
El mapa salino chileno ya no se lee solo desde el Salar de Atacama. La Estrategia Nacional del Litio abrió una nueva etapa para definir qué salares tendrán desarrollo productivo, cuáles quedarán bajo liderazgo estatal, cuáles avanzarán con privados y cuáles deberán resguardarse por su fragilidad ambiental.
Chile cuenta con 69 sistemas salinos, entre salares y lagunas altoandinas, concentrados en las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá, Antofagasta y Atacama. La referencia técnica del Estado es el catastro de Sernageomin, utilizado como base para ordenar la política pública del litio, la planificación territorial y la priorización de nuevos proyectos.
Qué muestra el mapa de salares
El mapa de salares no corresponde a una lista homogénea de depósitos mineros listos para operar. Incluye sistemas con distintos niveles de información geológica, hidrogeológica, ambiental y minera.
Algunos salares tienen alto potencial de litio; otros son relevantes por boro, sales, potasio, biodiversidad, agua subterránea o valor ecosistémico. Esa diferencia es clave, porque no todos los cuerpos salinos del norte tienen la misma viabilidad técnica, ambiental o económica.
Sernageomin dispone de una plataforma pública de salares y litio para visualizar ubicación, distribución y características de estos sistemas en el norte del país. La herramienta reúne información geoespacial y geoquímica acumulada por el servicio, en un contexto donde la minería del litio exige más datos públicos para evaluar proyectos, impactos y restricciones.
De norte a sur: las zonas salinas de Chile
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En Arica y Parinacota, el mapa incorpora sistemas altoandinos como Surire, Cototos, Cotacotani y Chungará. Son territorios de alto valor ambiental y cultural, donde cualquier evaluación productiva debe considerar restricciones ecosistémicas, presencia de comunidades y áreas de conservación.
En Tarapacá, aparecen salares como Coipasa, Pintados, Bellavista, Llamara, Sur Viejo, Coposa y Michincha. Coipasa fue incorporado por el Gobierno entre los sistemas priorizados para iniciar procesos de Contratos Especiales de Operación de Litio, conocidos como CEOL.
En Antofagasta se concentra el mayor peso minero actual. Allí está el Salar de Atacama, único depósito de salmuera actualmente en explotación comercial de litio en Chile, junto con sistemas como Ascotán, Ollagüe, Carcote, Punta Negra, Imilac, Tara, Pujsa y Aguas Calientes. Ascotán y Ollagüe también fueron incluidos entre los sistemas priorizados para nuevos procesos de CEOL.
En Atacama, el mapa concentra buena parte de la expansión futura. Entre los sistemas relevantes aparecen Maricunga, Pedernales, Laguna Verde, Piedra Parada, Agua Amarga, Grande, La Isla, Infieles, Aguilar, Las Parinas y Gorbea. Esta región es estratégica porque podría permitir una mayor diversificación de la producción nacional, hoy concentrada en Antofagasta.
Salar de Atacama: el centro productivo del mapa
El Salar de Atacama sigue siendo el activo principal del litio chileno. Es el único salar del país con producción comercial a gran escala y concentra operaciones asociadas a SQM y Albemarle.
Además, es el eje del acuerdo entre Codelco y SQM para extender la operación mediante una sociedad conjunta hasta 2060, con participación estatal mayoritaria desde 2031.
La Comisión Chilena de Energía Nuclear autorizó a Minera Tarar, filial de Codelco, una cuota máxima inicial de 2,5 millones de toneladas de litio metálico equivalente entre 2031 y 2060. Esa cuota podría llegar a 3,01 millones de toneladas si se cumplen nuevas condiciones técnicas y ambientales.
De acuerdo con Codelco, la autorización permite producir y comercializar hasta 330 mil toneladas anuales de carbonato de litio equivalente durante 30 años.
El proyecto Salar Futuro, impulsado por la sociedad Codelco-SQM, busca dar continuidad operacional después de 2030, con tecnologías orientadas a producir más litio con menor extracción de salmuera y sin uso de agua continental, según los antecedentes del acuerdo entre Codelco y SQM.
Maricunga, Pedernales y Salares Altoandinos
El segundo gran punto del mapa es Maricunga, en la Región de Atacama. Codelco seleccionó a Rio Tinto como socio estratégico para desarrollar el proyecto, con una participación de 50,01% para la estatal y 49,99% para la minera anglo-australiana.
El acuerdo contempla un aporte de hasta US$900 millones por parte de Rio Tinto, sujeto a hitos del proyecto, según informó Codelco.
En febrero de 2026, la estatal obtuvo la modificación definitiva del CEOL para Maricunga, lo que amplía el área considerada y redefine plazos de exploración y explotación. El próximo paso será cumplir las condiciones pendientes para cerrar la asociación con Rio Tinto.
