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Industria Minera

Universidad de Chile despliega asistencia técnica para pequeña minería en seis regiones

La Universidad de Chile implementa un programa de asistencia técnica para pequeños mineros en seis regiones, buscando mejorar la seguridad y productividad en faenas de baja escala.

Universidad de Chile despliega asistencia técnica para pequeña minería en seis regiones
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El programa llevará apoyo geológico, productivo y de seguridad a faenas de baja escala desde Valparaíso hasta Los Ríos, con trabajo directo en terreno bajo el marco del PAMMA.

El Departamento de Ingeniería de Minas de la Universidad de Chile inició durante agosto un programa de asistencia técnica dirigido a pequeños mineros y productores artesanales de seis regiones del país, con foco en resolver brechas operacionales, geológicas y de seguridad directamente en las faenas. Las primeras actividades ya se desarrollaron en Til Til, Rancagua, Lolol, Concepción y Mariquina.

La iniciativa, denominada “Asistencia Técnica a la Minería de Baja Escala”, se ejecuta en el marco del Programa de Capacitación y Transferencia Tecnológica para la Pequeña Minería Artesanal (PAMMA) del Ministerio de Minería y contempla operaciones ubicadas en las regiones de Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins, Maule, Biobío y Los Ríos.

El trabajo es desarrollado por profesionales vinculados al Departamento de Ingeniería de Minas y al Block Caving Laboratory (BCLAB), con participación del profesor Raúl Castro. Su implementación apunta a trasladar capacidades técnicas especializadas desde la academia hacia productores que, por su escala, habitualmente enfrentan mayores restricciones para acceder a ingeniería, evaluación geológica y herramientas de planificación minera.

Diagnóstico directamente en las faenas

La primera etapa está concentrada en establecer una línea base de las operaciones seleccionadas. Para ello, los equipos técnicos realizan levantamientos en terreno que consideran georreferenciación mediante coordenadas UTM, registro fotográfico, identificación del punto de inicio de las intervenciones y actividades vinculadas con seguridad minera.

Este diagnóstico inicial resulta especialmente relevante en minería de baja escala, donde la información disponible sobre geometría de las labores, continuidad de la mineralización, condiciones operacionales o planificación del desarrollo puede ser más limitada que en operaciones de mayor tamaño.

A partir de estos antecedentes, el programa considera asistencia para el diseño y ejecución de labores mineras y acompañamiento geológico orientado a mejorar el aprovechamiento del recurso. El objetivo práctico es que las decisiones sobre avance, explotación y desarrollo tengan una base técnica más sólida y reduzcan intervenciones que puedan aumentar costos o introducir riesgos innecesarios.

La cobertura territorial también marca una diferencia. El programa no queda concentrado exclusivamente en las regiones tradicionalmente asociadas a la gran minería del norte, sino que aborda distritos y operaciones de menor tamaño distribuidos entre la zona central y el sur de Chile.

Productividad y geología como ejes de intervención

Uno de los componentes centrales será el apoyo técnico-productivo. En pequeñas faenas, decisiones relacionadas con orientación de labores, secuencia de explotación, accesos, excavaciones o reconocimiento del cuerpo mineralizado pueden tener consecuencias directas sobre la continuidad del negocio.

La asesoría geológica busca precisamente disminuir parte de esa incertidumbre, entregando herramientas profesionales para interpretar las características del recurso y orientar de mejor manera las labores que posteriormente deben ejecutar los productores.

El PAMMA contempla instrumentos destinados a productores de minería metálica y no metálica de pequeña escala y minería artesanal, incluyendo apoyo técnico y mecanismos vinculados con labores productivas y de seguridad. Entre las intervenciones que pueden formar parte de sus líneas se encuentran desarrollos horizontales y verticales, excavaciones, obras de seguridad, desquinches, descarpes y caminos de acceso, dependiendo del instrumento y de las condiciones de cada faena.

