Académicos de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas investigan una ruta para separar metales presentes en residuos de la minería. Su aplicación industrial aún no está demostrada.
Investigadores de la Universidad de Chile estudian cómo extraer cobalto y níquel desde relaves mineros nacionales mediante procesos hidrometalúrgicos. El trabajo, dado a conocer el 22 de septiembre, busca aprovechar metales que permanecen en estos residuos tras la concentración del mineral. Su eventual aplicación podría abrir una alternativa de valorización para parte de los depósitos del país, aunque la facultad no ha informado resultados a escala industrial.
Fernando Valenzuela Lozano y Carlos Basualto Flores, académicos del Laboratorio de Operaciones Unitarias e Hidrometalurgia de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas, trabajan en la caracterización de relaves y en la separación de los metales que contienen. La investigación se inscribe en un desafío mayor para Chile: gestionar residuos que siguen acumulándose mientras la minería debe procesar más roca para obtener una misma cantidad de metal en yacimientos cuyas leyes han disminuido.
Un problema medido en cientos de depósitos
El relave es el material que queda después de moler el mineral y separar, generalmente por flotación, la fracción de interés económico. Contiene partículas finas de roca, agua y restos de sustancias empleadas durante el procesamiento. Su composición varía según el yacimiento y la operación que lo generó.
El catastro de Sernageomin de 2023, recogido en la Agenda de Relaves 2025-2026 del Ministerio de Minería, identificó 795 depósitos en Chile: 128 en operación, 475 inactivos, 176 abandonados, 15 en construcción y uno en revisión. Los depósitos se distribuían en nueve regiones. La categoría inactivo no equivale a abandonado: distingue una instalación que ya no recibe relaves de otra clasificada en situación de abandono.
Las estimaciones históricas citadas por la universidad situaban la generación de relaves en torno a 530 millones de toneladas anuales y el material acumulado en aproximadamente 24.000 millones de toneladas hacia 2020. Esas cifras permiten apreciar la escala del problema, pero no corresponden a una medición de la generación o del volumen acumulado en 2026.
La disminución de las leyes minerales ayuda a explicar la presión sobre los depósitos. Cuando baja la proporción de metal aprovechable en la roca, se debe procesar más material para obtener la misma producción, lo que aumenta el residuo resultante.
Cómo se busca recuperar los metales
Los académicos estudian una secuencia de tratamiento que comienza con la caracterización de las muestras. Luego aplican una lixiviación ácida para disolver metales presentes en el relave. En etapas posteriores separan cobre y hierro mediante extracción por solventes y precipitación química, antes de aislar el cobalto y el níquel con reactivos específicos y ajustes de acidez.
La presencia de un metal, sin embargo, no basta para convertir un depósito en una fuente explotable. Los relaves pueden contener cobre, cobalto, níquel y otros elementos en bajas concentraciones, y esas concentraciones cambian de un lugar a otro. Para evaluar una aplicación productiva se necesitaría conocer cuánto metal puede recuperarse, con qué consumo de agua y reactivos, a qué costo y qué ocurriría con el material restante.
La facultad no entregó porcentajes de recuperación, volúmenes procesados, una fecha para pruebas piloto ni una estimación de inversión. Por ahora, el avance comunicado describe una ruta de investigación; no permite concluir que la extracción sea económicamente viable en los depósitos estudiados.
El interés por el cobalto se relaciona, entre otros usos, con determinadas baterías de ion-litio. El níquel también tiene aplicaciones en baterías y en aleaciones utilizadas por distintas industrias. Esa demanda potencial da sentido a estudiar los residuos, pero el valor comercial de los metales debe evaluarse junto con las condiciones técnicas y ambientales de cada depósito.
Recuperar valor no elimina los riesgos
La posible recuperación de metales convive con las obligaciones de seguridad y manejo ambiental. Un depósito puede presentar riesgos asociados a su estabilidad física, al arrastre de partículas por el viento o a la calidad del agua. En materiales que contienen sulfuros, la exposición al agua y al oxígeno puede producir drenaje ácido y movilizar metales hacia el entorno.
Los investigadores de la Universidad de Chile también han trabajado en el tratamiento de aguas ácidas provenientes de la actividad minera. Esa experiencia es relevante para estudiar los relaves, pero reprocesar una parte de su contenido no implica, por sí solo, remediar un depósito completo. Cualquier aplicación tendría que considerar tanto la extracción como el destino seguro de los residuos que permanezcan después del tratamiento.
La Agenda de Relaves 2025-2026 contempla mejorar la información sobre los depósitos, promover su reprocesamiento y reutilización, e incentivar la reubicación y remediación voluntaria de instalaciones abandonadas. La investigación universitaria puede aportar herramientas para ese segundo objetivo. El paso pendiente es demostrar, depósito por depósito, dónde la recuperación de metales resulta técnicamente efectiva y compatible con una gestión ambiental segura.