Pedernales, también en Atacama, es otro punto estratégico bajo presencia de Codelco. El salar se ubica a 3.370 metros sobre el nivel del mar, tiene una superficie de 466 km² y forma parte de una cuenca de 3.592 km², la mayor de la Región de Atacama, de acuerdo con los antecedentes publicados por la estatal en su ficha del Salar de Pedernales.
A esto se suma el proyecto Salares Altoandinos, liderado por Enami, que incluye Grande, La Isla, Infieles y Aguilar. En antecedentes técnicos presentados por la estatal, La Isla registra un potencial de recursos de 2,13 millones de toneladas de litio y Aguilar de 0,92 millones de toneladas, equivalentes en conjunto a 16,2 millones de toneladas de carbonato de litio equivalente.
Los salares abiertos a privados
La Estrategia Nacional del Litio definió distintos carriles de desarrollo. Atacama y Maricunga fueron considerados estratégicos, con participación mayoritaria del Estado. Pedernales y Salares Altoandinos quedaron vinculados a empresas estatales, pero con posibilidad de asociaciones público-privadas flexibles.
Además, el Gobierno abrió espacio para proyectos liderados por privados mediante CEOL. En septiembre de 2024 se priorizaron seis sistemas: Coipasa, en Tarapacá; Ollagüe y Ascotán, en Antofagasta; y Piedra Parada, Agua Amarga y Laguna Verde, en Atacama.
Según el Ministerio de Economía, esos sistemas representaron el 38% de las manifestaciones de interés recibidas en el proceso RFI.
El proceso de manifestaciones de interés recibió 88 propuestas: 8 en Arica y Parinacota, 24 en Tarapacá, 40 en Antofagasta y 16 en Atacama. Esa distribución confirma que el interés privado no se limita al Salar de Atacama, aunque los proyectos deberán pasar por consulta indígena, definición de CEOL y evaluación ambiental.
La dimensión ambiental del mapa
El mapa de salares también es un mapa de agua, biodiversidad y comunidades. Muchos de estos sistemas son humedales altoandinos, con presencia de flamencos, vicuñas, aves migratorias, vegas, lagunas hipersalinas y acuíferos sensibles.
El Ministerio del Medio Ambiente aprobó en 2025 la creación de seis nuevas áreas protegidas en la Región de Atacama para resguardar diez ecosistemas: Salar de Pedernales, Salar de La Laguna, Salar de Gorbea, Salar Las Parinas, Laguna de Las Parinas y Redonda, Lagunas Bravas, Salar de Jilguero, Laguna del Bayo, Salar de Eulogio y Laguna Escondida.
Esta dimensión ambiental es central para la industria. El avance de nuevos proyectos dependerá no solo de la concentración de litio, sino también de la línea base hidrogeológica, la relación con comunidades indígenas, la capacidad de reducir extracción de salmuera, el uso de tecnologías de extracción directa y la calidad de los permisos.
Datos clave
Sistemas salinos identificados: 69.
Regiones involucradas: Arica y Parinacota, Tarapacá, Antofagasta y Atacama.
Salar actualmente en explotación comercial de litio: Salar de Atacama.
Salares estratégicos: Atacama y Maricunga.
Presencia estatal relevante: Codelco en Atacama, Maricunga y Pedernales; Enami en Salares Altoandinos.
Sistemas priorizados para CEOL privados: Coipasa, Ollagüe, Ascotán, Piedra Parada, Agua Amarga y Laguna Verde.
Proyectos con mayor lectura industrial: Salar Futuro, Maricunga, Pedernales y Salares Altoandinos.
Principal desafío: compatibilizar producción, agua, comunidades, tecnología y conservación.
Por qué importa para la minería chilena
El mapa de salares redefine la estrategia minera del país. Durante décadas, el litio chileno dependió casi exclusivamente del Salar de Atacama. La nueva etapa busca abrir otros territorios, sumar inversión privada y estatal, incorporar tecnologías de menor impacto y capturar más valor económico en una industria presionada por la demanda de baterías, electromovilidad y almacenamiento energético.
De acuerdo con Cochilco, la demanda mundial de litio alcanzaría 1,129 millones de toneladas de carbonato de litio equivalente en 2024, mientras la industria de baterías representó el 84% del consumo total en 2023.
Aunque el mercado ha enfrentado caídas de precio por mayor oferta global, la demanda estructural sigue ligada a la transición energética. Para Chile, el desafío no es solo producir más, sino hacerlo con estándares ambientales más exigentes, mayor trazabilidad y mejor coordinación entre Estado, empresas, comunidades y reguladores.
Qué observará la industria
El próximo ciclo del litio chileno dependerá de tres variables: si Atacama logra sostener producción con menor presión hídrica, si Maricunga y Salares Altoandinos avanzan a decisiones de inversión, y si los CEOL privados logran superar consulta indígena, permisos ambientales y financiamiento.
El mapa de salares ya está trazado. Lo que falta por definirse es qué parte de ese mapa se convertirá en producción, qué parte quedará protegida y qué territorios marcarán la nueva frontera del litio chileno durante la próxima década.






