y diversificar producción sin depender únicamente de los activos históricos del Salar de Atacama.
Salar de Atacama: el principal campo de prueba
El Salar de Atacama sigue siendo el eje de la industria chilena del litio. Allí operan SQM y Albemarle, y también se concentra el acuerdo entre Codelco y SQM para extender la explotación hasta 2060 bajo una nueva sociedad con control estatal.
Según antecedentes difundidos por InvestChile, el acuerdo entre Codelco y SQM considera la extracción de 300.000 toneladas de litio entre 2025 y 2030, elevando en cerca de un tercio la producción respecto de los niveles actuales.
En paralelo, Reuters informó que la Comisión Chilena de Energía Nuclear aprobó para Codelco una cuota máxima inicial de 2,5 millones de toneladas de litio metálico equivalente entre 2031 y 2060, con posibilidad de subir a 3,02 millones de toneladas, sujeta a reservas actualizadas y permisos ambientales.
Ese escenario refuerza la presión sobre la forma de producir. El crecimiento de la oferta chilena dependerá cada vez más de permisos, monitoreo ambiental, trazabilidad hídrica y aceptación territorial, no solo de recursos geológicos.
Datos clave
Tecnología: Extracción Directa de Litio.
Objetivo industrial: mayor recuperación de litio desde salmueras.
Objetivo ambiental: reducir extracción neta de salmuera y presión sobre salares.
Proyecto privado destacado: TED de Albemarle en el Salar de Atacama.
Inversión estimada TED: US$3.100 millones.
Capacidad modular informada: hasta seis líneas de 50 litros por segundo cada una.
Proyecto estatal relevante: Salares Altoandinos de ENAMI.
Recursos adicionales identificados en La Isla y Aguilar: 3,05 millones de toneladas de litio.
Salar estratégico: Salar de Atacama, Región de Antofagasta.
Por qué importa para la industria minera
La transición hacia DLE puede cambiar la curva de competitividad del litio chileno. La tecnología apunta a resolver tres problemas simultáneos: mejorar recuperación, reducir tiempos asociados a evaporación y responder a mayores exigencias sobre agua y ecosistemas altoandinos.
Sin embargo, su despliegue industrial aún debe demostrar desempeño a gran escala. No basta con que la tecnología funcione en piloto o en condiciones controladas: los proyectos deberán probar estabilidad operacional, consumo energético, compatibilidad química con cada salmuera, capacidad de reinyección y efectos acumulativos sobre los sistemas hidrogeológicos.
En ese punto, la discusión regulatoria será central. El Servicio de Evaluación Ambiental ya registra iniciativas asociadas a DLE, como la modificación de operación vinculada al Proyecto TED, que contempla una planta de extracción directa en el Salar de Atacama para complementar la operación actual de evaporación solar.
Qué observará la industria
El próximo ciclo del litio chileno estará marcado por la capacidad de convertir la DLE en una tecnología económicamente competitiva, ambientalmente verificable y socialmente aceptada.
La señal para el mercado es clara: Chile no solo busca producir más litio, sino producirlo bajo estándares más exigentes de agua, monitoreo y relación con los territorios. El desafío será demostrar que esos modelos pueden escalar sin comprometer la estabilidad de los salares, que hoy son al mismo tiempo activos estratégicos para la transición energética y ecosistemas de alta sensibilidad ambiental.