Seguridad: una brecha crítica de la pequeña minería

La incorporación de capacitación y revisión de condiciones de seguridad aparece como otro componente relevante del despliegue.

A diferencia de las grandes compañías, que operan con equipos permanentes de geología, planificación, geotecnia, prevención de riesgos y mantenimiento, numerosas faenas pequeñas funcionan con estructuras reducidas. Esa diferencia de escala condiciona la capacidad para incorporar especialidades técnicas de manera continua.

Por ello, una asistencia realizada directamente en terreno permite relacionar las recomendaciones con las condiciones reales de cada operación, en lugar de aplicar criterios generales sin considerar geometría, accesibilidad, método de explotación o estado de las labores.

En esta etapa ya se han efectuado visitas en Til Til, en la Región Metropolitana; Rancagua y Lolol, en O’Higgins; Concepción, en Biobío; y Mariquina, en Los Ríos, mientras la cobertura total contempla además productores de Valparaíso y Maule.

El alcance geográfico revela además la diversidad de la minería de baja escala chilena. Aunque parte importante de la actividad minera nacional se concentra en el norte y está asociada al cobre de gran volumen, existen productores metálicos y no metálicos distribuidos en distintas zonas del país cuyas necesidades técnicas son diferentes en tamaño, mineralización, infraestructura y acceso a capital.

Qué implica para la pequeña minería

El desafío de estos programas no está únicamente en entregar asesoría puntual, sino en traducir conocimiento técnico en mejoras que puedan mantenerse después de terminada la intervención.

Para un productor de baja escala, un mejor reconocimiento geológico puede incidir en dónde concentrar los metros de desarrollo. Una planificación más ordenada puede reducir trabajos sin retorno productivo, mientras que la identificación temprana de problemas de seguridad puede evitar interrupciones y pérdidas económicas.

Ese vínculo entre seguridad, productividad y conocimiento del yacimiento explica por qué la asistencia técnica puede tener un efecto proporcionalmente mayor en pequeñas operaciones que cuentan con recursos humanos y financieros acotados.

El modelo también profundiza la relación entre academia y actividad productiva. El Departamento de Ingeniería de Minas de la Universidad de Chile mantiene capacidades en áreas como procesamiento de minerales, sustentabilidad y tecnología minera, junto con vínculos con centros de investigación especializados, lo que amplía el espacio para transferir conocimiento aplicado hacia segmentos que normalmente tienen menor acceso a estas capacidades.

Un segmento que requiere acompañamiento permanente

La pequeña minería cumple un papel distinto al de los grandes complejos cupríferos del país. Sus volúmenes individuales son menores, pero sostiene actividad económica en localidades donde la extracción minera puede constituir una fuente relevante de ingresos, empleo y demanda por servicios.

Al mismo tiempo, es un segmento más expuesto a variaciones de precios, disponibilidad de capital, condiciones geológicas y costos operacionales. Una mala decisión de desarrollo que en una gran compañía podría ser absorbida dentro de una estructura financiera mayor puede comprometer seriamente la continuidad de una faena pequeña.

Por esa razón, la efectividad del despliegue iniciado en agosto dependerá de cuánto las recomendaciones técnicas logren convertirse en decisiones concretas dentro de las operaciones atendidas.

El programa incorpora una lógica que la industria ha comenzado a reforzar en distintos ámbitos: llevar ingeniería y conocimiento especializado hasta la operación, en vez de limitar la transferencia tecnológica a capacitación teórica.

Las visitas en terreno serán así el punto de partida para evaluar las condiciones particulares de cada faena y definir intervenciones adaptadas a su realidad productiva. Para la pequeña minería chilena, el impacto potencial estará en conseguir operaciones más ordenadas, con mejor comprensión del recurso mineral y mayores herramientas para enfrentar uno de sus principales desafíos estructurales: producir con seguridad y eficiencia pese a disponer de una escala y capacidades técnicas considerablemente menores que las de la gran minería.