
Cobre enfrenta un cambio de ciclo tras el fuerte rally registrado a comienzos de 2026, con señales crecientes de sobreproducción, debilitamiento de la demanda y acumulación de inventarios que presionan los precios a la baja. Un reciente análisis del banco de inversión Macquarie advierte que el mercado del metal rojo —clave para la transición energética y la industria minera chilena— estaría “sobrevalorado y sobreofertado”, luego de una subida impulsada más por flujos financieros que por fundamentos reales. Desde su máximo histórico alcanzado a fines de enero, el cobre ha retrocedido más de 16%, equivalente a unos US$2.400 por tonelada, cotizando recientemente en torno a los US$12.000 por tonelada. Este ajuste ocurre en un contexto donde los inventarios globales aumentan con fuerza y la demanda fuera de China muestra señales de enfriamiento.
Un rally impulsado por inversión, no por escasez
Según Macquarie, el alza del cobre entre diciembre y enero respondió principalmente a la entrada masiva de capitales especulativos en mercados de metales base. Un ejemplo de ello fue el incremento de 80% en los volúmenes de negociación en la Bolsa de Futuros de Shanghái durante ese período.
A esto se sumó un aumento significativo del interés abierto en contratos de cobre en mercados como Nueva York, Londres y Shanghái, que creció en US$9.500 millones antes de revertirse bruscamente. Entre febrero y marzo, este indicador cayó en más de US$24.600 millones, acompañando la corrección de precios.
Te puede interesar
Este comportamiento refuerza la tesis de que el mercado se desacopló de sus fundamentos físicos, generando una sobrevaloración que ahora comienza a ajustarse.
Inventarios en máximos y señales de sobreoferta
Uno de los factores más relevantes detrás del diagnóstico del banco es el fuerte aumento de inventarios globales visibles, que han crecido en más de 1 millón de toneladas desde inicios de 2025.
En particular:
Las existencias en la Bolsa de Metales de Londres (LME) alcanzan máximos de seis años
Los inventarios en COMEX (EE.UU.) se sitúan en niveles récord
Se estiman cerca de 480.000 toneladas adicionales fuera de bolsa en Estados Unidos
Gran parte de este exceso de metal se ha concentrado en territorio estadounidense, impulsado por oportunidades de arbitraje entre mercados, lo que ha generado una percepción distorsionada de escasez en otras regiones.
Demanda débil fuera de China
Mientras los precios han retrocedido, China —principal consumidor mundial— ha comenzado a reactivar compras, reflejado en una reciente caída de inventarios locales. Sin embargo, fuera del gigante asiático la demanda sigue siendo débil.
Indicadores clave muestran:
Primas spot por debajo de niveles contractuales
Bajo apetito por compras físicas en mercados internacionales
Consumo afectado por precios elevados en meses previos
Este escenario sugiere que el nivel de precios alcanzado durante el rally terminó afectando la demanda, especialmente en sectores industriales sensibles a costos.
Factores geopolíticos y volatilidad
Macquarie advierte que, en el corto plazo, el comportamiento del cobre estará más influenciado por factores macroeconómicos y geopolíticos que por fundamentos de oferta y demanda.
Entre los elementos clave destacan:
Tensiones en Medio Oriente, particularmente en torno a Irán
Expectativas sobre política comercial de Estados Unidos
Posible decisión bajo la Sección 232 sobre importaciones de cobre (prevista para junio de 2026)
Este último punto ha incentivado flujos de cobre hacia EE.UU., en anticipación a eventuales aranceles, lo que ha distorsionado aún más el equilibrio del mercado.
Perspectivas: riesgos a la baja predominan
El banco estima que el mercado ya registraba un superávit cercano a 602.000 toneladas el año pasado, tendencia que se habría profundizado en 2026 con el aumento de la oferta y la moderación del consumo.
En este contexto, el reciente retroceso en los precios podría ser solo el inicio de una corrección más profunda. Si bien eventuales mejoras en el escenario geopolítico podrían generar repuntes puntuales, estos serían impulsados por expectativas más que por cambios estructurales en el mercado.
Para la industria minera —especialmente en países productores como Chile—, este escenario plantea desafíos relevantes, ya que una caída sostenida del cobre impacta directamente en ingresos fiscales, inversión y proyecciones de crecimiento.
El diagnóstico de Macquarie es claro: el mercado del cobre enfrenta un ajuste necesario tras un periodo de exuberancia, y los fundamentos actuales no justifican los niveles de precios observados a comienzos de año.






